Un estudio con más de un millón de participantes asoció la enfermedad por reflujo gastroesofágico con un 27% más de riesgo de sufrir un infarto (Imagen Ilustrativa Infobae)

La sensación de ardor detrás del esternón después de comer puede parecer un problema digestivo menor, pero la enfermedad por reflujo gastroesofágico, popularmente identificada como reflujo gástrico, se asocia con un riesgo más alto de infarto, según estudios. Los expertos no establecen que la acidez provoque por sí misma un ataque cardíaco, aunque plantean la necesidad de no desestimar los dolores en el pecho.

Esta sensación aparece cuando el ácido del estómago asciende al esófago, el tubo que conecta la boca con el estómago. Puede causar quemazón en el pecho, regurgitación y un sabor amargo en la boca. Suele presentarse después de las comidas, al acostarse o al inclinarse hacia adelante.

Las comidas copiosas, grasas o picantes, el café, el alcohol, las bebidas gaseosas y los cítricos pueden favorecer los síntomas. El tabaquismo y el exceso de peso también se vinculan con el reflujo. Cuando estos episodios son frecuentes o generan complicaciones, se diagnostica enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE) y conviene prestar atención a los síntomas, según los expertos.

La acidez se relaciona con un riesgo de infarto

Un estudio publicado en Journal of Gastroenterology and Hepatology reunió seis investigaciones de cohortes realizadas en Europa, Asia y Estados Unidos, con más de un millón de participantes. Tras combinar los resultados, los autores hallaron que las personas con ERGE tenían un 27% más de riesgo de sufrir un infarto agudo de miocardio que quienes no padecían esa afección.

La enfermedad por reflujo gastroesofágico provoca ardor en el pecho cuando el ácido del estómago asciende al esófago (Imagen Ilustrativa Infobae)

La conclusión requiere cautela. Las revisiones analizadas fueron observacionales, un tipo de investigación que permite detectar asociaciones, pero no determinar que una condición sea la causa de la otra. Además, los trabajos utilizaron criterios distintos para diagnosticar tanto la ERGE como el infarto y presentaron una heterogeneidad elevada, del 88%, entre sus resultados.

Una explicación posible es que ambas enfermedades comparten factores de riesgo. Fumar, beber alcohol en exceso, tener obesidad, diabetes, hipertensión o niveles altos de colesterol puede aumentar la posibilidad de desarrollar problemas cardiovasculares y, al mismo tiempo, favorecer el reflujo.

Los investigadores también señalaron que algunos pacientes con molestias atribuidas a la acidez podrían tener una enfermedad coronaria no diagnosticada. La inflamación crónica vinculada con la ERGE y ciertos mecanismos del sistema nervioso autónomo son otras hipótesis planteadas, aunque todavía requieren más estudios.

El trabajo menciona además investigaciones previas sobre los inhibidores de la bomba de protones, medicamentos que reducen la producción de ácido estomacal. Algunos análisis observaron una asociación entre su uso y eventos cardiovasculares, pero estos resultados tampoco confirman que los fármacos causen infartos. Las personas que los toman no deberían suspenderlos sin consultar con un profesional de salud.

Otros síntomas que merecen atención urgente

Las mujeres pueden presentar manifestaciones de infarto menos habituales como fatiga, náuseas y dolor en la espalda o en la mandíbula (Imagen Ilustrativa Infobae)

La acidez, la angina y un infarto pueden producir molestias parecidas en el pecho. El reflujo suele manifestarse como ardor que empeora después de comer, al acostarse o al inclinarse, y puede acompañarse de regurgitación o gusto ácido. En cambio, un problema cardíaco puede sentirse como presión, opresión, peso o dolor que se extiende hacia los brazos, la espalda, el cuello o la mandíbula.

Sin embargo, las diferencias no siempre son claras. La American Heart Association y la Mayo Clinic recomiendan buscar atención médica inmediata ante un dolor persistente en el pecho cuya causa se desconoce, en especial si aparece con falta de aire, sudor frío, náuseas, mareos, cansancio inusual o dolor en otras zonas del cuerpo.

Las mujeres pueden presentar con mayor frecuencia síntomas menos reconocibles como falta de aire, náuseas, vómitos, dolor de espalda o mandíbula y fatiga. La presencia previa de reflujo tampoco permite descartar una emergencia cardíaca.

Reducir el consumo de tabaco y alcohol, mantener un peso adecuado y consultar por síntomas digestivos recurrentes puede ayudar a controlar el reflujo y a abordar factores que también influyen en la salud cardiovascular. Ante dolor de pecho persistente o dudas sobre su origen, la recomendación es contactar de inmediato al servicio de emergencias local.