Alumnos de quinto grado del Instituto Grilli de Monte Grande diseñaron un dispositivo con micro:bit que advierte cuándo el volumen interfiere en la clase. Durante Infobae a las Nueve, explicaron cómo combinaron programación, inteligencia artificial, diseño 3D y pruebas en el aula.

El proyecto nació a partir del trabajo sobre el sonido en Ciencias Naturales y de una pregunta planteada por los propios chicos: qué efectos tiene el ruido cotidiano dentro de la escuela. El dispositivo será instalado sobre el pizarrón y utilizará distintas expresiones para advertir si el volumen supera el nivel previsto.

Durante su paso por el estudio de Infobae a las Nueve, Eloísa Nieva y Santiago Vázquez, alumnos de quinto grado, dialogaron junto a Cristian Suárez, profesor de Ciencias del Instituto Grilli, con Gonzalo Sánchez, Tatiana Schapiro, Ramón Indart y Cecilia Boufflet.

El micro:bit cambia de expresión según el volumen en el aula

Santiago y Eloísa de 10 años explicaron cómo funciona el dispositivo para detectar mucho ruido en el aula

Suárez mostró una placa micro:bit programada para medir el nivel de sonido de un espacio. “Acá tenemos un dispositivo micro:bit que permite medir el nivel de ruido de los espacios. Este particularmente está calibrado para que funcione adentro del aula”, explicó.

El docente detalló que el equipo quedará colocado en un lugar visible para todos los estudiantes. “Va a estar instalado arriba del pizarrón y está calibrado puntualmente para el aula”, señaló sobre el sistema que cambia de carita según el nivel de volumen.

En la demostración realizada en vivo, el aparato respondió de inmediato a las voces cercanas. “Cuando yo hablo directamente ya se pone una carita triste”, dijo Suárez, quien aclaró que la sensibilidad se debía a la cercanía entre el micrófono y quien hablaba.

Santiago siguió las señales que emitía el dispositivo y describió los cambios durante la entrevista. “Ahora está normal porque estamos hablando”, indicó mientras observaba la pantalla de la placa junto a Eloísa.

La idea surgió cuando las docentes de quinto grado abordaron el sonido en el área de Ciencias Naturales. Suárez contó que el espacio maker de la institución tomó ese contenido para convertirlo en una producción concreta: “Tratamos de llevar los contenidos a la acción”.

El punto de partida fue una conversación sobre las vuvuzelas que se hicieron conocidas durante el Mundial de Sudáfrica 2010. “Ahí surgió esta problemática de la contaminación sonora”, recordó el profesor sobre el intercambio que trasladó la discusión al ámbito escolar.

Los estudiantes identificaron situaciones diarias que afectan el desarrollo de una clase. “En el cole, adentro del aula charlamos mucho, gritamos mucho en el recreo”, relató Suárez al reconstruir la lluvia de ideas que impulsó el trabajo.

Santiago indicó que a veces hay tanto ruido en clase que a los alumnos les duele la cabeza

Santiago enumeró algunas de las consecuencias que asociaron al exceso de volumen. “Dolor de cabeza, molestias, nos cuesta entender”, sostuvo. Eloísa agregó: “No podés escuchar a la maestra o al profesor”.

El docente vinculó el proyecto con las horas que los chicos pasan en la institución. “A veces los chicos se van a las casas con dolores de cabeza y no lo relacionan con que están cuatro horas, a veces más, porque hay una doble escolaridad en el cole”, planteó.

El dispositivo usa una placa que ya cuenta con sensores de sonido y admite distintas programaciones. “La placa micro:bit ya existe y se puede programar para un montón de funciones”, explicó Suárez sobre la herramienta que eligieron para construir el medidor.

La escuela desarrolla una propuesta denominada Inteligencia IA H+, una sigla que refiere a Inteligencia Artificial Humanizada. “Usar la inteligencia artificial, pero con un propósito”, definió el profesor al explicar el enfoque de trabajo.

Los alumnos crearon un asistente para consultar dudas vinculadas con el proyecto. “Lo pusimos a hablar sobre el tema del micro:bit”, contó Santiago. El objetivo era recibir explicaciones adecuadas para estudiantes de primaria.

Eloísa describió cómo ajustaron la consulta para que la herramienta no respondiera con contenidos demasiado complejos. “Le tuvimos que decir: ‘Mirá, somos alumnos de quinto grado’, para que no nos ponga algo re difícil”, relató.

El colegio en Monte Grande tiene varias iniciativas científicas

El uso de inteligencia artificial no reemplazó el proceso de comprensión ni las pruebas sobre el dispositivo. “Un buen científico es aquel que hace buenas preguntas”, sostuvo Suárez al referirse al valor que le asignan a la formulación de consultas.

La primera pregunta estuvo vinculada con la posibilidad de medir el sonido en decibeles. “Micro:bit, ¿puede medir decibeles? Y nos dijo: ‘No’”, recordó el docente.

Eloísa había estudiado con su curso los umbrales de sonido y mencionó una referencia que trabajaron en clase. “Cuando algo es más de 90 decibeles, se considera ruido”, afirmó durante el intercambio sobre las escalas de medición.

El profesor explicó que el equipo utiliza una medición diferente, con valores de cero a 255. “Empecemos a jugar con esta escala y empecemos a hacer pruebas”, contó sobre el momento en que debieron modificar la programación sugerida por el asistente.

La primera configuración resultó demasiado sensible. “Habla el profesor y ya pone la cara triste”, relató Suárez. Eloísa recordó la corrección que tuvieron que realizar: “Había que ajustarlo”.

Santiago señaló que la relación con estas herramientas exige revisar sus respuestas. “Hay que tener cuidado que no te dé cosas erróneas”, advirtió, y explicó que una forma de verificar información es pedir las fuentes utilizadas.

El alumno también describió la precisión necesaria al redactar indicaciones. “Tiene que ser correcto, porque si no se le decís: ‘IA, haceme una hoja de papel voladora’, medio que no te va a entender mucho”, ejemplificó.

Para Santiago, una consulta más específica mejora la respuesta que puede entregar la herramienta. “Le tendrías que poner: ‘Haceme una imagen de una hoja que parezca que está volando’. Hay que complejizarlo”, expresó.

El trabajo no se limitó a la programación. Los alumnos diseñaron una estructura para que la placa pudiera permanecer en el aula. “Ellos armaron los bocetos en lápiz y papel del soporte, porque esto tiene que estar en el aula”, explicó Suárez.

Los alumnos de quinto grado desarrollaron el dispositivo y pronto lo exhibirán en la clase

El curso utilizó Tinkercad para trasladar los dibujos a un modelo digital. Santiago eligió esa instancia como una de las partes que más disfrutó: “Hacer los bocetos o los planos”.

La fabricación presentó dificultades desde el primer intento. “Este fue nuestro primer intento fallido”, contó Suárez al mostrar una pieza que no había quedado como esperaban tras la impresión.

Santiago explicó qué ocurrió con esa versión inicial. “Se había derretido porque se cayó”, dijo. Eloísa precisó que cambiaron la estrategia: “Lo imprimimos en partes y ahí lo empezamos a unir con la gotita”.

El curso recibió el apoyo de otro docente de la institución para completar la estructura. “Le dijimos a otro profe, que es de ajedrez, que tiene una impresora y es experimentado en eso”, relató Santiago sobre la participación del profesor Nicolás.

El espacio maker ya había incluido otros proyectos vinculados con contenidos de Ciencias. Santiago recordó un vehículo armado con materiales simples: “En cuarto habíamos hecho un autito que con un globito le pusimos y andaba solo”.

Luego, el grupo modificó esa propuesta con un motor y una hélice. “Al principio no andaba, pero luego le corregimos el centro de masa y ahí empezó a andar porque la pila era muy pesada”, recordó el alumno.

Para Eloísa, las dificultades forman parte del método de aprendizaje de ese espacio. “Es probar, probar, probar hasta que te salga”, afirmó al describir las instancias de ensayo y corrección. La alumna vinculó ese proceso con una enseñanza personal. “Que nunca me tengo que rendir. Yo me rindo muy fácil, pero...”, dijo. Santiago completó la idea con una definición breve: “Ser perseverante”.

Suárez definió el lugar de trabajo como un “laboratorio de ideas”. “Al laboratorio de Ciencias no le decimos así. Lo nombramos laboratorio de experiencias, pero experiencia de vivencial”, explicó sobre la modalidad que propone el Instituto Grilli.

Santiago ya proyecta continuar su formación en arquitectura. “Quiero ser arquitecto”, contó, y precisó que tiene previsto estudiar en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires.

Eloísa enumeró opciones que le interesan para el futuro: “Tengo muchas: cuidar caballos, ser diseñadora, pintar uñas, peluquera, todo”. El dispositivo para medir el ruido quedó listo para su instalación sobre el pizarrón del aula.

La entrevista completa de los alumnos en Infobae a las Nueve

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• De 7 a 9: Infobae al Amanecer: Nacho Giron, Luciana Rubinska y Belén Escobar.

• De 9 a 12: Infobae a las Nueve: Gonzalo Sánchez, Tatiana Schapiro, Ramón Indart y Cecilia Boufflet.

• De 12 a 15: Infobae al Mediodia: Maru Duffard, Andrei Serbin Pont, Fede Mayol y Facundo Kablan.

• De 15 a 18: Infobae a la Tarde: Manu Jove, Maia Jastreblansky y Paula Guardia Bourdin; rotan en la semana Marcos Shaw, Lara López Calvo y Tomás Trapé.

• De 18 a 21: Infobae al Regreso: Gonzalo Aziz, Diego Iglesias, Malena de los Ríos y Matías Barbería; rotan en la semana Gustavo Lazzari, Martín Tetaz y Mica Mendelevich