La ciudad de Mogi Guaçu, en Brasil, quedó impactada por la historia de María Elisabete, de 56 años, y su hija Cibele Marchis, de 28, quienes murieron de cáncer con apenas 10 horas de diferencia.
Madre e hija fueron veladas y sepultadas juntas en el Cementerio Municipal Santo Antônio, en una despedida cargada de dolor y conmoción.
Cibele murió el jueves por la tarde, mientras su madre permanecía sedada en otro hospital de la ciudad. La familia recibió la noticia de la muerte de María Elisabete a la 1:58 de la madrugada del viernes, cuando aún velaban el cuerpo de la joven.

Según contó Rowilson Leandro da Costa, sobrino de María y primo de Cibele, la madre no llegó a enterarse de la muerte de su hija. “Es realmente una cosa espantosa”, expresó.
“Ninguna de las dos quería ver morir a la otra. Incluso hablaban de ello, a veces en broma, a veces en serio, y sucedió”, sostuvo al sitio g1.

Dos mujeres muy queridas en la comunidad
Tanto María Elisabete como Cibele eran figuras conocidas en Mogi Guaçu. María, apodada “Bia” por sus allegados, trabajaba como podóloga en un salón familiar tradicional.
Cibele, por su parte, era empresaria de marketing digital y tenía una fuerte presencia en redes sociales, donde sumaba más de 11 mil seguidores.

La lucha contra la enfermedad comenzó con Cibele, quien detectó los primeros síntomas en diciembre de 2023 y fue operada por primera vez en agosto de 2024.
La joven enfrentaba un cáncer raro en las glándulas suprarrenales, pero nunca permitió que la enfermedad definiera su vida.
“Ella no quería ser conocida como la Cibele que tiene cáncer, sino como la Cibele que trabaja, se divierte y vive”, recordó su socia Eloá Righi.

El amor de madre que marcó la diferencia
El vínculo entre madre e hija fue clave en los momentos más difíciles. Bárbara Rodrigues dos Santos, esposa de Rowilson, contó que el amor de María Elisabete fue fundamental para que Cibele superara una crisis en diciembre de 2025, cuando la joven estuvo al borde de la muerte por infecciones derivadas de cirugías.
“Ella (Bia) ayunaba 24 horas pidiendo un milagro para la hija, y Dios atendió”, contó Bárbara.

Tras ese episodio, Cibele recibió el alta y decidió disfrutar la vida: viajó a la playa sin preocuparse por las marcas de la traqueotomía ni la bolsa de colostomía. “Ella quiso vivir”, resumió Bárbara.
Un diagnóstico inesperado y un final repentino
Poco después de la recuperación de Cibele, María Elisabete comenzó a sentir molestias y, creyendo que era una piedra en la vesícula, fue al médico. El diagnóstico fue devastador: cáncer agresivo de páncreas.
A diferencia de su hija, el cuadro de María se agravó rápidamente y requirió internación y morfina para calmar los dolores.

Ambas pasaron sus últimos días internadas en diferentes hospitales. Cibele llegó a visitar a su madre antes de que su salud empeorara y fuera internada nuevamente. La familia, que esperaba el desenlace de María, se sorprendió al recibir primero la noticia de la muerte de Cibele.
“Mi tío perdió a su esposa y a su hija de una sola vez. Llegar a casa y no tener a nadie más es muy triste y difícil”, lamentó Rowilson.


