Todos los jueves, entre las cinco y las siete de la tarde, en el predio APM de barrio Alta Córdoba pasa algo que hasta hace poco no existía en la provincia: veinte chicos y chicas con discapacidad motriz se calzan los botines, agarran sus andadores y salen a jugar al fútbol. No a mirarlo. No a acompañarlo desde el costado. A jugarlo.

La iniciativa se llama Walking Gol. Y detrás de ese nombre hay una idea simple y, a la vez, revolucionaria: que el deporte más popular del país deje de ser un lugar del que la discapacidad queda afuera.

Trabajar por el mundo que queremos

Dahyana Cartello es licenciada en Psicomotricidad. Hernán Panero fue futbolista profesional. Durante años imaginaron un proyecto que uniera sus dos mundos. La respuesta llegó cuando conocieron el trabajo de la Fundación Argentina de Inclusión y Deporte y una modalidad que en Córdoba todavía no tenía desarrollo: el fútbol en andadores.

«Durante mucho tiempo el fútbol —que es parte central de nuestra cultura— no tuvo un lugar real para chicos con discapacidad motriz, sobre todo para aquellos que usan algún dispositivo para efectuar la marcha», explican. «Y cuando no hay un espacio pensado, lo que sucede es la exclusión: no por falta de deseo de los chicos, sino por falta de propuestas que los incluyan».

Esa frase resume el punto de partida de Walking Gol. Y también su apuesta: construir, desde cero, el espacio que faltaba.

Más que un partido

Preguntados por lo que el deporte le aporta a estas juventudes, Cartello y Panero no dudan: «Aporta mucho más que lo físico. Aporta pertenencia, identidad y encuentro». Muchos de los chicos que hoy entrenan en Walking Gol llegaron con experiencias previas de aislamiento, de haber quedado afuera de otros espacios. El fútbol, dicen sus impulsores, les devuelve algo que no es menor: «el disfrute».

«Poder reírse, compartir, equivocarse, volver a intentar, sentirse incluido en un grupo», enumeran. Y agregan una idea que atraviesa todo el proyecto: cuando el entorno se vuelve accesible de verdad, cambia la forma en que el chico se percibe a sí mismo.

Por eso insisten en un punto que no es un detalle, sino una definición política: «El juego y el deporte no deberían ser un privilegio, sino un derecho para todos los chicos».

Familias que encontraron un lugar

La llegada de Walking Gol no pasó inadvertida para las familias. «La reacción fue, en general, de mucha emoción», cuentan los impulsores. Muchas llevaban tiempo buscando un espacio deportivo para sus hijos. Para varias, fue la primera vez que sintieron que el fútbol también podía ser un lugar posible.

Los cambios, dicen, no tardaron en aparecer. Al principio, timidez, más observación que participación. Con el correr de las semanas, otra cosa: más seguridad en el movimiento, más iniciativa para sumarse al juego, más vínculo con los compañeros. Y algo que a Cartello y Panero resaltan cuando lo cuentan: «la sonrisa, el disfrute, el deseo de volver». Jugadores y jugadoras que ya esperan el jueves. Que preguntan cuándo es el próximo encuentro. Que empezaron a sentir la cancha como propia.

Veinte inscriptos y un desafío pendiente

Hoy Walking Gol tiene veinte chicos y chicas anotados, aunque no todos pueden entrenar cada semana: el colegio y las terapias compiten con ese horario. Por eso buscan sumar un segundo día, los sábados, algo que todavía no lograron por falta de espacio y de materiales.

Para sus impulsores, llegar a veinte inscriptos en una propuesta que recién arranca «es un indicador muy positivo». Pero también identifican los obstáculos que frenan a otras familias: la novedad genera dudas, y muchas veces aparece el temor sobre si el propio hijo o hija va a poder participar. «Cuando en realidad la propuesta está pensada justamente para eso: para que cada uno encuentre su manera de estar en el juego», aclaran.

Ahí ubican una pieza clave para crecer: la visibilización. «Cuando más se muestra lo que pasa en la cancha, cuando más se comparte la experiencia, más familias pueden conocer la propuesta y animarse a acercarse».

Un modelo pensado para multiplicarse

Walking Gol es, hoy, la única escuela de su tipo en la provincia. Pero sus impulsores no quieren guardarse la experiencia para sí. «Nos entusiasma mucho» la idea de que el modelo se replique en otras localidades de Córdoba, aseguran.

Y son categóricos sobre qué hace falta para lograrlo: no es, primero, la infraestructura. «Lo primero y más importante no es la infraestructura, sino la convicción: entender que todos los chicos pueden jugar si el entorno se lo permite», sostienen. Después viene lo demás: un equipo comprometido, aunque sea pequeño; una mirada que no piense al chico desde la limitación sino desde sus posibilidades; un espacio accesible, una pelota, una cancha adaptada.

Pero hay una idea que atraviesa toda la charla y que quizás sea la más potente: «No se trata de enseñar a jugar, sino de crear condiciones para que el juego aparezca. Y cuando eso pasa, el modelo se vuelve naturalmente replicable, porque lo que se replica no es solo una actividad, sino una forma de mirar».

La cancha que sueñan

De acá a uno o dos años, Cartello y Panero se imaginan a Walking Gol como un espacio consolidado, con continuidad y una estructura que sostenga lo que hoy funciona a fuerza de esfuerzo cotidiano. Sueñan con un lugar fijo de entrenamiento, propio o estable, donde los chicos sepan que siempre hay un lugar para ellos. Con incorporar más profesionales. Con que el equipo tenga su propia indumentaria, su camiseta, algo que los represente como grupo: «Parece un detalle, pero para ellos tiene un valor enorme en términos de pertenencia».

También buscan sumar vínculos con organizaciones, sponsors y espacios públicos, para que el proyecto no dependa solo del esfuerzo personal de sus fundadores.

Pero incluso en ese futuro que imaginan, hay algo que no está dispuesto a negociarse: «Nos imaginamos creciendo sin perder la esencia: seguir siendo un espacio donde lo más importante sea que los chicos puedan jugar, encontrarse, disfrutar y sentirse parte. Porque si algo no queremos perder en el crecimiento, es justamente eso».

Walking Gol entrena los jueves de 17 a 19 hs en el predio APM (Av. Ricardo Rojas 8229). Necesitan colchonetas, botiquín de primeros auxilios y un espacio para sumar entrenamientos los sábados. También buscan voluntarios.

Contacto: Hernán 3704275232 | Dahyana 3585049021 | Instagram: @walking.gol | walkinggol2026@gmail.com

La entrada Una pelota, un andador y el derecho a jugar: la historia de Walking Gol se publicó primero en El Resaltador.