La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha anunciado el Escudo Espacial Europeo, un plan pensado para agrupar bajo un mismo paraguas las capacidades espaciales con las que ya cuenta la Unión Europea y sumar aquellas que todavía le faltan. Lo ha hecho desde el Grand Palais de París, durante la Cumbre Espacial Internacional, en el primer discurso de su mandato dedicado por completo a la política espacial.
Copernicus y Galileo
Antes de entrar en el anuncio, Von der Leyen ha repasado lo que Europa ya tiene funcionando en órbita. Ha hablado primero de Copernicus, el sistema europeo de observación de la Tierra, y ha recordado su papel durante el verano: “Mientras los equipos de emergencia de toda Europa y más allá corrían a responder a los incendios forestales, el sistema Copernicus de Europa estuvo ahí para ayudar. Nuestros satélites proporcionaron datos casi en tiempo real para rastrear los incendios y dirigir la ayuda donde se necesitaba”.
Ha añadido que ese mismo sistema ha apoyado la respuesta a las inundaciones de Nepal y que permite a los científicos seguir cada día el avance del cambio climático, desde el deshielo del Ártico hasta la selva amazónica, con datos que, según ha remarcado, son gratuitos y abiertos para todo el mundo.
Ha hablado después de Galileo, el sistema europeo de navegación por satélite, que, según sus palabras, “es usado por más de 4.500 millones de dispositivos en todo el mundo”. Guía coches y aviones, da la hora exacta que necesitan los sistemas financieros y las redes eléctricas, y ayuda a los servicios de emergencia a localizar personas. Ha anunciado que se reforzará con una nueva constelación de satélites en órbita baja.
Von der Leyen ha recuperado también la historia detrás de Galileo, propuesto hace más de 25 años, cuando algunos se preguntaban por qué Europa necesitaba su propio sistema si ya existía el GPS. Los líderes europeos de entonces, ha dicho, entendieron que hay capacidades demasiado importantes como para depender de otros. Ha sostenido que Europa se enfrenta ahora a una decisión parecida, con la economía espacial global a punto de triplicarse de aquí a 2035, de unos 630.000 millones de dólares actuales a 1,8 billones.
Tres frentes de trabajo para no perder terreno en el espacio
Para no perder terreno, ha planteado tres frentes de trabajo. El primero pasa por actuar como una sola Europa, uniendo a la Comisión, la Agencia Espacial Europea y los gobiernos nacionales para generar una demanda conjunta que sirva de sostén a lanzadores como Ariane 6 y Vega-C; ha puesto como ejemplo que ese mismo fin de semana una empresa alemana, con 10 millones de euros del Consejo Europeo de Innovación, ha lanzado el primer cohete comercial al espacio desde suelo continental europeo.
El segundo consiste en invertir a gran escala, con el fondo Cassini, que moviliza 2.000 millones de euros en capital de riesgo para empresas espaciales europeas; el nuevo fondo Scaleup Europe, de 5.000 millones; y una propuesta de 131.000 millones de euros para defensa, seguridad y espacio en el próximo presupuesto plurianual.
El tercero busca convertir el tamaño del mercado europeo en ventaja, con un mercado único de comunicaciones por satélite, la nueva Ley Espacial de la Unión Europea y cambios en las normas de fusiones que permitan operaciones como la que preparan Airbus, Thales y Leonardo bajo el nombre de Bromo.
El Escudo Espacial responderá a interferencias, ciberataques y a la guerra en Ucrania
Sobre seguridad, ha mencionado las interferencias en señales de navegación, los ciberataques a redes satelitales y el papel de los satélites en la guerra de Rusia contra Ucrania. Ha anunciado la ampliación de IRIS2, la constelación de comunicaciones seguras, a más de 350 satélites, con primeros lanzamientos desde 2029, y ha presentado el Escudo Espacial como la pieza que reunirá vigilancia orbital, defensas contra interferencias y respuesta conjunta ante amenazas, con el argumento de que ningún país puede levantar esas capacidades por su cuenta.



