Un estudio de la Universidad de Otago observó durante 4 semanas que cisnes negros y gaviotas dedicaron más tiempo al acicalamiento en zonas geotérmicas de Rotorua, Nueva Zelanda, donde hay vapor y gases ricos en azufre.
La investigación publicada en la revista Ornithology registró el comportamiento de las aves y plantea que esos entornos podrían ayudarles a enfrentar parásitos o agentes que causan enfermedades.
Según el artículo divulgado en Earth.com, el análisis reunió 334 observaciones durante casi 48 horas y comparó lugares con actividad geotérmica —manantiales calientes, pozas de barro en ebullición y respiraderos de vapor— con áreas cercanas sin esas condiciones.
El interés surgió en la Antártida

La profesora Ceridwen Fraser, de la Universidad de Otago, se interesó por esta posibilidad tras observar en la Antártida a especies adaptadas al frío que permanecían cerca de emisiones volcánicas.
“Me pareció extraño, ya que son especies adaptadas al frío que no deberían querer estar en una sauna”, afirmó la profesora. Por lo que consideró que el calor quizá no era el único atractivo.
“Me preguntaba si estarían utilizando el vapor sulfuroso con fines medicinales, ya que el azufre es un potente insecticida y fungicida que los agricultores suelen usar para tratar parásitos e infecciones fúngicas en animales y plantas”, explicó.

El acicalamiento consiste en limpiar y ordenar las plumas con el pico. Además de conservar el plumaje, esa conducta puede retirar organismos externos, como piojos y ácaros.
Los cisnes negros mostraron la diferencia más marcada entre ambos hábitats: se acicalaron durante más tiempo en los sectores geotérmicos. Las gaviotas de lomo negro también incrementaron esa actividad allí.
Cómo se observó a las aves
El análisis incluyó cisnes negros, gaviotas de lomo negro, gansos canadienses, pūkeko y 2 especies estrechamente relacionadas de gaviotas, consideradas como un solo grupo.

Cada ejemplar fue observado durante un máximo de 10 minutos, con registros de rascado, baño, descanso, alimentación, natación y desplazamiento.
Los científicos prestaron atención a una conducta llamada acicalamiento con agua: el ave sumerge el pico antes de recorrer sus plumas.
El fenómeno podría facilitar el contacto entre el plumaje y el agua geotérmica. Sin embargo, solo se registraron 22 episodios de este tipo en toda la muestra, una cantidad que requiere nuevos estudios para extraer conclusiones firmes.

Los gansos canadienses y los pūkeko no mostraron el mismo patrón de limpieza que cisnes y gaviotas. Esto indica que la actividad termal no afecta de igual forma a todas las especies.
A la vez, los sitios no cumplían una única función: los cisnes negros buscaron alimento con más frecuencia fuera de esas zonas, posiblemente por la presencia de más plantas acuáticas, mientras que las gaviotas consumieron invertebrados y larvas de insectos en charcos cálidos.
La hipótesis requiere pruebas directas sobre los animales
Rani Cousens, autora principal del trabajo y estudiante de la Universidad de Otago, planteó que el movimiento de las plumas podría ayudar a que los gases ricos en azufre penetren en el plumaje. Sin embargo, el estudio no demostró que ese proceso ocurra.
La principal limitación fue que no se midió la cantidad de parásitos presentes en las aves, tampoco se analizaron los niveles de azufre sobre sus plumas ni se verificó si la exposición a los gases reducía esos organismos externos.

Un mayor acicalamiento puede vincularse con su eliminación, pero también con el cuidado habitual del plumaje, irritación de la piel o distintas formas de usar el hábitat.
“Aun así, esta es una prueba fascinante de que las aves sí utilizan estas zonas, y parece que las usan para acicalarse”, señaló Fraser. La investigadora añadió: “Si la fauna silvestre también utiliza esas zonas para su salud, es una similitud interesante”.
El siguiente paso será comparar la carga de parásitos entre ejemplares de hábitats geotérmicos y no geotérmicos, además de evaluar si la exposición reduce esos organismos.

