La botella quedó fuera del bolsillo de muchos hogares y la salida pasó a ser un pomo pequeño que apenas alcanza para preparar arroz o darle sabor a un picadillo. (Imagen de cortesía)

En Santiago de Cuba, el aceite se convirtió en un bien que muchas familias compran por onzas para poder cocinar, después de que una botella de un litro llegara a 5.500 pesos cubanos (CUP), equivalentes a USD 8,01, y quedara fuera del alcance de buena parte de los hogares, en un mercado donde los topes oficiales no redujeron el precio y empujaron la venta hacia la calle.

Los envases fraccionados son hoy la salida más extendida: un pomo de ocho onzas, menos de 240 mililitros, cuesta 700 CUP, al rededor de USD 1,02, y uno de cuatro onzas, menos de 120 mililitros, se paga a 350 CUP, alrededor de USD 0,51. Las botellas de 900 mililitros y un litro, vendidas a 4.500 CUP, unos USD 6,55, y 5.500 CUP, unos USD 8,01, equivalen a más del 70% del salario promedio del país.

Anaisa, maestra de primaria, resume la rutina en una frase: “Vivir solo para malcomer”. Según el texto difundido por Diario de Cuba, sus mañanas empiezan con pan comprado a vendedores callejeros y apenas “unas goticas de aceite” para acompañarlo.

“Me levanto y me acuesto pensando en la comida, en cómo comprarla y cocinarla, esto es un sin vivir. Hago maravillas con el pomito de aceite de ocho onzas, que es el que puedo comprar. Lo uso como un sazonador porque le echo dientes de ajo y así me ahorro el sofrito”, contó.

El aceite desapareció de muchos comercios formales y pasó a venderse por porciones

En la ciudad, los vendedores callejeros son casi los únicos que están ofreciendo aceite. La ausencia del producto en las MIPYMES santiagueras, de acuerdo con la publicación, no responde a un tope de precios del gobierno municipal, aunque en el vecino municipio de San Luis sí rige oficialmente un límite de 2,500 pesos cubanos (CUP), equivalentes a unos USD 3.64.

Los topes oficiales no lograron abaratar el producto y ahora muchos vecinos dependen de revendedores que lo dividen según el dinero disponible de cada familia. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En la ciudad, los vendedores callejeros son casi los únicos que están ofreciendo aceite. La ausencia del producto en las MIPYMES santiagueras, de acuerdo con la publicación, no responde a un tope de precios del gobierno municipal, aunque en el vecino municipio de San Luis sí rige oficialmente un límite de 2,500 pesos cubanos (CUP), equivalentes a unos USD 3.64.

El resultado, según los testimonios recogidos, fue el contrario al buscado por las autoridades: el aceite no bajó, pasó a venderse de forma clandestina y se encareció por el riesgo adicional que asumen quienes lo revenden en la calle. La ventaja de esos vendedores, frente a los comercios establecidos, es que pueden dividir el producto según el dinero disponible de cada comprador.

Joel, que vende aceite en el barrio de Los Pinos, describió cómo funciona la cadena. “El aceite se consigue en las MIPYMES mayoristas, pero hay que comprar el contenedor entero. Cómo no tenemos todo ese dinero, lo que hacemos es reunir compradores hasta que se completa el precio del contenedor”, explicó.

“Entonces, pagamos, el dueño lo abre y cada cual se lleva su parte. Cuando haces la cuenta, una botella de aceite sale a entre 4,500 unos USD 6.55 y 5,000 pesos cubanos (CUP), unos USD 7.28, no puedes venderla en 2.500. Además, hay una cadena: el que compra el aceite pone un precio, y los que venden en la calle también necesitan ganar, por eso una botella está tan cara. Mientras suba el dólar, sube el aceite, porque ese mayorista compra el dólar a precio de la calle”, añadió.

Una joven cubana mostró en redes sociales que su desayuno en Cuba consistió en pan racionado, aceite, azúcar y agua endulzada. (Foto cortesía redes sociales)

Los hogares compran lo mínimo para resolver una o dos comidas

La venta en pomos reciclados, incluso de productos médicos, se volvió el recurso que permite a muchos cubanos seguir cocinando. El dato central es simple: la mayoría ya no compra una botella, compra la cantidad mínima que le permita preparar arroz o darle algo de sabor a un picadillo.

Alicia, ama de casa, dijo que “casi todos compran los pomitos”, sobre todo los de 350 pesos. “Casi nadie compra una botella porque todos los días hay que comprar una libra de arroz, o de viandas o un picadillo para completar una comida”, señaló.

La mujer recordó que hace pocos días una MIPYME ofreció botellas de 900 mililitros a 3.800 pesos y “volaron”. Su impresión es que las adquirieron revendedores. “Yo compro mis cuatro onzas de aceite cada dos días; le echo un poquito al agua del arroz y otro poquito al picadillo, y así voy tirando y estoy comiendo con aceite”, relató.

En los barrios más pobres de Santiago de Cuba, como Chicharrones y Nuevo Vista Alegre, la compra por onzas no empezó ahora. Ariana, vecina de este último barrio, contó al medio que la práctica lleva meses instalada y que antes ya era una respuesta a la insuficiencia de la libreta de racionamiento.

Una botella con la etiqueta Aceite de Cuba reposa sobre una mesa de madera en un patio de arquitectura tradicional. (Imagen Ilustrativa Infobae)

“La media libra de aceite por persona de la libreta nunca alcanzó, y aquí en el barrio, cuando se te acababa, comprabas el aceite por onzas que medían con un biberón, y podías hasta comprar fiado”, recordó. “La diferencia es que el poquito que comprábamos era para una comida, ahora ese mismo poquito cuesta el triple, hay que ahorrarlo para dos o tres días y tienes que pagarlo al momento”.

Para Joel, la venta informal también implica exposición. “Cada día salgo con dos jabas, la de ganar y la de perder. Pongo mi mesita y los pomitos de aceite, y el gobierno sabe de la venta de aceite informal, pero también sabe que somos la válvula de escape porque las MIPYMES no lo están vendiendo”.

El vendedor añadió que, si les decomisan la mercancía, “se acaba el aceite en la ciudad”. También afirmó que no hay aceite en las tiendas en dólares, que están vacías.