
El enfermero Luis Alberto Talarita fue asesinado en marzo de 2012, en Junín. Dos años más tarde, por el homicidio fueron condenados, a penas de entre 13 y 16 años, Maximiliano Burgio García, Gerardo Miranda y Matías Espinoza. El primero de ellos recibió la sanción más alta, que se vence en agosto de 2027.
Sin embargo, el homicida no es noticia por su inminente salida de prisión, sino por una denuncia por amenazas a la familia de la víctima. La investigación de la División de Investigaciones de Delitos Informáticos de Junín, en articulación con la UFI N° 6 y el Servicio Penitenciario Bonaerense, derivó en un allanamiento a la celda de Burgio en la Unidad Penitenciaria N° 16, ubicada en el kilómetro 162 de la Ruta Nacional N° 188.
Los agentes secuestraron un celular desde el que el recluso habría enviado los audios intimidatorios. De acuerdo a las fuentes, se presentó como Oscar y dijo: “Decime donde está tu papá, porque voy a ir por vos y tu mamá”.

Las fuentes indicaron que el denunciante, en un principio, vinculó las amenazas al entorno de su padre, de quien se encuentra distanciado. De acuerdo a las fuentes, el hombre, apodado “Cocoliche”, tiene antecedentes y está relacionado al ámbito delictivo local.
Pero, tras la denuncia y mediante el análisis de tráfico telefónico, geolocalización de antenas y cruce de bases de datos, los detectives lograron establecer un vínculo entre la línea utilizada y Burgio, quien fue detenido y notificado de una nueva causa por amenazas agravadas. En tanto, el dispositivo incautado será sometido a una pericia informática, indicaron fuentes del caso a Infobae.
La Secretaría de Seguridad de la Municipalidad de Junín destacó el trabajo articulado entre las distintas fuerzas y remarcó la importancia de denunciar amenazas e intimidaciones de manera inmediata. Al mismo tiempo, recomendó a las víctimas conservar las capturas de pantalla, audios y mensajes recibidos, evitar responder o interactuar con los remitentes de este tipo de comunicaciones.
El caso
El homicidio de Luis Talarita ocurrió entre la noche del 18 y la madrugada del 19 de marzo de 2012, en la vivienda que la víctima ocupaba en la calle Paraguay, en Junín. El caso llegó a juicio oral con tres acusados: Matías Espinoza, Maximiliano Burgio y Gerardo Miranda.
La investigación reconstruyó las circunstancias del crimen y llevó a que los tres fueran imputados por su participación. Talarita fue víctima de un brutal asesinato. Mediante el uso de un elemento contundente y un arma blanca le provocaron un severo traumatismo cráneo encefálico con fracturas -hundimiento de escama del temporal izquierdo y fractura en bisagra de base de cráneo, hematoma subdural localizado en región biparietal, como así también distintas lesiones cortantes en zona anterior de cuello, tórax y lateral de hemitorax izquierdo, todas de carácter vital y simultáneas que le provocaron un shock hipovolémico, edema de pulmón agudo, que culminó con la muerte de la víctima por un paro cardiorespiratorio de origen traumático.

Los homicidas se apoderaron de una computadora portátil, dos celulares y un portarretrato. El hecho tuvo impacto en la ciudad y quedó incorporado entre los antecedentes policiales más relevantes de aquel período.
La investigación halló ADN de los implicados en la escena. Y, en el caso de Burgio, los detectives determinaron que colocó el chip de su línea en el celular de la víctima y que intentó vender su notebook.
Fue condenado por homicidio simple y hurto simple. Recibó la condena más alta porque ya había estado preso antes de matar al enfermero.



