Las fugas desde Corea del Norte hacia Corea del Sur cayeron a mínimos históricos, en un contexto de mayor control fronterizo y aislamiento del exterior impulsado por el líder Kim Jong Un, con apenas 63 llegadas registradas en el primer semestre de 2026, más de un tercio menos que en el mismo período de 2025.
El número total de norcoreanos que llegaron a Corea del Sur durante los últimos seis años es inferior al de quienes abandonaban el país cada año durante décadas. Los expertos atribuyen la reducción a las medidas adoptadas por Pyongyang para impedir las salidas y limitar el acceso de la población a información procedente del exterior.
“Según tengo entendido, actualmente es imposible traer a familiares directamente desde Corea del Norte”, declaró a la AFP Chae Yoon-seo, de 29 años, quien escapó del país en 2019. Chae cruzó de noche a nado un río hacia China con la ayuda de un contrabandista y después pasó por Laos, Vietnam y Tailandia antes de volar finalmente hacia Corea del Sur.
Las deserciones hacia el Sur alcanzaron un máximo de más de 2.900 personas en 2009 y permanecieron por encima de las 1.000 anuales durante la década siguiente. La cifra se redujo de forma drástica durante la pandemia de Covid, cuando distintos países cerraron sus fronteras, aunque los expertos señalan que el endurecimiento del control norcoreano comenzó años antes.
Tras asumir el poder en 2011, el dictador Kim Jong Un restringió el comercio informal y los vínculos migratorios en la frontera con China, de unos 1.415 kilómetros. Esa zona había sido una vía de salida para la mayoría de los desertores y también una fuente de actividad económica para la población norcoreana.
La frontera china era considerada relativamente porosa frente a la Zona Desmilitarizada (DMZ), que separa de facto a las dos Coreas y cuenta con minas, vallas y vigilancia. Con el paso de los años, las autoridades norcoreanas instalaron vallas, cámaras y franjas de arena destinadas a conservar las huellas de quienes intentaran cruzar.
“Los norcoreanos construyeron un auténtico sistema de seguridad fronteriza al estilo soviético”, afirmó Andrei Lankov, experto en Corea del Norte de la Universidad Kookmin de Seúl.
Lankov también señaló el papel de China en el endurecimiento de los controles. Según el experto, Beijing prefiere preservar el statu quo de la dinastía Kim y evitar la inestabilidad que podrían provocar los desertores o sus partidarios.
Rachel Minyoung Lee, investigadora principal del programa 38 North del Centro Stimson, señaló que China habría instalado cientos de cámaras de reconocimiento facial. También indicó que Beijing desplegó más patrulleras y construyó instalaciones de deportación nuevas o planificadas en su frontera noreste.
Desde 1998, unos 34.500 norcoreanos llegaron a Corea del Sur, según cifras de la ONU. La cifra representa una pequeña parte de los 26,6 millones de habitantes de Corea del Norte, pero la reducción de las fugas también limita una de las principales fuentes de información sobre la situación dentro del país.
“Los desertores son la principal fuente de información sobre Corea del Norte”, afirmó Fyodor Tertitsky, profesor de la Universidad de Corea en Seúl, quien explicó que los servicios de inteligencia surcoreanos y los investigadores los interrogan.
A pesar de las restricciones, algunas personas todavía consiguen abandonar el país. Gyuri Kang escapó en 2023 junto a su madre y su tía en una embarcación que cruzó la frontera marítima hacia Corea del Sur, una ruta considerada extremadamente poco habitual. Su caso fue calificado de “milagro” durante una audiencia de la ONU.
Kang también relató el impacto de los medios de comunicación extranjeros, en particular de los dramas surcoreanos introducidos de contrabando en memorias USB. Los describió como “tan refrescantes y más creíbles que la propaganda estatal de Corea del Norte”.
“Las autoridades norcoreanas son muy conscientes del impacto de los medios de comunicación extranjeros”, afirmó.
En 2020, Corea del Norte convirtió la posesión de medios extranjeros en un delito castigado con años de trabajos forzados y posibles penas de muerte para quienes los distribuyan a gran escala, según Amnistía Internacional.
Para Lankov, la información procedente del exterior constituye una amenaza para la continuidad del liderazgo norcoreano. “Si permiten que su gente interactúe con el mundo exterior, es muy probable que sean derrocados, y tal vez asesinados o forzados al exilio”, afirmó.
Chae expresó su preocupación por la posibilidad de que la situación de los norcoreanos quede fuera de la atención internacional. “En la actualidad, existen muchas reacciones cínicas respecto a la ayuda a otros países, por lo que me preocupa un poco que algún día el interés por los derechos humanos en Corea del Norte también se desvanezca”, añadió.
(Con información de AFP)


