Con los datos de pobreza conocidos estos últimos días, los varios indicadores difundidos en estas semanas que confirman que la actividad no repunta, y que el crecimiento acumulado en el año será poco más o menos que el arrastre estadístico del 2025, la imagen del presidente no tiene mucho viento a favor como para recuperar el crédito perdido antes la opinión pública. Y luce difícil también que caiga el riesgo país, que subió desde mediados de este año por muchos motivos, pero uno que no puede ignorarse es que la reelección ya no parece tan segura como antes.

Todo eso es cierto, pero cabe hacerse dos preguntas para matizar la cuestión. La primera: ¿cuál sería el riesgo país si los mercados pensaran seriamente que Kicillof puede ser el próximo presidente?

En septiembre del año pasado se hicieron una idea aproximada: tras la amplia victoria del peronismo bonaerense se pronosticó que Milei caería derrotado también en las nacionales de octubre, no podría entonces sostenerse mucho más en el poder, o al menos no manteniendo en pie su programa de estabilización. El índice llegó entonces a 1450.

Comparado con eso, los máximos de estos días, en torno a 600 puntos, siguen siendo llamativamente bajos. E indican que, aunque se ve a Milei más complicado, se ve también que Kicillof sigue corriendo de atrás, no mejora en las encuestas, ni luce más presidenciable que en el pasado. Encima, no hace mucho por mejorar: sigue apostando a que un colapso lo deposite por arte de magia en la Presidencia.

El peronismo asumió que ganaría las elecciones legislativas tras su victoria de medio término. (Foto: Bloomberg)
El peronismo asumió que ganaría las elecciones legislativas tras su victoria de medio término. (Foto: Bloomberg)

Que Kicillof confía no solo en tener un vientito a favor, sino un vendaval, fue lo único que dejó bien en claro, en medio de toda la palabrería que desparramó, durante su reciente visita a Nueva York. A pesar de los magníficos escenarios que le ofrecieron los bancos, los inversores y los propios Mamdani y Pedro Sánchez, para decir algo más interesante: la única idea que transmitió fue que Argentina ya vive una catástrofe, que esa catástrofe mileista solo puede empeorar, y que él se ofrece para juntar los pedazos.

Si le creyeran, ¿no debería el riesgo país de esta semana haber estado más cerca del de un año atrás? No pasó.

Lo que nos lleva a la segunda pregunta. Milei perdió en el curso de este año entre 10 y 15 puntos de imagen positiva, y ronda el 30 y pico, pero ¿a cuánto caería esa imagen si el peronismo en pleno, o al menos figuras relevantes de esa fuerza, como Kicillof, estuvieran diciendo algo parecido a lo que planteó Aníbal Fernández una sola vez meses atrás, y no lo dejaron explicar ni repetir: que hay que mantener lo esencial del rumbo económico, para respetar el sacrificio hecho por los argentinos por la estabilidad? Probablemente el presidente perforaría al día siguiente el piso de los 30 puntos.

Entonces sí las chances de reelección caerían significativamente. Y tal vez el riesgo país bajaría en vez de subir.

El gobernador afirmó que Argentina vive una catástrofe durante una reunión en Nueva York. (Foto: X @kicillofok)
El gobernador afirmó que Argentina vive una catástrofe durante una reunión en Nueva York. (Foto: X @kicillofok)

¿Por qué las palabras de Aníbal en cambio no produjeron ningún efecto, ni en un terreno ni en el otro, ni a favor ni en contra? Porque a la moderación peronista pocos le dan alguna chance. Y los que menos chance le dan son su “candidato natural”, la gente que lo rodea y los que no lo acompañan pero se resignan y callan.

No es de asombrarse que sea así. Dado que Cristina devaluó por completo la “carta del moderado”, en varios turnos electorales en que la usó para defraudar a quienes la compraron. Y porque ni de ese sector, ni de otro que tenga base suficiente, parece que pueda surgir alguien como Chacho Álvarez, con su atractivo y credenciales, que plantee, como hizo el jefe del Frepaso en 1994, que “se arrepiente de no haber votado la Convertibilidad” (ahora sería “la ley Bases”), para transmitir lo que intentó Aníbal, un gesto de respeto al esfuerzo estabilizador.

En lugar de eso, el peronismo está hoy atrapado en la lógica de la polarización y en la apuesta por la irreductibilidad de la inflación. Cartas que el kirchnerismo usó con gran provecho durante años, pero al menos desde 2023 le vienen jugando en contra.

Y es Milei el que saca provecho de ellas. Al que, desde hace un tiempo, se suma también otro actor polarizante: Myriam Bregman.

Kicillof cumplió una agenda de reuniones con inversores extranjeros en Nueva York. (Foto: Provincia de Buenos Aires)
Kicillof cumplió una agenda de reuniones con inversores extranjeros en Nueva York. (Foto: Provincia de Buenos Aires)

Bregman ha venido replicando el camino de Lali, la víctima modélica de la brutalidad mileista, y reclamando al peronismo que cumpla lo que promete. Que si no cree que la moneda, los mercados, el capitalismo en suma, tenga futuro alguno en este país, su anticapitalismo no sea solo de la boca para afuera, no actúe como un progre de Palermo que despotrica sin hacerse cargo de sus palabras, y honre su compromiso con los sumergidos y olvidados.

Tan lejos está dispuesta a ir en este camino, que se da el lujo también de ir a fondo contra la Justicia y por la rehabilitación de Cristina: no se cansa de acusar a Kicillof por la “soledad” en que él y muchos otros peronistas supuestamente han dejado a la ex presidenta, mientras se disputan los pedazos de su herencia. A lo que contribuyen también Cristina y La Cámpora cada vez que denuncian a los “traidores”.

¿Podrá Kicillof recuperar el voto de izquierda que está perdiendo por ese lado, y al mismo tiempo seducir a al menos parte del centro que sigue mirándolo con desconfianza? Parece atrapado en una situación similar a la que sufrió Larreta entre 2022 y 2023: si gira al centro pierde apoyos de su polo más extremo, si se radicaliza pierde apoyos de centro, si no hace nada, su suerte termina dependiendo de que nadie le haga sombra y de que el gobierno se hunda sin remedio. Como encima el bonaerense es muy desconfiado, se apoya solo en un pequeño círculo, no se anima a abandonar la indefinición con que encara casi todos los asuntos, y que imagina le va a permitir flotar hasta que llegue el tsunami que sepultará a su enemigo y lo catapultará a él al poder.

Myriam Bregman apunta contra Kicillof por su interna con Cristina Kirchner. (Foto: AFP)
Myriam Bregman apunta contra Kicillof por su interna con Cristina Kirchner. (Foto: AFP)

Y claro, si esto sucediera, y el programa oficial colapsara, todos sus problemas se resolverían, o al menos pasarían a segundo plano. Con lo que se revela una verdad inquietante: todo su armado se vuelve cada vez más “colapso dependiente”.

Lo que nos lleva de nuevo a la relación con el trotskismo. Éste y el kirchnerismo son como Dr. Jekyll y Mr.Hyde: han ido de la mano ya por un buen tiempo, se recelan y combaten, pero se necesitan cada vez más. Ahora Hyde le reclama a Jekyll que se anime a hacer todo lo que prometió y además de despotricar, actúe. Cosa que obviamente este no piensa hacer, porque juega con el caos pero no quiere que el incendio se le descontrole. Así que trata de demorar lo más posible la hora de la verdad, que teme será trágica. Y una de dos: o lo es para él, o lo es para el país entero.