Pablo Duer

Islas Malvinas, 22 sep (EFE).- La alianza pesquera forjada durante cuatro décadas entre empresas españolas y de las islas Malvinas, clave para el desarrollo de la principal industria del archipiélago, afronta ahora un doble desafío: una persistente escasez de calamar y la renovada presión argentina contra el Reino Unido en su disputa de soberanía.

Hasta mediados de la década de 1980, la economía isleña dependía en gran medida de la ganadería ovina y la exportación de lana, pero el desarrollo de la pesca desde 1986 -cuatro años después de la guerra entre Argentina y el Reino Unido- transformó su estructura productiva y multiplicó los ingresos.

Cuatro décadas después, el sector representa cerca del 60 % del producto interior bruto (PIB) y constituye una de las principales fuentes de ingresos públicos, además de alimentar otros rubros como transporte, logística, servicios portuarios y alojamiento.

Sin tradición pesquera propia, las empresas malvinenses buscaron socios extranjeros y España adquirió un papel central, sobre todo en la captura del calamar, mediante la creación de sociedades que combinaron los derechos de pesca y el conocimiento local con el capital, los barcos y la experiencia de los españoles.

Buena parte de esa integración tiene su epicentro en Galicia: allí se han construido muchos buques, empresas españolas participan en su gestión y Vigo funciona como puerta de entrada para la mayor parte del calamar, que luego se dirige a otros mercados europeos, como Italia, Grecia y Croacia, según fuentes del sector consultadas por EFE.

La cooperación ha incluido una creciente transferencia de conocimiento y generado vínculos que la directora ejecutiva del Gobierno de Malvinas, Andrea Clausen, describe como "prácticamente familiares".

Esos vínculos podrían verse afectados ahora por la renovada reivindicación argentina de la soberanía, que en las últimas semanas se ha materializado en sanciones y denuncias judiciales contra empresas que operan en el archipiélago.

Si bien esas medidas se han enfocado en el sector petrolero, el presidente Javier Milei envió el pasado 17 de septiembre al Congreso un proyecto de ley para ampliar las sanciones por explotar recursos naturales en las Malvinas sin autorización argentina, con multas, inhabilitaciones y posibles cancelaciones de permisos para operar en el país suramericano.

Las eventuales consecuencias preocupan al sector, que por ahora no percibe señales de que las empresas españolas estén reconsiderando sus negocios en las islas.

"Cualquier cosa que potencialmente haga más difícil los negocios es una preocupación", reconoció a EFE John Barton, presidente de la Asociación de Empresas Pesqueras de las Islas Malvinas (FIFCA, por sus siglas en inglés), quien, al mismo tiempo, destacó la solidez de los acuerdos comerciales existentes.

Clausen recordó que desde hace al menos veinte años se convive con las restricciones argentinas y que durante ese tiempo las empresas se han adaptado para continuar con su actividad.

Consultada por EFE sobre qué ocurriría si las empresas extranjeras se vieran obligadas a elegir entre operar en Argentina o en las Malvinas, respondió que dependería de cada compañía y de los acuerdos existentes: "Si creen que están en riesgo, tendrán que tomar una decisión".

Otro foco de preocupación está en el mar: la segunda temporada de pesca del cefalópodo -de finales de julio a inicios de octubre- acumula cuatro años de resultados irregulares y 2026 cerró tras apenas 17 días de actividad, frente a un máximo habitual de 64.

Este año se capturaron 5.000 toneladas, muy por debajo de las 28.000 de promedio de las últimas temporadas, una merma que Barton calificó de "dramática" y que golpea a las compañías españolas.

Las causas están bajo estudio. Entre las hipótesis que manejan los especialistas aparecen cambios en las condiciones ambientales y las corrientes, una mayor presencia de merluza -depredadora del calamar- y el aumento de la capacidad y eficiencia de la propia flota, explicó a EFE James Wilson, director de Recursos Naturales del Gobierno isleño.

Las menores capturas de 'loligo' (calamar común) pueden impactar en las cuentas públicas de una economía muy dependiente, por eso se debate la diversificación y se plantean el desarrollo de la salmonicultura a gran escala, algo que ha generado polémica, mientras crece la expectativa por el futuro petrolero.

El presidente de la Cámara de Comercio malvinense, Lee Martin, advirtió de que los ingresos por explotación petrolero todavía no existen y que una reducción prolongada de los procedentes de la pesca podría afectar servicios que hoy financia la administración, como la salud o la formación universitaria en el Reino Unido.

"Hasta que salga el primer barril de petróleo, cualquier cosa puede pasar", dijo Martin, para quien una caída sostenida de los ingresos pesqueros tendría "un impacto enorme".

El petróleo también plantea desafíos para la pesca, sobre todo por la competencia por trabajadores, maquinaria y servicios en una economía de apenas 3.600 habitantes, además del riesgo de impactos ambientales.

A ello se suma el brexit, que encareció el acceso al mercado europeo al dejar las capturas de buques con bandera malvinense sujetas a aranceles, aunque sin comprometer la viabilidad del sector.

Tras cuatro décadas de crecimiento, el sector afronta un escenario marcado por nuevos desafíos biológicos, políticos y económicos. Clausen confía, sin embargo, en su capacidad para adaptarse, como ya lo ha hecho ante cambios anteriores: "Los negocios encontrarán una solución de una manera u otra". EFE

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