Después de que dos estudios, LatAm-FINGERS y U.S. POINTER demostraron que una intervención estructurada sobre el estilo de vida puede generar mejoras cognitivas, investigadores, profesionales de la salud y referentes de sistemas sanitarios de todo el mundo se reunieron en Buenos Aires para abordar el siguiente desafío: cómo transformar esa evidencia en programas sostenibles, integrarlos a los sistemas de salud y lograr que puedan llegar a la mayor cantidad de personas posible.
Este fue el principal eje de la segunda jornada de Brain Health and Cognition in Latin America, el encuentro organizado por Alzheimer’s Association en alianza con World Dementia Council. Durante el primer día la conversación se centró en cómo adaptar intervenciones basadas en evidencia a diferentes comunidades, mientras que en la segunda jornada se puso el foco en cómo llevar esas experiencias a la sociedad en general, incorporarlas a los sistemas de salud y generar las condiciones necesarias para sostenerlas en el tiempo.

La discusión abordó algunos de los principales desafíos que aparecen al pasar de un ensayo clínico a una política o programa de salud: financiamiento sostenible, integración con la atención primaria, medición de resultados, articulación entre distintos sectores y participación de la sociedad civil y María C. Carrillo, directora científica y responsable de asuntos médicos de Alzheimer’s Association, destacó que esta etapa también requiere producir nueva evidencia. “Para nosotros, la ciencia de la implementación consiste en demostrar cómo podemos implementar este tipo de programas y luego medir su impacto, porque eso es lo que busca un programa de salud pública o un sistema hospitalario”, afirmó.
En ese sentido, Gustavo Sevlever, de FLENI, planteó que el desafío es avanzar desde iniciativas que dependen de líderes individuales hacia estructuras permanentes capaces de sostener las intervenciones en el tiempo. “Los campeones se retiran, los presupuestos fluctúan, los proyectos se terminan: tenemos que ir al sistema. El sistema permanece”, sostuvo Sevlever destacó además que no se trata necesariamente de crear nuevas intervenciones, sino de articular recursos y capacidades que ya existen en áreas como salud, educación, nutrición y actividad física. “Lo que nos falta no es invención, sino ensamblar las cosas que ya existen. No podemos escalar lo que no podemos medir”, afirmó.
Puntos centrales del encuentro
Uno de los puntos centrales de la segunda jornada del encuentro fue que los expertos consideran que la investigación sobre implementación en el mundo real constituye la próxima frontera para transformar intervenciones prometedoras en soluciones de salud sostenibles. Los especialistas coincidieron en la oportunidad de generar evidencia sobre cómo funcionan las intervenciones en comunidades reales, evaluar sus costos y beneficios y construir modelos que puedan sostenerse más allá de proyectos piloto o fuentes temporales de financiamiento.
También se amplió la discusión hacia otro desafío: cómo lograr que la evidencia científica se traduzca en información capaz de llegar a la sociedad y ocupar un lugar en la agenda pública. Representantes de organizaciones de la sociedad civil y especialistas coincidieron en que los datos científicos son indispensables, pero que su impacto también depende de la capacidad de comunicarlos de manera clara, accesible y vinculada con las experiencias de las personas.

Las conversaciones de los dos días dejaron planteado así el próximo desafío para la salud cerebral en América Latina: transformar un cuerpo de evidencia científica cada vez más sólido en intervenciones que puedan integrarse a los sistemas de salud, medirse, sostenerse en el tiempo y alcanzar a comunidades con diferentes realidades sociales, culturales y económicas.
La primera jornada
Dos meses después de que el estudio LatAm-FINGERS demostrara que una intervención estructurada sobre el estilo de vida puede generar mejoras cognitivas un 55% superiores a las recomendaciones generales de salud, los participantes del evento se reunieron con el desafío acerca de cómo transformar esa evidencia en programas concretos que puedan implementarse en diferentes comunidades de la región y llegar a la mayor cantidad de personas posible.
En esta jornada se reunieron los resultados de dos de los principales estudios sobre intervenciones multidominio para la salud cerebral y Rachel Whitmer, de UC Davis, presentó los resultados de U.S. POINTER, realizado en 2.111 adultos de entre 60 y 79 años. El estudio mostró que el grupo que recibió una intervención estructurada basada en actividad física, alimentación, entrenamiento cognitivo y control de factores de riesgo cardiovascular obtuvo mayores beneficios cognitivos que el grupo autoguiado, que recibió recomendaciones generales para adoptar hábitos saludables, y que la intervención estructurada se asoció con una desaceleración equivalente a entre uno y dos años en el envejecimiento cognitivo.
Por su parte, Lucía Crivelli, líder de LatAm-FINGERS e investigadora principal de FLENI, presentó los resultados del estudio realizado en 1.065 participantes de 11 países de América Latina. Durante dos años, la investigación evaluó los resultados de una intervención basada en actividad física, alimentación saludable, control de factores de riesgo cardiovascular, entrenamiento cognitivo y participación social. Los participantes que recibieron la intervención multidominio estructurada alcanzaron mejoras cognitivas un 55% superiores a quienes recibieron recomendaciones generales de salud.
El diálogo científico en Buenos Aires retomó esos resultados. Si la evidencia mostró que la intervención funciona, la pregunta ahora es cómo aplicarla en el mundo real, fuera de las condiciones controladas de un ensayo clínico. “Necesitamos al gobierno. Necesitamos a los responsables de las políticas de salud. Necesitamos un enorme esfuerzo coordinado de toda la sociedad”, afirmó Gustavo Sevlever, de FLENI, al destacar la necesidad de impulsar la implementación desde las comunidades con políticas promovidas por los sistemas de salud.



