En Almendralejo, provincia de Badajoz en España, la vendimia se vive de noche y a contrarreloj. Antonio, agricultor de 60 años, lleva casi cinco décadas dedicado a la tierra y contó cómo cambió su rutina para enfrentar el calor extremo: “Empecé a los 12 años, tengo 60, así que echa cuenta”, recordó.

Hoy, la jornada arranca a las 11 de la noche y termina a las 5 de la mañana, antes de que la bodega abra a las 6. “Somos como vampiros”, bromeó sobre el sacrificio de trabajar entre las cepas mientras la mayoría duerme.

El verano trajo temperaturas tan altas que obligaron a modificar los horarios y a adelantar la campaña. “Este año empecé la vendimia el 28 de julio, lo que nunca había pasado”, explicó Antonio, que debió adaptarse a la rápida maduración de la variedad Macabeo, fundamental para el cava de Extremadura. El calor nocturno complicó tanto la cosecha mecanizada como la manual: “Vendimiamos a máquina, pero algunas parcelas las hacemos a mano y cuando toca eso es horroroso”, admitió en entrevista con Cope.

El impacto del clima y la falta de mano de obra en la vendimia

La campaña de este año se adelantó por las altas temperaturas, lo que forzó a los productores a reorganizarse. Antonio detalló que antes solo cultivaban la variedad pardina, pero ahora diversifican para escalonar la cosecha y evitar la falta de mano de obra: “Hoy en día la mayoría tenemos un montón de variedades para que la recogida sea más paulatina”. Así, las tareas se extienden durante más de un mes, cuando antes se concentraban en apenas quince días.

Trabajan muchas horas por la noche (Foto: Imagen ilustrativa hecha con IA - Gemini).
Trabajan muchas horas por la noche (Foto: Imagen ilustrativa hecha con IA - Gemini).

La mecanización también cambió la postal de la vendimia. “En vida de mi padre venía la gente de fuera y eran 10 o 12 personas vendimiando”, recordó. Ahora, la faena se reduce al operario de la cosechadora y a Antonio con el tractor y el remolque. Los costos, especialmente el combustible, son una preocupación constante: “Da miedo llenar el depósito del tractor”, confesó.

Durante las largas madrugadas, la radio se volvió su compañera inseparable. “Mientras la máquina llena el depósito, escucho y se me hace más agradable la noche”, contó sobre cómo sobrelleva la soledad entre viñedos.