La caída de la natalidad en Argentina no comenzó en los últimos años, pero sí se aceleró con fuerza durante la última década. Según explicó Mariana Isasi, jefa de oficina del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) en Argentina, el principal punto de inflexión reciente se produjo a partir de 2014, cuando la tasa global de fecundidad empezó a descender de manera mucho más rápida.

La caída no comenzó ahora. En Argentina, la cantidad de hijos por mujer comenzó a disminuir entre fines del siglo XIX y comienzos del XX”, explicó Isasi. Luego, esa tendencia se estabilizó durante varias décadas y volvió a descender gradualmente desde mediados de los años noventa.

Por qué nacen menos bebés en Argentina

Para Isasi, no existe una sola explicación. “Es un fenómeno multicausal”, señaló. Entre los factores que menciona aparecen la disminución de la fecundidad adolescente, vinculada en parte con una mayor cobertura de políticas de salud sexual y reproductiva y el acceso a métodos anticonceptivos, la postergación de la maternidad, los cambios en las preferencias y proyectos de vida y distintas barreras materiales y de cuidado.

El problema aparece cuando las condiciones materiales impiden concretar un deseo reproductivo. (Imagen: Adobe Stock)
El problema aparece cuando las condiciones materiales impiden concretar un deseo reproductivo. (Imagen: Adobe Stock)

Según el estudio “Deseos reproductivos en la encrucijada”, el matrimonio perdió centralidad y es considerado relevante por el 37% de la población encuestada. En cambio, existe una alta aceptación de la convivencia sin casarse, mencionada por el 78%, la monoparentalidad por elección, con un 60%, y la adopción por parejas del mismo sexo, con un 56%.

Tener hijos tampoco aparece necesariamente como el eje principal de una vida plena. Aunque el 64% lo considera una de las mejores experiencias, en el estudio quedó detrás de prioridades como la salud, la seguridad económica, la vivienda propia y el trabajo. Eso no significa, sin embargo, que las generaciones más jóvenes hayan dejado de querer formar una familia.

No podemos afirmar eso de manera categórica”, advirtió Isasi. Entre las personas de 18 a 24 años, siete de cada diez tienen menos hijos de los que desearían tener si no existieran condicionantes. En ese grupo, por encontrarse al comienzo de su trayectoria reproductiva, ese dato puede interpretarse principalmente como una expectativa de tenerlos en el futuro.

El peso de la economía, la vivienda y las tareas de cuidado

Las dificultades económicas tienen un papel importante, aunque no explican por sí solas el descenso de la fecundidad. “La caída de la fecundidad es una tendencia de alcance global y se observa en países con contextos económicos muy diferentes, por lo que no puede atribuirse únicamente a la coyuntura económica”, explicó Isasi.

Entre quienes tuvieron menos hijos de los que hubieran deseado, el 62% mencionó barreras materiales o de cuidado. Dentro de ese grupo, el 47% señaló dificultades económicas o financieras, el 29% desempleo o inestabilidad laboral, el 27% problemas para acceder a una vivienda y el 11% falta de opciones de cuidado infantil.

La postergación de la maternidad también forma parte de este cambio. Actualmente, la edad promedio al momento de tener el primer hijo en Argentina se ubica en 29,2 años.

Para Isasi, este punto resulta central porque la discusión no debería reducirse al número de nacimientos. “La preocupación no debe centrarse únicamente en el número abstracto de nacimientos, sino en el déficit de derechos y oportunidades”, sostuvo.

Y agregó que la “verdadera crisis” está en que el 57% de las personas no logra alcanzar la cantidad de hijos que desea debido a condicionantes económicos, sociales y de cuidado.

Una población que envejece y el desafío de remover barreras

El descenso de la fecundidad forma parte de una transformación demográfica más amplia, que acerca a Argentina a una tendencia global caracterizada por una menor cantidad de nacimientos y un progresivo envejecimiento de la población.

“El objetivo que promueve el marco de resiliencia demográfica no es buscar un aumento de los nacimientos por sí mismo ni imponer mandatos”, explicó Isasi.

La propuesta, en cambio, consiste en remover las barreras que impiden concretar los proyectos reproductivos y garantizar que quienes desean tener hijos puedan hacerlo, pero también que quienes deciden no tenerlos puedan ejercer esa decisión con autonomía.

Entre las políticas que UNFPA considera necesarias aparecen ampliar las opciones de cuidado infantil, facilitar la conciliación entre vida laboral y familiar, mejorar el acceso a la vivienda, fortalecer la estabilidad económica y avanzar hacia una distribución más equitativa de las tareas de cuidado.