El historiador Fernando Luis San Martín recupera en su nuevo libro postales de la Argentina entre 1880 y 1930. Urbanismo, vida cotidiana, costumbres y modernidad aparecen registrados por fotógrafos que muchas veces quedaron fuera de los grandes relatos de la historia. Hay fotografías que muestran mucho más de lo que aparece en las imágenes: una calle, una estación de tren, una plaza, un comercio o un grupo de personas posando frente a una cámara pueden convertirse, con el paso del tiempo, en documentos capaces de reconstruir una sociedad entera. Allí donde los edificios desaparecieron, donde cambiaron las costumbres y donde las ciudades transformaron definitivamente su paisaje, muchas veces permanece una fotografía como la única testigo de aquel momento capturado al tiempo.

Ese es uno de los puntos de partida de Álbumes y fotografías. Urbanismo, vida cotidiana y modernidad. 1880-1930, el nuevo trabajo de Fernando Luis San Martín, investigador, historiador, conservador y coleccionista de fondos fotográficos y cinematográficos. La obra propone mirar con atención un período decisivo: las décadas en las que la Argentina experimentó profundas transformaciones sociales, económicas, urbanas y culturales.

Y lo hace a través de un conjunto de fotografías que permiten observar ese proceso desde otro lugar: el de quienes vivieron y registraron aquella transformación. Con ese objetivo, San Martín parte de una premisa sencilla pero fundamental para la investigación histórica: una fotografía no es solamente una imagen del pasado, también es un objeto producido en un determinado contexto, por una persona concreta, con una determinada tecnología y para un determinado público.

El historiador e investigador Fernando Luis San Martín publicó el libro
El historiador e investigador Fernando Luis San Martín publicó el libro "Álbumes y fotografías. Urbanismo, vida cotidiana y modernidad. 1880-1930", donde comparte antiguas imágenes sobre la Argentina naciente.

Fotografiar una sociedad que estaba cambiando

Entre fines del siglo XIX y las primeras décadas del XX, las ciudades argentinas atravesaron un proceso acelerado de modernización. El crecimiento urbano, la expansión del ferrocarril, las nuevas formas de transporte, la aparición de comercios y espacios de sociabilidad y las transformaciones arquitectónicas que modificaron el paisaje cotidiano. La fotografía acompañó ese proceso. Los fotógrafos comerciales recorrieron ciudades y pueblos y dejaron registros deliberados de sus calles, edificios, plazas, comercios y habitantes. Algunos de esos profesionales alcanzaron cierta notoriedad. Muchos otros, sin embargo, quedaron prácticamente olvidados.

Este libro recupera precisamente parte de ese universo.

San Martín explica que su investigación se construye a partir de pequeñas colecciones reunidas a lo largo de los años y procedentes de repositorios diversos. En conjunto, esas fotografías forman un corpus de imágenes icónicas, cotidianas y costumbristas que permiten reconstruir aspectos de la vida social argentina. Entre los fotógrafos aparecen nombres como Eduardo Ferrari, Pedro Momini, José Maxit, Gaspar Corti y Félix Enrique Finino. Algunos fueron fotógrafos comerciales; otros desarrollaron actividades vinculadas al periodismo gráfico y dejaron registros de acontecimientos relevantes de sus comunidades. La recuperación de estos autores tiene, por lo tanto, una importancia que excede la simple identificación de una firma. Significa devolverles un lugar dentro de la historia visual argentina.

Iglesia y Colegio del Salvador, Buenos Aires. La Compañía comenzó la construcción del colegio y de la iglesia en 1856. Negativo al colodión, copia a la albúmina sobre cartón de 23 x 28 cm, CA 1885. (Foto: Eduardo Ferrari – Col. F. San Martín).
Iglesia y Colegio del Salvador, Buenos Aires. La Compañía comenzó la construcción del colegio y de la iglesia en 1856. Negativo al colodión, copia a la albúmina sobre cartón de 23 x 28 cm, CA 1885. (Foto: Eduardo Ferrari – Col. F. San Martín).

La ciudad como documento

Una de las mayores posibilidades que ofrece la fotografía histórica es observar la transformación urbana. Las imágenes permiten comparar aquello que existió con aquello que permanece. Una estación ferroviaria, una avenida, una plaza o una esquina pueden ser reconstruidas a partir de fotografías que muestran no solamente la arquitectura, sino también las formas en que esos espacios eran utilizados. En una fotografía de la antigua estación de Quilmes, por ejemplo, aparecen vecinos esperando ingresar al andén, taxis, un carro de reparto, el tranvía y un comercio ubicado en las inmediaciones.

La imagen permite reconstruir mucho más que un edificio: muestra una escena cotidiana y, al mismo tiempo, una ciudad atravesada por diferentes formas de movilidad y consumo. Ese tipo de lectura constituye una de las principales riquezas de la fotografía como documento histórico. La cámara registra edificios, pero también registra relaciones sociales. Registra la expansión de las ciudades, pero también las maneras en que las personas las habitan. Registra la modernización, pero también aquello que la modernización comienza a dejar atrás.

Parroquianos en el bar del Hotel Central de Narvaiza y Díaz CA 1915. Original de gelatino bromuro, copiado por contacto de placa de vidrio de 16,5 x 22 cm. (Foto: Gaspar Corti - Col. F. San Martín)
Parroquianos en el bar del Hotel Central de Narvaiza y Díaz CA 1915. Original de gelatino bromuro, copiado por contacto de placa de vidrio de 16,5 x 22 cm. (Foto: Gaspar Corti - Col. F. San Martín)

Los fotógrafos desconocidos

La historia de la fotografía argentina suele concentrarse en grandes nombres, grandes estudios y grandes colecciones. Sin embargo, una parte considerable de la memoria visual del país fue construida por fotógrafos que trabajaron lejos de Buenos Aires y de los grandes centros culturales.

Fernando San Martín fue director del Museo Municipal Histórico Fotográfico de Quilmes entre 2000 y 2009, secretario del Centro de Estudio e Investigación de la Tarjeta Postal y Fotografía en Argentina y su trayectoria incluye trabajos sobre fotógrafos locales, colecciones particulares y archivos que permitieron recuperar imágenes que corrían riesgo de desaparecer, acercando a un público sus investigaciones sobre ese territorio inexplorado. Su trabajo de investigación y conservación permite entender una cuestión central: estudiar la fotografía histórica no consiste únicamente en reunir imágenes antiguas.

El Café Paulista y la Cigarrería 43 de la calle Rivadavia. Arriba, se puede observar parte de un pasacalles estimulando a votar al Dr. Pedro Elustondo para intendente. Quilmes, CA 1910. Placa de vidrio, copia por contacto. (Foto: Félix Enrique Finino – Col. F. San Martín)
El Café Paulista y la Cigarrería 43 de la calle Rivadavia. Arriba, se puede observar parte de un pasacalles estimulando a votar al Dr. Pedro Elustondo para intendente. Quilmes, CA 1910. Placa de vidrio, copia por contacto. (Foto: Félix Enrique Finino – Col. F. San Martín)

También implica identificar autores, determinar fechas, establecer procedencias, reconstruir contextos y preservar los soportes originales: una placa de vidrio, una albúmina, una tarjeta postal o un negativo no son objetos intercambiables. Cada uno contiene información sobre las técnicas utilizadas y sobre las formas de circulación de las imágenes.

Del álbum familiar al archivo histórico

Hay otro aspecto que atraviesa el trabajo de San Martín: la relación entre las colecciones privadas y la construcción de la memoria pública. Muchas fotografías históricas sobrevivieron porque alguien decidió conservarlas. En algunos casos, fueron las familias. En otros, coleccionistas o investigadores que comprendieron que esas imágenes tenían un valor que excedía el ámbito privado. Una parte importante de la obra de San Martín se relaciona precisamente con esa tarea de rescate.

Su investigación sobre el antiguo Pago de la Magdalena, por ejemplo, surgió a partir de la revisión de la colección de Alcibíades Rodríguez, uno de los grandes referentes de la fotografía histórica de Quilmes. Allí encontró imágenes de localidades como Quilmes, Avellaneda, Adrogué, Lomas de Zamora, Burzaco, Temperley, San Vicente, Berazategui, Florencio Varela y La Plata. La fotografía aparece entonces como una suerte de archivo alternativo. Un archivo construido, muchas veces, sin intención de convertirse en archivo.

Construcción de la Estación Fluvial Puerto Colón, Entre Ríos. Diciembre de 1927.     
Gelatino bromuro - copia por contacto montada sobre el cartón rígido. (Foto: José Maxit - Col. Museo Histórico Regional de Colón)
Construcción de la Estación Fluvial Puerto Colón, Entre Ríos. Diciembre de 1927. Gelatino bromuro - copia por contacto montada sobre el cartón rígido. (Foto: José Maxit - Col. Museo Histórico Regional de Colón)

¿Qué podemos saber mirando una fotografía?

La pregunta parece sencilla, pero no lo es. Una fotografía de una calle no habla solamente de arquitectura. Puede aportar información sobre transporte, publicidad, vestimenta, comercio, relaciones laborales o formas de sociabilidad. Una fotografía de un grupo familiar tampoco muestra únicamente rostros. Puede revelar jerarquías, vínculos, formas de representación y códigos sociales. Por eso, la fotografía histórica exige ser observada con detenimiento. No alcanza con reconocer lo que aparece dentro del encuadre. También es necesario preguntarse qué quedó fuera de él.

Una historia de la vida cotidiana

Ese es uno de los aportes más interesantes del libro. Las imágenes permiten desplazarse de los grandes acontecimientos hacia la vida cotidiana. Durante mucho tiempo, la historia estuvo dominada por presidentes, guerras, leyes, batallas y grandes transformaciones políticas. La fotografía permite mirar también a quienes no aparecen en esos relatos. Los trabajadores. Los comerciantes. Los niños. Las familias. Los pasajeros. Los vecinos. Los habitantes anónimos de ciudades y pueblos. Son ellos quienes aparecen, muchas veces accidentalmente, frente a la cámara. Y esa dimensión cotidiana convierte a las fotografías en documentos privilegiados para reconstruir una sociedad. Una trayectoria dedicada a preservar la memoria visual. “Álbumes y fotografías” se inscribe en una trayectoria más amplia.

El muelle de pasajeros de la Ciudad Buenos Aires estaba ubicado a orillas del Río de la Plata, entre las calles Bartolomé Mitre y Cangallo, cerca de la Casa de Gobierno. Fue inaugurado en septiembre de 1855. Negativo al colodión, copia a la albúmina sobre cartón de 23 x 28 cm. (Foto: Eduardo Ferrari - Col. F. San Martín)
El muelle de pasajeros de la Ciudad Buenos Aires estaba ubicado a orillas del Río de la Plata, entre las calles Bartolomé Mitre y Cangallo, cerca de la Casa de Gobierno. Fue inaugurado en septiembre de 1855. Negativo al colodión, copia a la albúmina sobre cartón de 23 x 28 cm. (Foto: Eduardo Ferrari - Col. F. San Martín)

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Sobre el autor

Fernando Luis San Martín ha publicado investigaciones y compilaciones vinculadas con la fotografía, el cine y la historia local. Entre ellas se encuentran trabajos como Quilmes en imágenes fotográficas 1873-1940, que reunió fotografías y postales de la ciudad, y El antiguo pago de la Magdalena, donde recuperó imágenes de distintas localidades de la región entre mediados del siglo XIX y comienzos del XX. También publicó Cine mudo argentino (1886-1932), una investigación dedicada a reconstruir los primeros años de la cinematografía argentina y a sus protagonistas. En todos estos trabajos aparece una preocupación común: evitar que los documentos visuales queden reducidos a objetos decorativos o curiosidades del pasado. La fotografía puede ser una fuente histórica, pero para que pueda convertirse en fuente necesita ser investigada, contextualizada, catalogada y preservada.

La Estación Centro América, inaugurada en 1872, ocupaba la actual manzana comprendida por Pueyrredón, Santa Fe, Larrea y Arenales. En 1898 la empresa cambia de manos y pasa a llamarse Compañía de Tranvías Eléctricos de Buenos Ayres & Belgrano. CA 1883. Negativo al colodión, copia a la albúmina sobre cartón de 23 x 28 cm. (Foto: Eduardo Ferrari - Col. F. San Martín)
La Estación Centro América, inaugurada en 1872, ocupaba la actual manzana comprendida por Pueyrredón, Santa Fe, Larrea y Arenales. En 1898 la empresa cambia de manos y pasa a llamarse Compañía de Tranvías Eléctricos de Buenos Ayres & Belgrano. CA 1883. Negativo al colodión, copia a la albúmina sobre cartón de 23 x 28 cm. (Foto: Eduardo Ferrari - Col. F. San Martín)

La máquina del tiempo

Hay algo profundamente contemporáneo en volver a mirar estas imágenes. En una época dominada por fotografías digitales, redes sociales y cámaras incorporadas a los teléfonos, las fotografías del siglo XIX y comienzos del XX obligan a detenerse. Cada imagen era entonces un objeto material: tenía un soporte, un proceso químico, un tiempo de exposición, un costo y, muchas veces, una intención precisa. Eso modifica nuestra relación con la imagen.

Las fotografías reunidas por San Martín permiten observar una Argentina que estaba dejando atrás algunas formas tradicionales de vida y entrando aceleradamente en la modernidad. Pero también muestran que esa modernidad no fue homogénea. El progreso tuvo diferentes velocidades. Las ciudades crecieron de manera desigual. Las nuevas tecnologías convivieron durante décadas con prácticas anteriores. Y la fotografía fue testigo de esas contradicciones.

Las preguntas que deja este libro

Más que cerrar una discusión, Álbumes y fotografías abre nuevas preguntas. ¿Qué fotografías quedaron fuera de los archivos? ¿Cuántos fotógrafos anónimos todavía esperan ser identificados? ¿Cuántas colecciones familiares conservan imágenes que podrían aportar información desconocida sobre la historia argentina? ¿Qué ocurre cuando desaparece el contexto original de una fotografía? ¿Y qué sucede cuando una imagen comienza a circular nuevamente, décadas después de haber sido producida? La investigación de San Martín invita a mirar las fotografías antiguas de otra manera: no como simples ventanas transparentes hacia el pasado, sino como documentos complejos que necesitan ser interrogados. Porque una fotografía no solamente conserva aquello que alguna vez estuvo frente a una cámara, también conserva las decisiones de quien fotografió, las expectativas de quien observó, los usos que tuvo la imagen y las sucesivas interpretaciones que recibió con el paso del tiempo.

En definitiva, Álbumes y fotografías. Urbanismo, vida cotidiana y modernidad. 1880-1930 propone volver a mirar. Y, sobre todo, aprender a formular una pregunta tan sencilla como potente: ¿qué estamos viendo cuando miramos una fotografía antigua?