Hace algunas décadas, cualquier persona podía recitar de memoria el teléfono fijo de su casa de la infancia, el de sus abuelos o el de su mejor amiga, incluso sin haberlo marcado en años. Hoy, en cambio, resulta habitual no saber el número de la propia pareja ni de ninguno de los contactos que forman parte de la agenda del celular.
Este cambio tiene un nombre: amnesia digital, definida como la pérdida de información que una persona confía a un dispositivo digital para su almacenamiento y posterior recuerdo.
División de tareas entre personas cercanas
Antes de la llegada de los dispositivos digitales, las personas ya delegaban ciertos datos en su entorno cercano. El psicólogo social Daniel Wegner acuñó en 1985 el concepto de memoria transactiva para describir este mecanismo: una red de apoyo entre pareja, amigos o familiares en la que cada integrante se especializaba en recordar cierto tipo de información. Así, una persona podía ser la encargada de no olvidar los cumpleaños, mientras otra retenía los números de teléfono.

En aquel esquema, estos datos solo podían registrarse en papel, lo que dificultaba tenerlos disponibles en el momento y el lugar exactos en que se necesitaban. La llegada de los teléfonos inteligentes, las aplicaciones, la nube y el almacenamiento digital eliminó esa limitación y, con ella, la necesidad de memorizar la información.
El denominado Efecto Google
La investigación ‘Efectos de Google en la memoria: consecuencias cognitivas de tener la información al alcance de la mano’, publicada en 2011, demostró que la tasa de recuerdo cae de manera notable cuando las personas saben que un dato estará disponible en un soporte digital en el futuro. Ante esa certeza, el cerebro prioriza recordar dónde encontrar la información antes que memorizar su contenido.
Cuatro años más tarde, en 2015, la empresa Kaspersky impulsó el estudio El auge y el impacto de la amnesia digital: por qué debemos proteger lo que ya no recordamos, que dio nombre formal al fenómeno. Entre sus hallazgos, más de la mitad de los adultos consultados no recordaba el número de teléfono de sus propios hijos.

El mismo estudio de Kaspersky encontró una correlación entre la edad de los usuarios y su capacidad de memorización: cuanto más joven es la persona, menor es la cantidad de números de teléfono que conserva en su memoria. La Generación Z, que creció sin conocer la vida sin móvil, es la que muestra el inventario más reducido. En su caso, la memoria selectiva tiende a retener únicamente el número propio, necesario para completar formularios o recibir códigos de verificación por SMS.
Las capturas de pantalla también podrían perjudicar el recuerdo
Un fenómeno relacionado, documentado en la revista Memory & Cognition, muestra que tomar una captura de pantalla de una imagen reduce la capacidad de recordarla después, sin que exista ninguna ventaja cognitiva a cambio.
Investigadores de la Universidad de Binghamton, Sophia Fabrizio y Deanne Westerman, realizaron siete experimentos con estudiantes universitarios para analizar este efecto, que amplía un hallazgo de 2014 según el cual fotografiar objetos en un museo empeora el recuerdo de sus detalles frente a solo observarlos.

En los experimentos, quienes capturaban imágenes de obras de arte con el teléfono las recordaban peor que quienes simplemente las observaban, incluso cuando se les advertía por anticipado que habría una prueba de memoria.
El reconocimiento general de las imágenes cayó del 78% entre quienes solo observaron al 69,5% entre quienes tomaron capturas. Además, los participantes tampoco recordaban con precisión si habían visto o capturado una imagen determinada: acertaban en el 71,3% de los casos con las imágenes solo observadas, frente al 53,5% con las capturadas.
Los investigadores descartaron que este deterioro se deba a una estrategia consciente de descarga cognitiva, ya que el resultado se mantuvo igual sin importar si los participantes esperaban revisar sus capturas en el corto o en el largo plazo. Según explicaron Fabrizio y Westerman, el hallazgo apunta a una desconexión automática de la atención en el momento de capturar la imagen, que interrumpe el proceso natural de codificación en la memoria.



