
El video de Francisco Bolívar llorando y cubierto con una sábana a modo de vestido de novia sacudió las redes sociales en los últimos días. La publicación del actor, conocido por encarnar a “Jotica” en la saga Sin senos sí hay paraíso, disparó una avalancha de especulaciones sobre su estado de salud mental.
Sin embargo, el vínculo del video se alinea con una noticia concreta: el matrimonio de Carolina Manrique, su expareja, que fue celebrado el 29 de agosto de 2026.
La boda de Manrique con Santiago de Aubeyzon, un ejecutivo del sector fitness, se convirtió en el contexto inmediato que muchos seguidores del actor usaron para explicar su comportamiento errático.
Bolívar publicó el clip con frases inconexas, llanto y ejercicio físico sin aparente dirección. Quienes lo siguen de cerca recuerdan que el actor ya había atravesado cuadros depresivos en el pasado, que él mismo vinculó a pérdidas económicas y rupturas sentimentales.
Carolina Manrique y Francisco Bolívar se separaron hace 14 años
La historia entre ambos nació en Bogotá de una manera tan cotidiana como reveladora de sus personalidades. Bolívar intentó invitar a salir a Manrique un sábado por la noche, pero calculó mal la fecha: era el Día de las Madres. Una semana después lo volvió a intentar con una propuesta más acorde a sus estilos de vida y la invitó a trotar en la ciclovía.
El noviazgo terminó en 2012. Desde entonces, cada uno construyó su camino por separado durante más de una década.

La novia eligió un vestido de encaje con escote en la espalda y velo catedral
Para la ceremonia, Carolina Manrique lució una creación de la diseñadora Luisa Nichols. La prenda, confeccionada en encaje con detalles de pedrería, tenía manga larga, cuello alto y un pronunciado escote en la espalda que contrastaba con la sobriedad del frente.
Al compartir las imágenes en su cuenta de Instagram, Manrique describió con precisión lo que buscaba al elegir la prenda: “Quería sentirme yo, sentirme especial, sentirme segura… y cuando finalmente me vi con mi vestido puesto, entendí que era exactamente como lo había soñado”, escribió la novia.
En el mismo texto agradeció a la diseñadora por “cada detalle, por escucharme, por entenderme y por hacer realidad algo que durante tanto tiempo solo había existido en mi cabeza”.
El velo, de corte catedral con bordados florales en el borde, se extendía varios metros y fue el elemento más fotografiado de la ceremonia al aire libre. Las imágenes muestran la cola del velo desplegada sobre el césped durante el ingreso al altar, rodeada de invitados vestidos de negro, azul marino y borgoña.

Manrique llevó el cabello recogido en un moño bajo y eligió accesorios de perlas para el peinado. El ramo combinó calas blancas, flores rosadas y follaje colgante. La novia completó el look con sandalias de plataforma en tono nude.
Santiago de Aubeyzon llegó al altar con traje gris de tres piezas
El novio optó por un traje gris de tres piezas con corbata negra y pañuelo blanco en el bolsillo. La boutonnière, una rosa blanca, acompañó la solapa. El conjunto apareció tanto en las fotografías de la ceremonia exterior como en las del banquete nocturno.
La recepción se realizó en un espacio al aire libre ambientado con cortinas verde oscuro, mesas de vidrio, candelabros y una cortina de luces suspendida sobre los comensales. Los centros de mesa combinaron calas y orquídeas. Las sillas transparentes tipo fantasma completaron la decoración.

Una historia que nació dentro de la industria del fitness
Carolina Manrique ya tenía una trayectoria consolidada en el mundo del bienestar físico cuando conoció a Santiago de Aubeyzon. Él había llegado a Bogotá con el objetivo de abrir y expandir una cadena de estudios. La coincidencia de universos profesionales fue el punto de partida de la relación.
“Ese día me sentí increíble. Me sentí hermosa, femenina, feliz… pero sobre todo, me sentí completamente yo”, escribió la novia en la publicación que acompañó las fotografías de la boda. El texto cerró con una dedicatoria directa a Nichols: “Por siempre vas a ser parte de este recuerdo”.



