La noticia de la muerte de Samuel Chiche Gelblung generó una inmediata conmoción en los medios. La despedida comenzó al aire, casi sin preparación, con voces quebradas, recuerdos personales y la certeza compartida de que se iba una figura irrepetible del periodismo, un hombre que había convertido el trabajo en una forma de vida y que, aun atravesando serios problemas de salud, había intentado permanecer hasta el último momento frente a un micrófono o una cámara.

Una de las primeras reacciones que reflejó el impacto de la noticia ocurrió en Radio Mitre, donde Mercedes Ninci recibió la información mientras estaba al aire. La periodista no pudo ocultar su tristeza y, con la voz entrecortada, reconstruyó los últimos días de Gelblung y, sobre todo, su extraordinaria voluntad para seguir trabajando pese al deterioro de su salud.

La noticia de su muerte comenzó a recorrer las redacciones argentinas como esas informaciones que siempre parecen imposibles de recibir. Del otro lado de los micrófonos, en las pantallas de televisión y entre periodistas que habían compartido con él años de profesión, aparecieron las primeras lágrimas, los silencios incómodos y las palabras que intentaban explicar lo inexplicable: había muerto un hombre que durante décadas había sido parte inseparable del paisaje periodístico argentino.

Ninci, por caso, fue una de las primeras en reaccionar públicamente. La periodista conocía a Gelblung desde hacía años y la noticia la encontró atravesada por una mezcla de tristeza, admiración y dolor. Con la voz entrecortada, casi sin poder ordenar las palabras, eligió recordar aquello que mejor definía al periodista: su condición de trabajador incansable, esa voluntad que lo había llevado a continuar frente a los micrófonos aun cuando su cuerpo ya le reclamaba detenerse.

“¡Qué laburante, por favor!”, alcanzó a decir Ninci al aire, antes de comenzar a reconstruir los últimos tiempos de Chiche. Contó que había sido internado el día anterior, mientras ella se encontraba haciendo guardia periodística por Mirtha Legrand, y recordó que durante este año había atravesado varias internaciones. Los médicos, explicó, le pedían que se cuidara, que bajara el ritmo y que prestara atención a su estado físico, pero había algo que parecía imposible de modificar en él: su relación con el trabajo.

Ninci relató que el viernes Gelblung había estado trabajando en Radio del Plata y que compañeros de la emisora le habían contado que lo habían visto mal. Sin embargo, aun con las dificultades, continuaba cumpliendo con sus compromisos profesionales. También seguía participando de Crónica TV los domingos y hasta hace pocas semanas en el día a día en Net TV. En ambos estudios, se trasladaba en silla de ruedas, sin resignar su lugar ni su contacto con el público.

“Era un laburante que hasta el último segundo estuvo al aire tratando de primiciar lo que pudiera”, recordó Ninci, poniendo en palabras una característica que, para quienes lo conocieron, terminó convirtiéndose casi en una marca registrada. La búsqueda de la noticia, el deseo de estar informado y la necesidad de contar aquello que estaba ocurriendo parecían tener en Gelblung una fuerza superior al cansancio, al dolor y a las recomendaciones médicas.

La periodista también recordó el vínculo personal que había mantenido con él y contó que había hablado con el comunicador hasta la semana anterior. Pero esa conversación ya había sido distinta. “Ya no le entendía las palabras porque le costaba hablar por el problema respiratorio”, relató, con una angustia que atravesó cada una de sus palabras.

En junio último se mostró al aire en silla de ruedas

Después llegó una frase que resumió el sentimiento de quienes habían visto de cerca esa pelea cotidiana: “Siempre me impresionaba la garra que le ponía al trabajo, no importaba cómo estaba de salud”.

“Estoy destrozada”, reconoció la periodista. Y en esa confesión quedó expuesto el costado más íntimo de una noticia que, durante las primeras horas, todavía parecía difícil de asimilar.

Mientras tanto, en Crónica TV, uno de los canales donde Gelblung había continuado trabajando hasta sus últimos tiempos, la pantalla también se transformó en escenario de la despedida. La transmisión habitual se interrumpió y durante un tiempo prudencial una placa negra, acompañada por un silencio que dijo mucho más que cualquier discurso, ocupó el lugar de la programación.

“Murió Chiche”, se leía en la pantalla. Era una frase breve, seca, casi brutal en su sencillez. Pero detrás de esas dos palabras se concentraban más de seis décadas de periodismo, televisión, radio, medios gráficos y una trayectoria que atravesó distintas épocas de la Argentina.

Samuel “Chiche” Gelblung murió tras una trayectoria de más de seis décadas ligada al periodismo, la radio y la televisión argentina

En ese momento estaba al aire “La Primera”, el ciclo conducido por Gustavo Chapur y Mariela Fernández. Chapur fue quien puso voz al dolor del canal y de quienes habían trabajado junto a Gelblung. “Murió Chiche. Murió Chiche Gelblung, nuestro compañero, maestro, leyenda del periodismo argentino”, expresó, con la emoción evidente en su voz.

El conductor recordó que se trataba de una figura “tan emblemática” y “tan querible”, pero también de un hombre que había peleado hasta el final. “La peleó tanto, luchó tanto... Esta vez no pudo”, dijo, mientras evocaba las horas previas en las que el canal había informado sobre su internación.

Chapur explicó que el estado de salud de Gelblung se había deteriorado y que finalmente había llegado la noticia que nadie quería escuchar. “Finalmente partió nuestro querido Chiche”, anunció.

A partir de allí, el homenaje se transformó en un recorrido por una trayectoria periodística imposible de resumir en pocos minutos. Chapur recordó que Gelblung había nacido en 1944 y que había comenzado a trabajar siendo muy joven, todavía adolescente, especialmente en medios gráficos. Con el paso de los años, su carrera se expandió hacia distintos formatos y generaciones de periodistas.

Mercedes Ninci se quebró al aire de Radio Mitre al recordar la enorme vocación de Chiche Gelblung por el trabajo

También destacó su carácter pionero y su capacidad para comprender los cambios de la profesión. Pero para el gran público, una parte fundamental de su popularidad llegó durante la década de 1990, especialmente a partir de Memoria, el programa que terminó convirtiéndose en uno de los grandes espacios de la televisión periodística y que le permitió construir una identidad propia frente a las cámaras.

“Chiche para siempre”, resumió el conductor, consciente de que la muerte no alcanzaba para borrar una presencia que durante décadas había quedado instalada en la cultura popular argentina. “Tanto hemos aprendido aquellos que hemos tenido el privilegio, la suerte de haber laburado un poquito al lado suyo”, continuó, antes de destacar la capacidad de Gelblung para enseñar incluso sin proponérselo.

“No era licenciado en nada y, sin embargo, hablar con él era un lujo”, sostuvo. Y enseguida enumeró algunas de las características que, según su mirada, explicaban aquella fascinación: “Sabía absolutamente de todo”.

La muerte de Chiche provocó una inmediata conmoción entre colegas y compañeros de toda una vida

Era, dijo, “un tipo tan leído, tan viajado, tan culto”, pero también alguien capaz de combinar esa formación con paciencia, creatividad y talento. Para quienes lo rodearon profesionalmente, esa mezcla constituía una de sus principales virtudes: podía discutir una noticia, analizar una historia, recordar un dato, interrogar una información o simplemente conversar sobre cualquier tema y convertir ese intercambio en una clase de periodismo.

“Un maestro, un verdadero maestro que hoy nos deja”, concluyó Chapur, reconociendo que la muerte de Gelblung representaba “un golpe muy fuerte para el periodismo argentino”.

Su carácter pionero y su capacidad para comprender los cambios de la profesión fueron las claves admoradas por sus colegas

Y quizás allí, entre las lágrimas de Mercedes Ninci, el silencio de Crónica TV y las palabras de Gustavo Chapur y Mariela Fernández, apareció el retrato más preciso de Chiche durante esos primeros instantes de despedida: el de un periodista que no sabía, o no quería, dejar de trabajar.

Un hombre que siguió buscando noticias cuando el cuerpo le pedía descanso, que continuó yendo a los estudios cuando las fuerzas ya no eran las mismas y que mantuvo hasta el final esa necesidad casi física de estar donde sucedían las cosas.

La televisión lo despidió con una pantalla negra. La radio lo hizo con una voz quebrada. Sus compañeros lo recordaron como maestro, leyenda y trabajador incansable. Y en las primeras reacciones, todavía dominadas por la incredulidad, comenzó a construirse una certeza que seguramente se repetirá durante los próximos días: Chiche Gelblung no fue solamente un periodista que atravesó distintas épocas. Fue uno de esos personajes que terminan formando parte de la historia misma de los medios argentinos.