
El acoso escolar y el ciberbullying siguen siendo amenazas persistentes para niños y adolescentes, con impacto directo en su bienestar y en su rendimiento educativo en todo el mundo.
La novedad es que hoy el hostigamiento va más allá de la escuela, y eso implica estar expuestos al estrés crónico que impacta en la salud física y emocional, según advirtió la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) en un nuevo documento.
Los expertos advierten que actualmente las situaciones de violencia entre pares adquieren características cada vez más “híbridas”: existe una continuidad entre el espacio físico y el digital. Eso implica que una agresión iniciada en el aula puede continuar durante horas en WhatsApp, redes sociales o videojuegos, alcanzar al niño o adolescente en su casa y regresar con él a clase al día siguiente.
En el marco de su campaña de prevención del Bullying, la entidad alerta sobre las consecuencias físicas y emocionales del bullying y del ciberbullying y llaman a familias, a escuelas y a equipos de salud a prestar atención a las señales.

La SAP incluyó, entre las formas del ciberbullying, los mensajes de odio, las burlas, el acecho, las votaciones destinadas a humillar, los perfiles falsos, la suplantación de identidad, la difusión no consentida de información privada, la exclusión de grupos y la manipulación de fotos, videos o memes.
La doctora Silvina Pedrouzo, médica pediatra, especialista en Desarrollo Infantil y presidente de la Subcomisión de Tecnologías de Información y Comunicación de la SAP afirmó: “Uno de los cambios que más nos preocupa es que hoy el bullying puede continuar fuera de la escuela, extenderse a las redes y acompañar al niño o adolescente durante gran parte del día”.
Y completó: “Antes, volver a casa podía ofrecer una pausa y un espacio de resguardo frente a estas situaciones de acoso. Con el acceso casi permanente al celular, ese límite se vuelve cada vez más difuso: los mensajes, las burlas o la exposición pueden llegar a cualquier hora y extender la situación más allá de la escuela, lo que amplifica su impacto y en consecuencia el daño”.

La advertencia se apoyó en varias fuentes que midieron fenómenos distintos y que, según aclaró la propia entidad, no son directamente comparables. Aun así, la SAP sostuvo que en conjunto permiten dimensionar la presencia de la violencia entre pares: las Pruebas Aprender 2023 relevaron 614.817 estudiantes de sexto grado de 19.272 escuelas y hallaron que 63% reportó al menos una situación de agresión o violencia durante ese año.
La novena ronda de la Encuesta Rápida de UNICEF Argentina mostró, entre adolescentes de 13 a 17 años, que la proporción que dijo haber sufrido situaciones de acoso en su entorno pasó del 25% al 41% entre 2024 y 2025. Según la SAP, ese aumento y la circulación permanente de mensajes y contenidos digitales describen un escenario en el que el límite entre lo presencial y lo digital se volvió cada vez más difuso.
El documento de la SAP fue elaborado en forma conjunta por sus Comités de Pediatría General Ambulatoria, de Estudios Permanentes de las Adolescencias y de Pediatría Social, las Subcomisiones de Tecnologías de la Información y la Comunicación, de Salud Mental, de Humanidades y de Derechos de la Niñez y la Adolescencia y el Grupo de Trabajo de Salud Escolar. Forma parte de una campaña de prevención que la institución llevará a cabo del 7 al 12 de septiembre con distintas comunicaciones en redes sociales.
El acoso se define por daño, repetición y poder

El documento precisó que no toda pelea o conflicto entre compañeros constituye bullying. El acoso escolar se caracteriza por la intención de causar daño, la repetición sistemática en el tiempo y un desequilibrio de poder que dificulta que la persona agredida pueda defenderse o poner fin a la situación.
La entidad señaló que puede expresarse mediante violencia física, verbal o relacional. También advirtió que una agresión aislada no debe desatenderse, porque toda situación de violencia entre pares requiere intervención adulta y minimizarla como algo propio de la infancia o la adolescencia podría favorecer su continuidad o agravamiento.
La SAP indicó que no existe un único perfil de quien ejerce el acoso. Puede aparecer tanto en alumnos con problemas de conducta como en estudiantes integrados y con buen desempeño académico.
La doctora Ana Laura Tellechea, médica pediatra y secretaria del Comité de Pediatría Social de la entidad, explicó que reducir el problema a quien agrede y quien es agredido constituye un error frecuente. “ El bullying es un fenómeno grupal y por eso la solución tampoco puede descansar exclusivamente en ellos. Están los compañeros que observan, los adultos responsables, las familias y la institución en la que ocurre. Lo que nunca debemos hacer es pedirle al chico que está siendo hostigado que resuelva solo el problema, que enfrente al agresor o que responda con otra agresión”.

La entidad agregó un riesgo reciente: el uso de herramientas de inteligencia artificial para potenciar la manipulación de contenidos. También señaló que una publicación puede ser vista y compartida por audiencias mucho más amplias que las de un aula, permanecer en el ciberespacio y resultar difícil de eliminar.
“El mismo dispositivo que utiliza para hablar con sus amigos puede convertirse en una vía permanente de hostigamiento. Por eso tenemos que comprender que lo digital no es una realidad separada: lo que sucede en una pantalla puede producir sufrimiento y consecuencias concretas sobre la salud”, completó el doctor Sergio Snieg, médico pediatra e integrante del Comité de Pediatría Ambulatoria de la SAP.
Por su parte, el doctor Juan Pablo Bria, integrante del Comité de Estudios Permanentes en Adolescencia (CEPA) de la Sociedad Argentina de Pediatría, agregó: “Una agresión digital no es menos real porque ocurra detrás de una pantalla. Para el niño o adolescente que la recibe, el impacto puede acompañarlo durante buena parte del día y generar un estado de alerta permanente. Por eso es importante que los adultos no minimicemos estas situaciones ni pensemos que apagar el teléfono alcanza para resolverlas. Necesitamos escuchar, contener y trabajar con la escuela, la familia y el grupo de pares para interrumpir esa dinámica”, sostuvo el especialista.
Los efectos sobre la salud

Uno de los mayores obstáculos para detectar el problema es que muchos chicos lo atraviesan en silencio.
Una encuesta realizada en el marco del Programa Convivencia Respetuosa entre Pares del Ministerio Público Tutelar de la Ciudad de Buenos Aires, difundida en noviembre de 2024, encontró que el 66,2% de 1.380 adolescentes de 12 a 18 años de escuelas públicas y privadas porteñas había sido víctima o conocía a alguien que sufrió bullying. El 77,2% de esas situaciones ocurría en el ámbito escolar y el 33,8% en redes sociales. Frente a la pregunta acerca de con quién hablaban si eran víctimas, el 24,4% respondió que con nadie.
Señales para prestar atención
Ese silencio puede hacer que las primeras señales aparezcan a través de la salud. La SAP advirtió que el bullying y el ciberbullying podrían generar cansancio, dolores de cabeza, dolor abdominal o vómitos como manifestaciones de ese estrés sostenido. En el acoso escolar, algunos síntomas pueden aparecer el domingo por la noche, al despertar o antes del ingreso a la escuela.
El documento también describió alteraciones del sueño o de la alimentación, dificultades de aprendizaje, caída del rendimiento escolar, pérdida de interés por actividades habituales, baja autoestima, cambios del estado de ánimo y ansiedad. En los casos más graves, agregó, pueden aparecer aislamiento, depresión, ideaciones de muerte e intentos de suicidio.

La entidad enumeró señales que podrían alertar sobre un problema de acoso. Mencionó volver de la escuela con útiles o ropa dañados, presentar lesiones de explicación poco clara, aislarse en los recreos, refugiarse con frecuencia en el baño o la biblioteca, pedir un cambio de escuela sin motivos evidentes o quedar excluido de festejos, actividades y grupos.
En el ciberbullying, añadió, algunos chicos pueden revisar el teléfono de manera compulsiva para comprobar si aparecieron nuevas agresiones. La doctora Silvina Pedrouzo, presidenta de la Subcomisión de Tecnologías de Información y Comunicación de la SAP, señaló que antes volver a casa podía ofrecer una pausa, pero que el acceso casi permanente al celular volvió ese resguardo mucho menos claro.
La SAP desaconsejó pedirle al niño o adolescente que enfrente solo a quien lo hostiga, que se haga respetar mediante la violencia o que responda con otra agresión. También sostuvo que cambiar de escuela no constituye una solución automática, porque si la institución no aborda la dinámica que permitió el acoso, el problema podría repetirse con nuevas víctimas.
Ante el ciberbullying, el documento recomendó contener al niño o adolescente, rechazar cualquier idea de venganza, conservar evidencias, bloquear y reportar contenidos y articular acciones con la escuela y los adultos responsables. El abordaje, indicó la entidad, debe incluir también a quien agrede y al grupo de pares desde una perspectiva educativa y reparadora, evitando volver a exponer a la víctima o aumentar el riesgo de represalias.




