Javier Rodríguez no confirmó una candidatura presidencial de Axel Kicillof ni se anotó para ocupar un eventual cargo nacional. Pero tampoco negó que su mayor exposición fuera de la provincia de Buenos Aires tenga un horizonte político. El ministro de Desarrollo Agrario reconoció que, además de gestionar, hay que mostrar lo realizado y construir una propuesta agropecuaria distinta de cara a 2027.

La pregunta de Bichos de Campo fue bastante directa: ¿Sus recorridas, sus encuentros con funcionarios de otras provincias y un discurso cada vez más político forman parte de una estrategia para instalar al gobernador en la discusión nacional?

“Hay una cuestión de construcción de política de cara al 2027”, admitió Rodríguez. Según explicó, el objetivo es poner en discusión lo realizado en Provincia de Buenos Aires por la gestión Kicillof desde 2019, seis años atrás, y utilizar esa experiencia para elaborar una propuesta de alcance nacional.

“Estamos en una etapa no de candidaturas, pero sí de debate público”, afirmó. Y agregó que hace falta “la articulación entre el sector público y el sector privado”, porque ambos tienen que trabajar de manera mancomunada.

Calentando motores se llama la película, aunque Javier se ocupó de aclarar que la gestión provincial sigue ocupando la mayor parte de su jornada.

Mirá la entrevista:

El ministro agropecuario de Kicillof propone presentar los casi siete años de gobierno bonaerense como una muestra de lo que su espacio entiende por política agropecuaria. Y, al hacerlo, establece un contraste con el rumbo del gobierno de Javier Milei: considera un error suponer que las decisiones macroeconómicas pueden funcionar separadas de lo que les sucede a los sectores productivos.

“Para nosotros no existe un plan separado: es un plan integral”, sostuvo. En su razonamiento, la producción determina también los resultados de la macroeconomía y, por lo tanto, necesita tanto un marco económico que la acompañe como medidas específicas para cada actividad.

Ese planteo lógicamente incluye una defensa de la intervención estatal, pero Rodríguez buscó explicarla a partir de problemas concretos. Su ejemplo fue el acceso a los mercados internacionales: una empresa puede producir, invertir y buscar compradores, pero necesita al Estado para negociar condiciones sanitarias y conseguir autorizaciones de exportación.

En ese punto mencionó las dificultades para recuperar el mercado chino para la carne aviar después de la influenza aviar y las autorizaciones que, según describió, esperan distintos frigoríficos. También cuestionó la orientación de la política exterior del Gobierno nacional, alineada casi por completo solo con Estados Unidos e Israel.

“El posicionamiento de Argentina tiene que ser un posicionamiento de vinculación con todos los países”, sostuvo en contraste. Para Rodríguez, promover el comercio y las inversiones exige que los funcionarios trabajen junto a las empresas para resolver los obstáculos que encuentran en el exterior.

El ministro llevó esa discusión al caso de la avícola Tres Arroyos, cuya situación describió como “muy complicada” y de la cual penden miles de puestos de trabajo, muchos de ellos en la Provincia. Contó que desde el sector empresario le habían señalado que el escenario sería distinto si contaran con el mercado abierto para exportar. Su argumento fue que detrás de una negociación comercial pendiente hay actividad económica y puestos de trabajo.

“No es una discusión abstracta”, insistió sobre la relación entre el Estado y los privados. Esa articulación, sostuvo, debe expresarse en tareas cotidianas de cada área de gobierno.

La conversación con Rodríguez también incluyó una pregunta incómoda para el espacio de Kicillof: ¿Cómo convencer a los productores de esa voluntad de cooperación después de los enfrentamientos entre el kirchnerismo y buena parte del sector agropecuario?

Rodríguez respondió apelando a la experiencia bonaerense. Aseguró que desde el comienzo de la gestión mantienen un diálogo constante con las entidades y que esos encuentros sirven para identificar problemas y tomar decisiones.

Como ejemplo mencionó el plan de prevención de enfermedades venéreas en los rodeos bovinos. Según explicó, surgió a partir de pedidos de sociedades rurales locales y del intercambio con las entidades. Lo presentó como una herramienta que combina mejoras sanitarias con mayor productividad ganadera.

También destacó el programa de buenas prácticas agrícolas y afirmó que las iniciativas provinciales se construyeron en diálogo con distintos actores, desde las grandes organizaciones de productores hasta las entidades de la agricultura familiar y los trabajadores.

“No significa que coincidamos en todo. Por supuesto que no”, aclaró respecto de las entidades rurales. Su defensa de la gestión se apoyó más bien en la existencia de un diálogo fecundo que, según sostuvo, permite explicar también las decisiones que no reúnen el acuerdo de todos.

De todos modos, Rodríguez reconoció que ese debate pendiente también atraviesa a su propia fuerza política. No dio por sentado que exista una visión común sobre lo ocurrido en las últimas décadas ni sobre la propuesta que deberían presentar en la próxima elección.

“Nuestra fuerza política tiene que debatir lo que ha ocurrido” en el choque con el sector agropecuario, planteó. “No es que todos tenemos las mismas miradas”.

La experiencia bonaerense sería, entonces, una base para esa discusión nacional, antes que un programa cerrado. El ministro habló de alcanzar un acuerdo sobre “el 80, el 90% de coincidencia” y convertirlo en una propuesta para la sociedad y los productores.

Rodríguez evitó anticipar nombres para 2027. Pero confirmó que el debate agropecuario ya forma parte de la construcción política del espacio de Kicillof para lo que viene.