
Un nódulo en el cuello no siempre requiere una cirugía. Muchos se detectan durante una ecografía de rutina o en estudios realizados por otros motivos, y la mayoría no corresponde a un tumor maligno. En el Día Mundial del Cáncer de Tiroides, que se conmemora el 24 de septiembre, los especialistas remarcan que las nuevas herramientas diagnósticas permiten ajustar el tratamiento al riesgo de cada caso.
La tiroides es una glándula con forma de mariposa ubicada en la base del cuello. Produce hormonas que regulan funciones como el metabolismo, el ritmo cardíaco, la presión arterial, la temperatura corporal y el peso. Cuando sus células crecen de manera descontrolada, puede desarrollarse un cáncer de tiroides.
Las enfermedades tiroideas también abarcan trastornos como el hipotiroidismo, el hipertiroidismo y los nódulos. Se estima que unas 750 millones de personas en el mundo tienen alguna afección de la tiroides y que cerca del 60 % desconoce su diagnóstico. El dato se refiere al conjunto de alteraciones que pueden afectar el funcionamiento de la glándula, no solo al cáncer.
La endocrinóloga Laura Maffei, directora de Maffei Centro Médico e Investigación Clínica Aplicada, explicó que actualmente “existen más herramientas para conocer el comportamiento de cada tumor y tomar decisiones con mayor precisión”. Según señaló, esa información permite determinar el momento adecuado para intervenir y elegir la extensión necesaria de cada procedimiento.
La ecografía y la punción permiten seleccionar mejor los nódulos
La ecografía tiroidea es uno de los estudios centrales para evaluar los nódulos. Permite observar su tamaño, forma y composición, y definir cuáles requieren una punción con aguja fina.

Este procedimiento obtiene células del nódulo para analizarlas, es decir, permite conocer mejor una lesión sin necesidad de una operación. “Actualmente se aplican criterios más específicos para seleccionar cuáles deben biopsiarse, lo que ayuda a evitar estudios que no siempre resultan necesarios”, afirmó Maffei.
Cuando la punción no permite establecer con claridad si existe malignidad, algunos pacientes pueden acceder a estudios moleculares. Estos análisis buscan cambios genéticos en las células y suman información para estimar el riesgo de un tumor.
La evaluación incluye las imágenes, los antecedentes clínicos, los resultados de laboratorio y, cuando corresponde, el análisis del tejido. La mayoría de los nódulos tiroideos son benignos, aunque deben ser evaluados por un profesional.
Según Mayo Clinic, el aumento de los diagnósticos de cáncer de tiroides puede vincularse, en parte, con la mejora de las técnicas de imagen. Tomografías y resonancias solicitadas por otros motivos permiten detectar tumores pequeños que antes podían pasar inadvertidos. En muchos casos, son lesiones de tamaño reducido que responden de manera favorable a los tratamientos.
Qué síntomas pueden alertar sobre un problema en la tiroides
En Argentina, el cáncer de tiroides es más frecuente en mujeres que en varones. Las estimaciones de 2024 registraron 3.964 casos nuevos y 339 muertes por esta enfermedad en el país.
El cáncer de tiroides puede no provocar síntomas al comienzo. Cuando aparecen, los más frecuentes son un bulto o hinchazón en el cuello, cambios persistentes en la voz, dificultad para tragar, dolor de cuello o garganta y aumento de tamaño de los ganglios linfáticos.

El cirujano oncólogo Diego Sinagra, jefe del Departamento de Cirugía Oncológica del Hospital de Clínicas de la UBA, señaló que también pueden presentarse síntomas asociados con trastornos del funcionamiento de la glándula. “También existen otros síntomas como los cambios abruptos en el humor, la dificultad para subir de peso, problemas para conciliar el sueño, sudoración e hipertensión arterial”, explicó.
Estas manifestaciones pueden relacionarse con el hipertiroidismo, cuando la tiroides produce hormonas en exceso, o con el hipotiroidismo, cuando produce menos de lo necesario. No confirman un cáncer, pero requieren una consulta si persisten o se acompañan de cambios visibles en el cuello.
La American Cancer Society señala que los nódulos tiroideos pueden ser quistes con líquido, acumulaciones de coloide —una sustancia que almacena hormona tiroidea— o lesiones sólidas. Aunque los nódulos sólidos tienen una probabilidad mayor de ser malignos que los quísticos, la mayoría tampoco corresponde a un cáncer.
El abordaje actual reconoce que los tumores tiroideos pueden tener evoluciones diferentes. En algunos microcarcinomas papilares de bajo riesgo, pequeños y localizados dentro de la glándula, los médicos pueden indicar vigilancia activa en vez de una operación inmediata.

La estrategia contempla ecografías y consultas programadas para detectar crecimiento u otra modificación relevante. “En algunos microcarcinomas papilares de muy bajo riesgo, pequeños y localizados dentro de la glándula, puede indicarse vigilancia activa”, sostuvo Maffei.
La vigilancia activa implica controles definidos. Si el tumor cambia, el equipo médico puede reconsiderar la necesidad de operar.
La cirugía y las terapias se indican según el tipo y el riesgo del tumor
Cuando se indica una operación, no todos los pacientes necesitan el mismo procedimiento. En algunos tumores localizados puede alcanzar con retirar el lóbulo comprometido; en otros casos, se requiere una cirugía más amplia.
Sinagra explicó que “el tratamiento para el cáncer de tiroides generalmente implica cirugía para extirpar la glándula tiroides afectada, seguida de terapia con yodo radiactivo, radioterapia o terapia dirigida según el tipo y la etapa del cáncer”.
El yodo radiactivo se utiliza después de determinadas cirugías para eliminar posibles restos de tejido tiroideo o células tumorales. “También se indica de manera más selectiva y según el riesgo de persistencia o recurrencia”, indicó Maffei.
La mayoría de los casos corresponde a cánceres diferenciados de tiroides, como el papilar y el folicular, que suelen tener un pronóstico favorable con diagnóstico y tratamiento adecuados. Para los cuadros avanzados o resistentes al yodo radiactivo, los estudios genéticos pueden identificar alteraciones como RET, NTRK o BRAF.
De acuerdo con Mayo Clinic, el cáncer papilar es el tipo más frecuente y suele crecer lentamente. La American Cancer Society precisa que los tumores papilares y foliculares integran el grupo de los cánceres diferenciados de tiroides, mientras que los tipos medular y anaplásico son menos frecuentes. Este último puede crecer con rapidez y requiere un abordaje especializado.
“La identificación de alteraciones como RET, NTRK o BRAF puede permitir el uso de medicamentos dirigidos específicamente contra los mecanismos que favorecen el crecimiento tumoral”, explicó Maffei. Estas terapias se indican solo cuando los estudios confirman que el tumor presenta la alteración correspondiente.
Ante un bulto en el cuello, cambios de voz persistentes, dificultad para tragar o ganglios aumentados de tamaño, corresponde consultar con un profesional médico.




