(Facebook: Carlitos Balá)

“¡Ea-ea-ea pe-pé!”. Bastaban esas pocas palabras para que apareciera Carlitos Balá. No hacía falta verlo: alcanzaban la voz, el ritmo, una de esas expresiones que habían pasado de la televisión a las conversaciones cotidianas para que su prolijo flequillo (o el famoso “corte taza”) aparecieran. Después podían venir expresiones comosumbudrule, “Angueto, quedate quieto”, “un kilo y dos pancitos” o aquella pregunta que durante años tuvo una respuesta obvia: “¿Qué gusto tiene la sal?“. Su repertorio había quedado incorporado al lenguaje de varias generaciones.

El hombre detrás de ese personaje había nacido como Carlos Salim Balaá, en Chacarita, el 13 de agosto de 1925. Antes de los grandes estudios de televisión y de los programas infantiles hubo colectivos, algunas changas, una murga y una vocación a la que le tomó un tiempo convertirse en profesión. Hasta llegar a su destino: el público infantil.

El 22 de septiembre de 2022, después de haber cumplido 97 años apenas unas semanas antes, Carlitos Balá murió en el Sanatorio Güemes. Había sido internado por una descompensación.

Carlitos Balá recibió un reconocimiento a su trayectoria en los premios Martín Fierro de 2011, uno de los homenajes que recibió después de más de seis décadas de carrera (Carlitos Bala Oficial)

El 39, la radio y el salto profesional

Mucho antes de convertirse en una figura conocida, Carlitos había encontrado un escenario en el colectivo. En la línea 39, que recorría buena parte de su barrio y sus alrededores, contaba chistes y hacía monólogos para los pasajeros. Esta experiencia, que comenzó como un método autoimpuesto para vencer una profunda timidez, le permitió probar sus ocurrencias frente a un público que no estaba ahí para escucharlo pero que fue, sin saberlo, testigo de lo que estaba floreciendo en la comedia argentina.

Entre esas improvisaciones, lanzaba frases absurdas como: “¡Dejen bajar primero a los que suben!”, para descolocar a la gente. En esa época de juventud, también trabajó como repartidor, empleado administrativo y peón de imprenta para ganarse la vida.

Antes de consolidar el nombre con el que sería conocido, participó en un concurso radial en Radio Splendid bajo el seudónimo Carlos Valdez. Había cambiado su apellido original para que su padre, Mustafá, un inmigrante sirio muy rígido que no aprobaba el mundo del espectáculo, no lo reconociera al escucharlo al aire. Luego adoptó el nombre artístico con el que se inmortalizó, Carlitos Balá, que no era más que una versión abreviada de su apellido real.

Carlitos Balá como Canuto Cañete: en esa etapa consolidó los personajes y recursos humorísticos que luego lo acercarían al público infantil

El salto profesional definitivo llegó en 1955, cuando fue incorporado al exitoso programa de Radio Splendid La revista dislocada, creado por Délfor Dicásolo. Allí comenzó interpretando a un nervioso gerente de publicidad de Jabón Federal y compartió elenco con otras figuras que luego también se consagrarían. Poco después formó, junto a Alberto Locati y Jorge Marchesini, el trío cómico “Los Tres”. El grupo alcanzó una enorme popularidad en Radio El Mundo junto a Antonio Carrizo, lo que los llevó a hacer temporadas teatrales en la Calle Corrientes y a debutar en la pantalla chica en 1958 con El show de IKA.

La televisión de los años 60 encontró a Balá convertido en un humorista con identidad propia. Tras un gran éxito popular interpretando al personaje de historietas Joe Bazooka en La telekermese musical en 1962, pasó a encabezar sus propios ciclos. Durante esa década lideró programas como Balamicina, El soldado Balá, El flequillo de Balá, El clan Balá y Balabasadas. Su humor se apoyaba en la creación de personajes, juegos de palabras, sketches telefónicos y gesticulaciones físicas, consolidando una comicidad sana y apta para toda la familia.

Entre 1963 y 1965 protagonizó tres películas consecutivas encarnando a Canuto Cañete, un personaje torpe y asustadizo que llevó su estilo de humor a la pantalla grande y se convirtió en un gran éxito de taquilla: Canuto Cañete, conscripto del siete; Canuto Cañete y los 40 ladrones y Canuto Cañete, detective privado. Tras este éxito, Balá continuó con una extensa filmografía nacional que incluyó recordadas comedias costumbristas y colaboraciones junto a varias de las figuras más populares de la época.

En sus últimos años, Carlitos compartió espectáculos con Laura “Panam” Franco. Su participación en

Del humorista al ídolo de los chicos

Durante los años 60, los personajes, los juegos de palabras y la gestualidad de Balá empezaron a atraer a un público cada vez más joven. Sus ciclos televisivos tenían un tono familiar, aunque el vínculo con los chicos se consolidó cuando llevó ese universo fuera del estudio, a funciones teatrales, giras y espectáculos de circo.

El Circus Show de Carlitos Balá le permitió encontrarse cara a cara con ese público en escenarios de distintas ciudades. Allí, el flequillo recto, los gestos, las canciones y los personajes dejaron de depender de la televisión y pasaron a formar parte de una identidad reconocible para los chicos y sus familias.

En 1979, llegó El show de Carlitos Balá, que llevó esa relación a una nueva escala. El ciclo, emitido por el viejo canal estatal ATC en una franja central de la programación, presentaba sketches, canciones, juegos e interacción con el público. También instaló el chupetómetro, un cilindro transparente de unos dos metros de altura en el que los chicos dejaban sus chupetes para siempre. Ese gesto representaba casi una ofrenda en la que niños y niñas le entregaban por sí mismos sus más preciados objetos.

Balá contó que había creado el Chupetómetro junto a su productor, después de consultar con pediatras sobre las consecuencias del uso prolongado del chupete. Primero, los chicos los depositaban en una canasta y luego él los colocaba en el gran recipiente, para el que debía subir a una escalera. Con el tiempo, el cilindro quedó asociado a uno de los primeros desprendimientos de la infancia y a la confianza que el humorista había construido con su público.

Esa cercanía también se apoyaba en un repertorio que los chicos podían repetir y reconocer. La frase “¿Qué gusto tiene la sal?” surgió de una conversación con un chico en una playa de Mar del Plata en 1969, según él mismo contó. A esa pregunta se sumaron personajes como el Indeciso, el Mago Mersoni y Angueto, el perro invisible, además de expresiones que sobrevivieron a los programas y pasaron de una generación a otra.

Carlitos no se definía solo como un artista infantil. Entendía que sus personajes formaban parte del trabajo de un actor, aunque había encontrado en los chicos un público dispuesto a seguir sus juegos, responder sus preguntas y convertir sus frases en parte de la vida cotidiana.

Balá junto a su esposa, Martha Venturiello, a quien llamaba Marthita. Se casaron en 1962, después de siete años de noviazgo, y tuvieron dos hijos, Laura y Martín (Prensa Aguada)

El cine, Palito Ortega y los últimos años

Durante los años 70 y 80, continuó alternando televisión y cine. Entre sus trabajos en la pantalla grande estuvieron Dos locos en el aire (1976), Brigada en acción (1977), El tío Disparate (1978), Vivir con alegría (1979), Locos por la música (1980), ¡Qué linda es mi familia! (1980), Cosa de locos (1981) y Tres alegres fugitivos (1988). Compartió varias de esas producciones con Palito Ortega, quien dirigió Dos locos en el aire, Brigada en acción y El tío Disparate, esta última con guion de Juan Carlos Mesa.

La última etapa de su carrera no significó una despedida del público. Aunque dejó de tener la presencia televisiva constante de décadas anteriores, siguió participando en espectáculos, homenajes y apariciones especiales. El Chupetómetro volvió a la pantalla en 2009, cuando se lo cedió a Julián Weich para su programa Justo a tiempo. Dos años más tarde participó como invitado en Panam y circo, junto a Laura Franco, y volvió a encontrarse con una generación de chicos que no había vivido el auge de sus ciclos televisivos.

En esos años recibió varias distinciones. En 2011 obtuvo un reconocimiento a la trayectoria en los premios Martín Fierro. En 2016 visitó al papa Francisco en el Vaticano y recibió en Roma la distinción de Embajador de la Paz, otorgada por la Red Voz por la Paz. Al año siguiente, la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires lo declaró Ciudadano Ilustre.

Carlitos Balá saludó al papa Francisco durante una visita al Vaticano en 2016. Ese año recibió en Roma la distinción de Embajador de la Paz, otorgada por la Red Voz por la Paz (Télam)

Su vida personal transcurrió lejos de la exposición permanente. Estuvo casado con Martha Venturiello desde 1962 y tuvo dos hijos, Laura y Martín. La familia acompañó las distintas etapas de una carrera que lo convirtió en una presencia habitual para varias generaciones.

En agosto de 2022 había cumplido 97 años. El 22 de septiembre fue internado en el Sanatorio Güemes tras sufrir una descompensación vinculada a un cuadro de hipotensión. Murió horas después. Al día siguiente, sus restos fueron velados en la Legislatura porteña, donde familiares, colegas y admiradores se acercaron a despedirlo.

Su muerte cerró una trayectoria de más de seis décadas en radio, televisión, cine, teatro y circo. Sus frases, gestos y personajes, sin embargo, siguieron presentes en la memoria de quienes crecieron con sus programas.