Hoy, para mí, se va el primer artista que me conmovió hasta las lágrimas frente a sus cuadros. El Guernica de Picasso logró algo parecido pero no igual. La serie negra de Goya me produjo incomodidad y náuseas. Pero “Manos Anónimas” me hizo llorar de verdad. A ese nivel de “efectos emocionales” está para mí Alonso. ¿Cómo puede ser que un artista cuente con su trazo y de una manera tan extraordinaria el dolor, el horror, la muerte?

Pintor y dibujante enorme. Su obra es evocación artística y política y un gran ejercicio de la memoria.

Paloma, su hija, hoy tendría 70 años. No puedo dejar de pensar en esa joven secuestrada el 30 de julio de 1977 por la última dictadura militar y un padre exiliado que nunca más la volvió a ver. Un padre que volvió al país y llegó a Unquillo en 1982 para encontrarle un sentido a la vida y sanar a través del arte.

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En julio de 2014 hice esta nota. El mundo estaba atrás de una pelota en Brasil. Las calles de ese sábado estaban vacías.

Inauguraba una muestra en la Casa Museo Lino E. Spilimbergo y fui al lugar con pocas chances que me diga que sí a una entrevista.

- Maestro, soy Silvia de Canal Doce. ¿Podemos charlar, breve?

- Hola que tal?

Me dijo con ese porte enorme y su bastón en la mano.

- Sí, claro. Busquemos unas sillas y charlemos.

Hice la nota en la cocinita de la Casa Museo. Hacía mucho frío pero nada me importaba más que conversar con él.

Fue un día muy feliz. Era uno de mis sueños conocer al autor de esas pinturas que dialogaron por un instante (y para siempre) con lo más profundo de mi ser. Y que hoy deja un legado imprescindible para toda la humanidad.

Gracias Maestro.

Gracias Carlos Alonso