La CEPAL advirtió que un Niño extremo reduciría al menos 2% el PIB de América Latina y el Caribe en los próximos tres años.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) advirtió que un evento extremo de El Niño generará una pérdida acumulada de al menos 2% del Producto Interno Bruto (PIB) regional en los próximos tres años y sumará 4,8 millones de personas a la pobreza hacia finales de la década.

El organismo difundió un informe especial, titulado Los efectos del fenómeno El Niño en América Latina y el Caribe, que se apoya en proyecciones de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA). Según ese pronóstico, existe una probabilidad superior al 90% de que este ciclo climático alcance una intensidad muy fuerte durante el otoño e invierno boreal de 2026-2027.

A partir de ese escenario, la CEPAL detalla las consecuencias económicas, sociales y productivas que traería un episodio de esta magnitud. Sus estimaciones indican que la mitad de la contracción del PIB se concentraría durante el primer año de ocurrencia del fenómeno, mientras que el resto se distribuiría en los dos años siguientes.

Las altas temperaturas y la escasez hídrica elevarían el riesgo de cortes eléctricos y sobrecostos en Lima, São Paulo y Ciudad de México. (EP)

Se trataría de un evento de carácter histórico, cuyos efectos la entidad regional describe como “profundamente heterogéneos y persistentes” en materia de contracción económica, presiones inflacionarias y deterioro de sectores como la energía, la pesca y la agricultura.

Entre los rubros más vulnerables se ubica el suministro eléctrico. Las temperaturas elevadas incrementarán la demanda de electricidad en ciudades como Lima, São Paulo y Ciudad de México, al tiempo que la escasez hídrica multiplicará el riesgo de interrupciones en el servicio y sobrecostos operativos. La CEPAL atribuye esta fragilidad a una característica estructural de la matriz energética: en varios países, la generación hidroeléctrica supera el 70% del total, y más de la mitad de la capacidad instalada tiene más de 30 años de antigüedad.

Los antecedentes históricos citados en el documento anticipan además un golpe severo para la actividad pesquera. En episodios de intensidad comparable, las capturas regionales cayeron 52,7% entre 1972 y 1973, y 26,9% entre 1997 y 1998, cifras que el organismo toma como parámetro para dimensionar el riesgo actual sobre los recursos marinos.

La dependencia de la generación hidroeléctrica y la antigüedad de la infraestructura aumentan la vulnerabilidad energética regional ante El Niño.

La disponibilidad de alimentos constituye otro de los frentes señalados en el informe. Un análisis de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), incorporado al diagnóstico, calcula probabilidades superiores al 70% de que se registren sequías en los próximos meses en el Corredor Seco Centroamericano, Colombia y Venezuela, además de países del Caribe como Cuba, República Dominicana y Haití, donde la falta de lluvias amenazaría directamente las cosechas.

Frente a este panorama, se plantearon diez medidas dirigidas a los gobiernos de América Latina y el Caribe, entre las que figuran incorporar el riesgo climático como criterio permanente en el diseño de políticas públicas y destinar recursos a la protección de infraestructuras críticas. También se busca constituir fondos de reserva y fomentar la complementariedad entre fuentes de energía renovable.

José Manuel Salazar-Xirinachs, secretario ejecutivo de la CEPAL, sostuvo que “las respuestas adoptadas una vez declarada la emergencia son considerablemente más costosas que las medidas preventivas basadas en una adecuada anticipación”. El funcionario remarcó la necesidad de “pasar de una respuesta posterior a las pérdidas a una gestión anticipatoria del riesgo climático”.

(Con información de EFE)