El legado de César Paternosto, el artista que revolucionó la tradición geométrica con su sensibilidad prehispánica

Hace unas semanas el MACBA abrió una serie de muestras centradas en el arte geométrico, una marca de iddentidad del espacio, siendo la principal un homenaje, siempre merecido, a uno de los últimos grandes artistas argentinos: César Paternosto.

En dos plantas del espacio, se presenta La imaginación geométrica, una gran retrospectiva organizada junto con el Centro de Arte de la Universidad Nacional de La Plata, donde una versión de la muestra ya se presentó hasta junto de este año.

La exposición se ordena por núcleos temáticos y se organiza sobre una idea que atraviesa décadas de trabajo: su geometría no nace como una derivación de la vanguardia europea, sino como una búsqueda por reubicar la abstracción en América Latina.

Esa es la lectura que propuso la curadora Natalia Giglietti, al reconstruir el momento en que el artista quiso “americanizar la pintura” y desplazó el eje de su obra desde el informalismo hacia un lenguaje sostenido por el territorio, la materia y las tradiciones visuales andinas.

El MACBA presenta “La imaginación geométrica” hasta el 9 de noviembre

En ese recorrido, Giglietti subrayó una pieza documental que redefine la muestra: el diario de viaje de Paternosto a Cusco, realizado entre 1977 y 1979, donde registró anotaciones y dibujos sobre el ensamblaje de las piedras en las construcciones incas. De esa investigación surgió después Piedra abstracta, el libro publicado en 1989 en el que formuló una hipótesis sobre el origen de la abstracción en la región.

La curadora situó el primer quiebre en los años sesenta, cuando el artista decidió apartarse del grupo Sí y revisar su relación con la tradición informalista. “Él se quería ir del grupo, porque le parecía como demasiado importado, un modelo bastante europeo, quería dejar de copiar a Tápies”, explicó durante la visita, antes de describir su desplazamiento hacia el Museo de Ciencias Naturales de La Plata para estudiar motivos prehispánicos, en especial de la cultura de La Aguada.

Giglietti dijo que ese movimiento produjo una mezcla entre los empastes y esgrafiados heredados del informalismo y una nueva serie de signos geométricos tomados de las piezas arqueológicas. En ese punto, resumió el giro con una frase del propio Paternosto: “Quiero americanizar la pintura”.

La tesis curatorial se apoya en una noción que Giglietti retomó de Aldo Pellegrini, quien escribió sobre una exposición de Paternosto en la galería Lirolay junto a Alejandro Puente: la “geometría sensible”, que le sirvió para pensar una obra que se apartaba de los concretos de los años 40 y también de la reducción minimalista, porque devolvía protagonismo al trazo, al color y a la presencia del artista.

Una serie de obras raras, antes de su inmersión en la abstracción geométrica

Según explicó a Infobae Cultura, esa sensibilidad no quedó restringida a un problema formal. La muestra la extiende a una dimensión histórica y territorial: “Lo situamos territorialmente con América Latina, con Sudamérica y con todo lo que Paternosto también llama el paradigma amerindio”.

Paternosto, sostuvo la curadora, encontró en Cusco una forma distinta de pensar la abstracción. “Acá hay una abstracción genuina, una abstracción distinta, que no es la de la vanguardia europea, que no es Kandinsky”, dijo Giglietti al resumir el hallazgo que el artista creyó ver en la arquitectura inca, vinculada para él con el territorio, el cuerpo y la simbología.

Esa lectura se prolongó en Piedra abstracta, un libro que “no ha circulado mucho”, aunque hoy adquiere otra gravitación. Allí Paternosto plantea que la abstracción latinoamericana en las culturas originarias tiene su base en la retícula textil, anterior a la cerámica. “Ahí está el grado cero de la abstracción en América Latina”, citó Giglietti.

El recorrido incluye sus primeras pinturas-objeto, el desarrollo de su visión lateral y sus investigaciones sobre tradiciones visuales andinas. Paternosto es presentado como uno de los principales referentes de la abstracción latinoamericana y una figura decisiva en la renovación de la tradición geométrica a partir de su reflexión sobre color, forma y espacio. En 2026, la Universidad Nacional de La Plata le otorgó el título de Doctor Honoris Causa por su trayectoria y su aporte al arte argentino y latinoamericano. Esta muestra es un recorte de la que se presentó en el espacio, también con curaduría de Giglietti.

El recorrido incluye sus primeras pinturas-objeto, el desarrollo de su visión lateral y sus investigaciones sobre tradiciones visuales andinas

La retrospectiva también reconstruye cómo las teorías del artista convivieron con sus transformaciones plásticas decisivas. Antes de mudarse a Nueva York en 1968, ciudad donde vivió más de 30 años, ya trabajaba con los llamados bastidores con forma. Giglietti recordó además que una obra de 1965 pertenece al Museo Provincial de Bellas Artes Emilio Pettoruti y que en 1966 el MoMA compró su primera pieza, hoy parte de la colección del museo.

La curadora propuso leer esos bastidores no solo en relación con los shaped canvas estadounidenses, sino dentro de una genealogía rioplatense enlazada con el arte concreto, el madí y Joaquín Torres García. Allí, señaló, “la pintura empieza a entrar en diálogo con el muro y con la arquitectura hasta afirmarse como objeto”.

Ese problema derivó luego en una de las series centrales de su trayectoria. Giglietti relató que en 1969, después de una siesta con sus hijas, Paternosto hizo un boceto en una hoja escolar con ceritas y pintó el borde del papel. De ese gesto nació lo que llamó “visión oblicua o visión lateral”, una forma de discutir la tradición occidental que privilegia el frente como punto de vista.

La curadora vinculó ese desarrollo con otra escena reveladora: el escrito que Paternosto envió ese mismo año a Clement Greenberg. Según contó, la respuesta del crítico fue tajante: “No, no, eso no lo voy a leer, porque los artistas tienen que producir, no tienen que escribir”.

La visión oblicua atraviesa incluso series tardías como Hilos de agua y dialoga con esculturas producidas entre 2000 y 2020

Para Giglietti, esa negativa no interrumpe un rasgo de fondo de la trayectoria de Paternosto: la escritura como parte constitutiva de su trabajo y el modo en que produjo pensamiento al mismo tiempo que pintura.

Esa dimensión intelectual, dijo, quedó durante años algo relegada frente a su obra visual. La retrospectiva busca corregir ese desbalance al exhibir libros, textos, fotografías y el diario de viaje, de modo que la reflexión teórica aparezca como una línea continua y no como un complemento tardío.

La exposición enlaza además obras de los años ochenta, noventa y 2000 con investigaciones que venían de mucho antes. Giglietti mencionó los pórticos, los vacíos, los bastidores con forma redimensionados desde la década del ochenta, las esculturas en cemento, las tintas y las construcciones en papel como parte de una misma insistencia espacial.

En esa lectura, la visión oblicua atraviesa incluso series tardías como Hilos de agua y dialoga con esculturas producidas entre 2000 y 2020. “Sigue trabajando con esta idea de la proyección en el espacio, de la visión oblicua”, señaló, al vincular esas piezas recientes con sus estudios sobre la Bauhaus, Moholy-Nagy y las lógicas constructivas de los monumentos incas.

Además, en la planta baja del espacio de San Telmo se puede visitar otra muestra centrada en lo geométrico: Superficie y presencia, la primera exposición individual en América Latina del artista alemán Gerold Miller (Altshausen, 1961), que reúne obras recientes de las series Set y Verstärker.

El núcleo de ese trabajo pone en tensión los límites entre pintura, escultura y arquitectura para explorar la relación entre imagen, objeto, espacio y percepción.

Miller estudió escultura entre 1984 y 1989 en la Academia Estatal de Bellas Artes de Stuttgart. Su obra integra colecciones de instituciones como la Nationalgalerie de Berlín, el Louisiana Museum of Modern Art, el New Orleans Museum of Art, la Hamburger Kunsthalle, el Kunstmuseum Stuttgart, el Lenbachhaus de Múnich y el MAMbo de Bolonia. El artista vive y trabaja entre Berlín y Pistoia, en Italia.

También, ya en el campo de la figuración, se puede visitar Curada de espanto, la primera institucional de Ornella Pocetti y en el espacio MACBA Kabinet, ubicado en el sexto piso, se encuentra ¿Cómo suenan las lágrimas antes de secarse?, de la artista chileno-peruana Ivana de Vivanco.

*Las muestras pueden visitarse hasta el 9 de noviembre en avenida San Juan 328, CABA, mientras que el espacio MACBA Kabinet permanecerá hasta el 30 de septiembre. Lunes a viernes, sábados, domingos y feriados de 12.00 a 19.00 h Martes cerrado. Entradas: $10.000; Estudiantes, docentes y jubiladxs acreditadxs: $5.000; Niños de 6 a 12 años: $5.000; Menores de 6 años y personas con discapacidad: sin cargo y miércoles: entrada general $5.000 y categorías con descuentos especiales. Hasta el 9 de noviembre.