China lleva 48 años plantando árboles para frenar el desierto. Ahora se enfrenta a una paradoja: también está agotando el agua

Desde el año 1978, China ha destacado por plantar miles de millones de árboles a lo largo de miles de kilómetros para frenar el avance del desierto de Gobi. Sin embargo, este monumental proyecto, conocido como el programa de los "Tres Nortes", se enfrenta a una paradoja ecológica, puesto que en las zonas áridas y semiáridas, la forestación masiva ha provocado efectos hidrológicos adversos, reduciendo drásticamente la recarga de los acuíferos y provocando una disminución en los niveles freáticos. 

El dilema del agua. Plantar un árbol para cualquier persona puede ser una grandísima idea, pero la hidrología dicta sus propias normas, puesto que en regiones donde el clima no acompaña, la vegetación actúa como un sistema de extracción constante. Por ejemplo, la revegetación extensiva en lugares como la meseta de Loess, donde las precipitaciones anuales son inferiores a 400 milímetros, está llevando el uso del agua a límites cercanos o superiores a la recarga natural disponible. 

Esto es un grave problema, puesto que a largo plazo puede llegar a ser insostenible, ya que los programas de forestación en regiones que son áridas pueden agravar la escasez de agua local. Y al estudiar el proceso de restauración vegetal en zonas del programa de los Tres Nortes, se ha comprobado que la cubierta arbórea reduce drásticamente la recarga profunda del suelo en comparación con el suelo desnudo, un efecto que se agudiza de forma crítica durante los años secos. 

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