Durante años, China ha convertido la inteligencia artificial y la robótica en dos de las grandes apuestas de su política industrial. Basta con mirar a los robots humanoides: cada vez más empresas trabajan en máquinas que aspiran a salir de las demostraciones y encontrar tareas útiles en fábricas y otros entornos. Multiplicar proyectos puede contribuir a acelerar los avances, pero también plantea una pregunta menos vistosa que la de qué será capaz de hacer el próximo robot. ¿Qué ocurre cuando demasiados actores intentan desarrollar lo mismo al mismo tiempo?
Una advertencia desde Pekín. Ese interrogante cobra sentido con las directrices publicadas este 9 de octubre por el Comité Central del Partido Comunista de China y el Consejo de Estado. El documento mantiene la apuesta por el desarrollo de tecnologías avanzadas, pero también pide evitar inversiones a ciegas, burbujas y proyectos impulsados sin atender a las condiciones de cada territorio. La advertencia no se limita a la robótica ni supone una prohibición general de invertir en tecnología. El objetivo declarado por las autoridades es evitar que esa expansión termine generando gastos injustificados.
El problema de invertir a ciegas. Que una tecnología esté de moda no significa que cualquier ciudad necesite desarrollar una industria alrededor de ella. Ese es precisamente uno de los comportamientos cuestionados: administraciones que replican las apuestas de otras regiones, ponen en marcha proyectos siguiendo las tendencias o compiten por captar inversiones sin valorar suficientemente sus recursos. La crítica procede de las propias autoridades chinas, que también advierten del riesgo de desatender las industrias tradicionales mientras se persiguen las nuevas.
Un intento de corregir el rumbo. La preocupación por estas prácticas tiene un trasfondo político e industrial. Xi Jinping introdujo en 2023 el concepto de “nuevas fuerzas productivas”, que abarca tanto la innovación tecnológica como la modernización de la economía. Tres años después, el organismo de planificación reconoce problemas en la aplicación de esa estrategia. En particular, señala que algunas administraciones se han centrado en promover industrias emergentes sin acompañar ese esfuerzo de las reformas económicas previstas. No ofrece, sin embargo, un balance cuantificado de los costes asociados a esos desequilibrios.
Los humanoides ya habían encendido alarmas. La robótica ofrece un antecedente concreto. Reuters recuerda que en noviembre de 2025, Li Chao, portavoz de ese organismo, advirtió de que la proliferación de modelos demasiado parecidos podía reducir el espacio para la investigación y el desarrollo. En aquel momento, las autoridades contabilizaban más de 150 empresas dedicadas a los humanoides en el país, más de la mitad emergentes o procedentes de otros sectores. También reconocían que las aplicaciones prácticas y los modelos de negocio de estas máquinas todavía no habían alcanzado la madurez.
La inteligencia artificial sigue siendo prioritaria. El mismo documento que advierte sobre los excesos de inversión dedica un apartado específico a ampliar el uso de esta tecnología. A través de la iniciativa IA+, Pekín pretende acelerar su aplicación en las industrias tradicionales, reforzar la investigación en tecnologías fundamentales y mejorar el suministro de capacidad de cálculo, algoritmos y datos. También contempla extender su utilización a vehículos de nueva energía inteligentes y conectados, teléfonos y ordenadores con IA, así como robots humanoides.




