Pasaron casi 40 años desde que un grupo de mujeres y disidencias decidió reunirse para debatir el país que querían. Cinco voces de la mano de Católicas por el Derecho a Decidir cuentan qué cambió, qué sigue pendiente y por qué vuelven a las calles el 10, 11 y 12 de octubre.

El primer Encuentro se realizó en 1986. Hacía apenas tres años que Argentina había recuperado la democracia. Este año, se celebra la edición número 39. ¿Qué pasó en el medio? Pasaron las calles, los pañuelos, las leyes y los retrocesos.

Pasó una generación entera de mujeres y diversidades que aprendió a ocupar espacios que les eran negados. Y pasó algo más incómodo: la certeza de que ningún derecho queda ganado para siempre.

El Encuentro Plurinacional vuelve a Córdoba en un contexto que muchas describen como hostil: desalojos, recortes, discursos de odio. Para llegar a este panorama, conversamos con cinco mujeres que se vinculan con CDD, una organización que hace años sostiene algo que parecía imposible: que se puede creer y, al mismo tiempo, defender el derecho a decidir.

La memoria: «Nos acusaban de asesinas en las calles»

Keka Bosio, referente histórica de CDD, llegó a su primer Encuentro en 2004, al XIX, en Mendoza. Era la época en que se gestaba la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, y ese reclamo atravesaba todo. Participaron 15.000 mujeres. Ahora, se esperan 200.000 mil.

También estaba, fuerte, la reacción. «Había un activismo muy grande de sectores católicos fundamentalistas, que se metían en los talleres imponiendo, muchas veces con violencia, su rechazo a la agenda de los derechos sexuales y reproductivos», recuerda. Las escuelas aparecían pintadas con consignas violentas. En las calles, las acusaban de «asesinas».

En los talleres de anticoncepción y aborto, las feministas tenían que gritar, parándose arriba de los bancos, para que la voz de la mayoría no quedara tapada por un grupo mínimo que no se nombraba católico sino «pro vida». Un grupo, cuenta Keka, que se victimizaba y amenazaba con denuncias si sus posiciones no entraban en las conclusiones.

Keka Bosio, referente histórica de CDD, llegó a su primer Encuentro en 2004, al XIX, en Mendoza.

Ellas llegaron con los pañuelos verdes. Pero repartirlos no era fácil. «Teníamos los argumentos, pero era muy difícil que los colectivos de los partidos políticos o los feminismos de base tomaran la consigna del derecho al aborto.»

Otra consigna de entonces era la del Estado laico. Una frase que Keka todavía repite: tu boca es fundamental para luchar contra los fundamentalismos. Se la escribían en una boca gigante pintada en la cara.

¿Qué cambió? Mucho. ¿Qué no? «Después de 22 años, los fundamentalismos religiosos y políticos siguen activos en lo que se refiere a nuestra agenda de derechos sexuales.»

El territorio: «Somos preexistentes a cualquier gobierno»

Para Gaby Sitúe, que trabaja en alianza con CDD, que el Encuentro sea plurinacional no es una etiqueta. «Es la forma de reunirnos entre las hermanas de todas las provincias, de cada espacio de los pueblos indígenas. Significa la diversidad que forma el Encuentro.» Y también significa llevar las voces de quienes no pueden viajar a Córdoba, y las necesidades de sus comunidades.

Gaby llega con una agenda concreta. «Cada día hay desalojos en Argentina. Sabíamos que este gobierno venía por nuestros derechos ancestrales.» Por eso quiere estar en todos los talleres: escuchar, debatir, llevar propuestas y poner en agenda a los pueblos indígenas, empezando por el territorio.

Gaby Sitúe, referente indígena

La mirada que traen las mujeres indígenas, dice, es «ancestral, descolonial». Y estratégica, aun cuando los debates no giren en torno a sus propuestas.

Hay una demanda política precisa. De cara a 2027, quieren «un gobierno que incluya a todos los pueblos indígenas». No un instituto de asuntos indígenas, sino un ministerio. «Desde Jujuy a Tierra del Fuego hay pueblos indígenas. Somos preexistentes a cualquier gobierno.» Y quieren que eso quede escrito en el documento final del Encuentro, el que se lee en el cierre.

El derecho: «Muchas de las conquistas son una ficción»

Marta B. Paniagua, de la Guardia de Abogadas Feministas de CDD, reconoce el aporte de los Encuentros a las conquistas legales. Reforzaron, año a año, una lucha en las calles que se replicó por todo el país. Menciona dos ejemplos: la ley IARA, en Jujuy, que declaró la emergencia en violencia por motivos de género, y la ley de interrupción voluntaria del embarazo, que «nace de los albores de esos encuentros».

Pero enseguida marca el límite. Muchos de los derechos que damos por conquistados, advierte, «en realidad son una ficción»: existen en las normas, pero no se cumplen. Se crearon juzgados y fiscalías de género y, sin embargo, las respuestas siguen siendo parciales, pensadas «para aplacar la violencia» y no para resolverla.

Un caso concreto: la Ley 26.485 incorporó la violencia digital en 2023, pero casi no se aplica. En plena era de la inteligencia artificial, Marta no lee sentencias que sancionen estas nuevas formas de violencia. Lo que ve son resoluciones estandarizadas, siempre las mismas: prohibición de acercamiento, prohibición de actos molestos.

Marta B. Paniagua, Guardia de Abogadas Feministas de CDD.

La violencia económica y las tareas de cuidado tampoco reciben respuesta. Aunque forman parte del Código Civil y Comercial, el reconocimiento económico del cuidado todavía no se traduce en un proyecto de vida digna en la vejez. Y parámetros como la canasta de crianza siguen sin ser reconocidos en las sentencias.

Con un discurso de odio, misógino y homofóbico que gana espacio, Marta es clara: «No permite que permanezcamos tranquilas. Debemos permanecer vigilantes, porque mientras no tengan una presencia fuerte, están en riesgo.»

La fe: «No vamos a juzgar a nadie. Ya hemos estado en ese lugar»

Para Meli Sánchez, trabajadora social y feminista cristiana, la fe fue siempre un horizonte de búsqueda. Cita la Carta a los Hebreos: la fe es «la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve».

El motor de su feminismo, cuenta, fueron «las injusticias y la bronca de lo vivido como mujer en los espacios religiosos» a los que perteneció. El feminismo le dio palabras para nombrar la violencia, el abuso y la opresión. Y también para imaginar otros horizontes: «presentes y futuros diversos, amorosos, con cuidados, acuerpados y hermanados».

Meli Sánchez, trabajadora social y feminista cristiana

No fue un camino lineal. Hubo un tiempo en que el daño la alejó de esos espacios. Volver a sentirse parte le costó. Pudo hacer dialogar fe y feminismo muchos años después, desde el ámbito académico, que fue su manera de reencontrarse con esa comunidad «ya no desde el dolor, sino desde la comprensión y las ganas de aportar algo a ese diálogo».

A las mujeres evangélicas y creyentes que todavía miran el Encuentro con desconfianza, les deja una invitación. Si hay una pregunta que sienten que es una herejía, o una angustia en el cuerpo que creen que solo otra mujer puede entender, que se acerquen a la carpa de Sororidad y Fe, o que las busquen en redes. «No vamos a juzgar a nadie. Ya hemos estado en ese lugar.»

La juventud: «Somos un montón y estamos en todos lados»

Para Luz Oliva, de la juventud de CDD, este Encuentro tiene un sabor distinto: es el primero al que va. Llega «con muchas expectativas».

Lo que espera es, en principio, algo muy concreto: encontrarse cara a cara con militantes de otros lugares del país, con años de trayectoria, y escucharlas. «Sería muy lindo», dice.

Pero hay algo más. Luz sabe, por la militancia y por las redes que ya tiene en distintas provincias, que no está sola. Lo que busca es que el Encuentro se lo recuerde con el cuerpo. «El reencuentro y el encuentro nos recuerda lo acompañadas que estamos y que somos un montón las que queremos realizar cambios y las que nos conmovemos ante las realidades de lxs otrxs.»

Luz Oliva, juventud de CDD

¿Qué traen las juventudes? Creatividad y energía, responde, aunque admite que el contexto pesa: están todes y todas cansadas entre el trabajo, el estudio y la militancia. Pero también traen nuevas formas de hacer política, temas que antes no se hablaban, discusiones y cuestionamientos que ponen sobre la mesa.

Y de las que llegaron antes, Luz dice aprender «muchísimo y todo el tiempo». Fueron las que abrieron los caminos y construyeron las redes que hoy lo hacen todo posible. De cara al sábado, lo resume en una sola palabra: ansiedad. «Estoy muy ansiosa por escucharlas, por el intercambio y por aprender.»

Lo que se repite

Entre 1986 y hoy cambió la magnitud de la convocatoria, cambiaron las leyes, cambiaron los nombres. Lo que se mantiene es la disputa: quién habla en nombre de la fe, quién define qué derechos valen, quién queda adentro del documento final.

Cinco miradas, cinco trayectorias. Un mismo espacio para debatir la realidad que queremos.

La entrada Cinco voces, un mismo Encuentro: la organización, el territorio y el derecho a decidir se publicó primero en El Resaltador.