El plan piloto --que fue rápidamente impugnado por un juzgado de Putumayo-- se dio a conocer días después de que el presidente de Colombia y el secretario de Estado estadounidense hablaran de medidas más enérgicas contra el narcotráfico.

Colombia comenzará a probar la aspersión aérea para erradicar los cultivos de coca, la materia prima que se usa para elaborar cocaína, por primera vez desde que el gobierno interrumpió una de las medidas antidrogas más controversiales del país hace más de una década, una medida que fue impugnada de inmediato por un juzgado local.

El anuncio se hizo dos días después de que el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, se reuniera con el presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, quien dijo que habían acordado "combatir frontalmente el narcoterrorismo".

El jueves, la Policía Nacional anunció que llevaría a cabo un plan piloto en la región sureña del Putumayo y que aplicaría un herbicida diferente al que se había utilizado en el pasado. Sin embargo, el viernes por la tarde, un juzgado de Putumayo suspendió temporalmente el plan, alegando que el gobierno no había dado suficiente información sobre los posibles riesgos. La suspensión es provisional, a la espera de que el tribunal revise el caso, y no es un fallo definitivo sobre la legalidad del plan.

Es probable que el nuevo plan reabra el debate sobre si la fumigación aérea de herbicidas causa riesgos inaceptables para las personas que viven en algunas de las zonas más pobres y remotas de Colombia. La práctica también ha sido criticada por ser ineficaz, puesto que los cultivadores de coca solo tienen que volver a sembrar las plantas.

Colombia había usado glifosato por años, pero el gobierno suspendió el programa en 2015 después de que la Organización Mundial de la Salud clasificara ese herbicida como "probablemente cancerígeno para los humanos". Pronto, el máximo tribunal de Colombia impuso condiciones estrictas a cualquier intento de reanudar la fumigación aérea.

Esta vez, Colombia usará glufosinato de amonio, un herbicida ampliamente utilizado en la agricultura. El experimento será temporal y estará diseñado para determinar si la aplicación aérea del herbicida es efectiva y segura, dijo la policía.

El gobierno de Donald Trump ha convertido el combate al narcotráfico y a los grupos criminales en su máxima prioridad en América Latina y ha presionado a los países de la región para que trabajen de manera cooperativa con Estados Unidos.

Rubio viajó a Colombia el martes como parte de una visita a tres naciones sudamericanas. La erradicación aérea de la coca iba a ser parte de su conversación con De la Espriella, según dos personas familiarizadas con el asunto que no estaban autorizadas para hablar públicamente.

La fumigación de coca también fue uno de los primeros temas que abordaron autoridades estadounidenses y colombianas luego de que De la Espriella, quien fue respaldado por el presidente Trump, fuera elegido en junio, dijeron funcionarios estadounidenses a The New York Times el mes pasado.

La reanudación de la fumigación se produce a medida que el cultivo de coca en Colombia ha alcanzado niveles históricos. La Organización de las Naciones Unidas estimó que el país tenía 261.000 hectáreas de coca en 2024, casi tres veces la superficie registrada cuando se suspendió la aspersión aérea en 2015.

El gobierno colombiano no respondió de inmediato a una solicitud de comentarios.

El gobierno ha declarado que la fumigación excluirá áreas ambientales protegidas, cuerpos de agua y territorios pertenecientes a comunidades afrocolombianas y otras comunidades protegidas.

La Organización Mundial de la Salud designa al glufosinato de amonio como un pesticida de Clase II, o moderadamente peligroso, una clasificación más severa que la del glifosato, el cual está etiquetado como una sustancia de Clase III, o ligeramente peligrosa.

La ingestión del herbicida ha sido asociada con complicaciones neurológicas graves, como convulsiones, pérdida de conocimiento y deterioro de la memoria. Existen menos datos sobre los efectos de una exposición de menor intensidad, como la que podría producirse al vivir cerca de una zona fumigada desde el aire.

Carlos Lozano, un experto ambiental colombiano, criticó lo que dijo que era una falta de transparencia del gobierno.

"La fumigación con glifosato ya era problemática", dijo. "La pregunta más importante para el gobierno, y no la contestado, es ¿por qué cambió la molécula a una más riesgosa?".

El glufosinato de amonio no ha sido clasificado como un carcinógeno humano por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, pero la Unión Europea (UE) ha adoptado un enfoque más restrictivo. La aprobación de la UE del glufosinato expiró en 2018, y bajo las regulaciones europeas la sustancia está clasificada como tóxica para la reproducción.

Los estudios sobre el anterior programa de erradicación de Colombia han arrojado resultados contradictorios.

Un estudio de 2009 realizado por investigadores del Instituto Nacional de Salud de Colombia no encontró relación entre la aspersión aérea y un impacto en la salud humana.

Pero en un estudio de 2015, dos economistas, Adriana Camacho y Daniel Mejía, analizando cinco años de registros de salud individuales y la variación en la aspersión a lo largo de los municipios colombianos, encontraron que la exposición a la fumigación aérea estaba asociada con enfermedades dermatológicas y respiratorias y con abortos espontáneos.

Su investigación fue citada por la Corte Suprema en su decisión de prohibir la fumigación aérea.

Sin embargo, Mejía dijo que cree que el aumento en el cultivo de coca y la producción de cocaína justifica la reanudación de la aspersión, siempre y cuando el gobierno tome precauciones para minimizar los costos para la salud y el medioambiente.

Dijo que apoya la realización de un plan piloto por parte de la policía, aunque preferiría que cualquier evaluación fuera realizada de manera independiente en lugar de que la haga el gobierno.

"El gobierno se ve enfrentado a un problema difícil, un aumento desbordado de los cultivos de hoja de coca, de la producción potencial de cocaína", dijo. "Me parece que está bien que la policía haga un piloto y evalúe de manera muy rigurosa".

Pero Diana Buitrago, una ambientalista en Putumayo, el departamento donde se llevará a cabo el plan piloto, dijo que el anuncio había generado una enorme ansiedad entre los residentes.

"Con esos herbicidas ellos no clasifican si eso es coca o si es un árbol, o si es un frutal amazónico o si es un cultivo de pancoger para las comunidades", dijo. "La primera impresión es sentir muchísimo temor al respecto de las fumigaciones, porque saben que todo se muere".

Las comunidades afectadas, agregó, no habían sido consultadas por el gobierno.

"No ha habido una mesa de diálogo con las personas, abriendo la posibilidad de escuchar", dijo. "Todo ha sido demasiado demasiado rápido y sin ninguna posibilidad de que se pueda considerar otra opción".

Annie Correal colaboró con reportería

Genevieve Glatsky es una reportera del Times radicada en Bogotá.

Annie Correal colaboró con reportería