El paisajismo está en pleno auge y diseñar un cantero con plantas nativas puede tener un doble beneficio: aportar textura y movimiento silvestre al hogar como así también tener un alto compromiso ambiental, favoreciendo la aparición de polinizadores y creando un ecosistema autosustentable.

La valoración de nuestra flora autóctona crece día a día por su gran adaptabilidad al clima y al suelo, que significa un mantenimiento básico y sencillo. Esto se debe a que esas plantas propias de la Argentina necesitan poca agua y no requieren de agroquímicos para contrarrestar las plagas.

Además, a diferencia de los jardines o canteros tradicionales, el diseño con plantas nativas aporta un color tras otro y pasa a ser un verdadero refugio de mariposas, abejas o pájaros, generando una estética que puede ser la envidia de cualquier paisajista.

En este marco, desde la cuenta @chapuvivero, la creadora de contenido Romi Martin, especialista en jardinería, paisajismo y botánica, nos describe cómo podría ser un hermoso cantero íntegramente lleno de plantas autóctonas, haciendo foco en 5 especies particulares.

Verbena y Salvia azul

En la línea trasera recomienda la Verbena bonaerense, también conocida como Verbena alta o argentina y cuyo nombre científico es Verbena bonariensis. Es una planta de tallos largos y finos que pueden crecer hasta el metro y medio.

La Verbena bonariensis es una de las nativas más tradicionales de Argentina (FOTO: Freepik).
La Verbena bonariensis es una de las nativas más tradicionales de Argentina (FOTO: Freepik).

Florece en primavera y en verano, se extiende hasta el fin del otoño y necesita muchas horas de sol directo. Es rústica, sus flores son violetas o púrpuras, requiere poco riego y tolera las sequías.

Inmediatamente se puede agregar la Salvia azul, que en realidad es la Salvia guaranítica. También florece desde la primavera hasta el otoño y también vive gracias al sol directo que le pega.

La Salvia azul, otra planta autóctona que le da color a nuestro cantero (FOTO: Freepik).
La Salvia azul, otra planta autóctona que le da color a nuestro cantero (FOTO: Freepik).

Muchos la llaman “imán de colibríes” ya que la forma de su flor, de color azul, parece diseñada especialmente para los pájaros picaflores. Se trata de un arbusto que puede ser de hasta dos metros de alto, con hojas verdes con aroma a anís.

El contraste de la Stipa

En tercer término, merece su lugar la Stipa, cuyo nombre científico es Nassella tenuissima. Es, según cuenta Romi Martin, la que le da movimiento y contraste a los colores. Algunos también la conocen como “cola de zorro” y es ideal para combinar con las dos anteriores.

La Stipa tiene un color verde claro y brillante en la primavera, y a medida que va avanzando el verano produce unas espigas plumosas doradas que, ya en el otoño y en el invierno, toman un color bronce que es un verdadero regalo para la vista.

En el centro del cantero puede ir la Stipa, que le aporta el movimiento y el contaste perfecto (FOTO: Freepik).
En el centro del cantero puede ir la Stipa, que le aporta el movimiento y el contaste perfecto (FOTO: Freepik).

Su porte es mucho más bajo que las verbenas y las salvias, también necesita sol directo al menos seis horas al día y soporta cualquier sequía; de hecho, su mayor problema es el exceso de agua en sus raíces.

La Vara de oro aporta el brillo

En el cuarto lugar, ya cerca de la primera línea, puede ir la llamada Vara de oro (Solidago chilensis para los especialistas). Es una planta nativa de un amarillo furioso, que aporta brillantez y color al jardín a partir de los últimos días del verano y hasta bien entrado el otoño.

Es una planta muy común en los pastizales pampeanos y es, también, un imán para los polinizadores. Eso sí, sus raíces suelen expandirse y por eso necesita mucho lugar para crecer.

Además, en la medicina casera se la conoce por sus potentes propiedades diuréticas, digestivas y antiinflamatorias. Necesita pleno sol para florecer con fuerza y prospera incluso en terrenos pobres y arenosos.

A prestarle atención al Senecio

Por último, en la línea delantera, en forma rastrera, puede ir el Senecio brasiliensis, que también es de flor amarilla y por eso popularmente se la conoce como margarita del campo. Tiene tallos erguidos de poco más de un metro, hojas de color verde oscuro de un lado y blanquecinas del otro y florece fuerte ya desde el inicio de la primavera.

Amarillo y brillante, el Senecio es sin embargo tóxico si se lo ingiere (FOTO: Freepik).
Amarillo y brillante, el Senecio es sin embargo tóxico si se lo ingiere (FOTO: Freepik).

Con el Senecio hay que tener en cuenta un dato muy importante: es muy tóxica si se la ingiere, por lo que no es apta para consumo humano ni de mascotas. Como la mayoría de las plantas nativas, es sumamente rústica, adaptable y resistente, funciona a pleno sol, tolera suelos pobres y requiere poco riego.

Ya sabemos: si buscamos un cantero o jardín totalmente nativo de nuestro país, con plantas hermosas, coloridas y que atraigan a los polinizadores para favorecer al ecosistema y que sólo necesiten de la luz natural del sol, esta guía es ideal.