La dermatitis atópica es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel que afecta aproximadamente al 20% de los niños y al 10% de los adultos (Imagen Ilustrativa Infobae)

La dermatitis atópica es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel que puede cambiar a lo largo de la vida. Se manifiesta con sequedad, picazón y erupciones cuya apariencia puede variar según el tono de piel. También puede provocar agrietamiento, costras, inflamación y, en algunos casos, secreción clara tras el rascado.

La afección suele comenzar durante la infancia, aunque puede persistir, reaparecer después de períodos sin síntomas o iniciarse en la adultez. Según la Cleveland Clinic, entre el 10% y el 30% de quienes tuvieron dermatitis atópica en la niñez continúan presentando síntomas durante la etapa adulta.

La enfermedad se vincula con una alteración de la barrera protectora de la piel y con la respuesta del sistema inmunitario. Esta menor capacidad de protección facilita la irritación frente a alérgenos e irritantes y puede desencadenar inflamación y prurito, el término médico para la picazón. Intervienen factores genéticos, inmunológicos y ambientales, por lo que la evolución y los desencadenantes no son idénticos en todas las personas.

Cómo evoluciona la dermatitis atópica con la edad

Durante los primeros años de vida, suele afectar las mejillas. En la niñez, las lesiones pueden concentrarse en los pliegues que se flexionan con el movimiento, como los codos, detrás de las rodillas y debajo del cuello, explicó la dermatóloga Cheyana Ranasinghe, de Cleveland Clinic. En la adolescencia y la adultez, las manos, los párpados y el cuello pueden convertirse en zonas frecuentes de aparición.

Un estudio publicado en The Journal of Pediatric Pharmacology and Therapeutics indicó que la distribución de las lesiones depende de la edad y que el rascado repetido puede engrosar la piel. Este proceso se conoce como liquenificación y se asocia con la persistencia o recurrencia de la inflamación. El mismo trabajo señala que, aunque muchos casos comienzan en la infancia, cerca del 25% de los cuadros en adultos aparece por primera vez en esa etapa.

La afección no se transmite por contacto físico, pero el rascado constante de la piel puede generar lesiones e infecciones secundarias (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las variaciones hormonales también pueden coincidir con cambios en los síntomas. Ranasinghe explicó que la pubertad, el período previo a la menstruación, el embarazo, la perimenopausia y la menopausia pueden influir en la barrera cutánea.

Según la especialista, más de la mitad de las mujeres embarazadas con antecedentes de eccema presenta un brote durante el embarazo, aunque las fuentes no plantean que esa evolución ocurra en todos los casos.

El estrés prolongado puede ser otro elemento asociado a las exacerbaciones. La dermatóloga de Cleveland Clinic señaló que las alteraciones del cortisol, una hormona vinculada con la respuesta del organismo ante situaciones de tensión, pueden afectar la barrera de la piel.

La revisión de The Journal of Pediatric Pharmacology and Therapeutics también identifica este tipo de carga emocional como un factor agravante frecuente en adultos.

Cleveland Clinic también indica que el entorno cotidiano puede modificar el curso del cuadro. El frío o el calor extremos, las variaciones de humedad, los ácaros del polvo, el moho, la caspa de mascotas y la exposición laboral a químicos, jabones, metales o compuestos pueden asociarse con nuevos brotes. Los cambios propios del envejecimiento cutáneo, como la pérdida de humedad, el adelgazamiento de la piel y una cicatrización más lenta, también pueden volverla más vulnerable.

Además, las alergias, el asma, las lesiones de la piel, algunas infecciones y determinados medicamentos pueden coincidir con un empeoramiento, según Ranasinghe.

La dermatitis atópica no es contagiosa, precisó Cleveland Clinic, por lo que no se transmite a través del contacto físico. Sin embargo, el rascado puede dañar la piel y favorecer infecciones, que pueden manifestarse con hinchazón, dolor o pus.

Los cambios climáticos, la exposición a alérgenos y el envejecimiento de la piel influyen en la frecuencia con la que se presentan los síntomas (Imagen Ilustrativa Infobae)

El abordaje requiere seguimiento y la enfermedad puede incidir en la vida diaria

El tratamiento se adapta a la gravedad, la extensión de las lesiones, las zonas comprometidas, los posibles desencadenantes y la respuesta de cada persona, de acuerdo con la revisión de The Journal of Pediatric Pharmacology and Therapeutics. Las medidas generales mencionadas incluyen evitar irritantes identificados, hidratar la piel y utilizar los tratamientos tópicos indicados por profesionales de la salud.

Cleveland Clinic informa que los tratamientos disponibles pueden incluir cremas hidratantes sin perfume, medicamentos tópicos recetados, fototerapia y otras alternativas según el caso. La institución también advierte que los corticosteroides tópicos y los inhibidores de la calcineurina deben utilizarse de acuerdo con las indicaciones médicas.

Para cuadros moderados, graves o que no responden a terapias tópicas, la revisión científica describe opciones sistémicas, entre ellas fármacos biológicos, inhibidores de JAK e inmunosupresores, bajo evaluación clínica.

Vivir con síntomas persistentes puede exceder el malestar cutáneo. Un informe de caso publicado en Dermatology and Therapy examinó la experiencia de una paciente con dermatitis atópica grave y no controlada desde el nacimiento. El estudio describió dificultades en el descanso, el rendimiento escolar, las relaciones sociales, el trabajo y la salud mental.

Por tratarse de un solo caso, los autores aclararon que sus resultados no pueden generalizarse a toda la población con la enfermedad.

El abordaje médico abarca desde cremas hidratantes y terapias tópicas hasta medicamentos biológicos e inmunosupresores para casos graves (Freepik)

Everyday Health recogió declaraciones de Walter Liszewski, dermatólogo de Northwestern Medicine en Chicago, quien señaló que las transiciones hacia la universidad, un empleo o una vivienda nueva pueden elevar el estrés y modificar la exposición a factores ambientales. El especialista indicó que la enfermedad puede ser impredecible en momentos de cambios importantes y que una afección cutánea visible puede afectar la vida social de algunos adultos jóvenes.

Mayo Clinic recomienda consultar con un profesional cuando los síntomas interrumpen el sueño o las actividades diarias, cuando aparecen signos de infección o cuando las medidas de cuidado personal no logran controlarlos. Cleveland Clinic también aconseja solicitar una evaluación si la erupción se extiende, cambia, causa dolor o deja de responder al tratamiento habitual.