Concordia carga desde hace años con una contradicción difícil de explicar. A su alrededor hay cítricos, forestación, arándanos y nuevas producciones que buscan hacerse un lugar. En sus barrios, mientras tanto, viven miles de personas que dependen del trabajo estacional y padecen cada vez que una de esas actividades pierde mercados y la producción queda sin cosechar.
Sebastián Arístides asumió hace relativamente poco tiempo como secretario de Desarrollo Productivo de Concordia, aunque antes venía de desempeñarse como responsable en Desarrollo Humano. Por eso conoce las dos caras de esa realidad. Y en profundidad: antes de asumir su nuevo cargo trabajó en un relevamiento de los hogares más vulnerables de la ciudad.

“Si hacemos un censo de talento y preguntamos qué hiciste la semana pasada, la mayoría te contesta: fui a cosechar o estuve en el aserradero”, contó a Bichos de Campo sobre esas familias, mostrando al estrecha relación que tienen con el sector productivo local.
Su cálculo es que entre 8.000 y 10.000 personas de Concordia salen a trabajar en la cosecha de mandarinas y naranjas, empalman con los arándanos y pueden buscar otras changas en las chacras. Por eso, sostiene el funcionario, la actual crisis citrícola no termina en las cuentas del productor o del empaque: también golpea los ingresos de quienes levantan la fruta. “El productor está queriendo ver cómo baja los costos a toda costa. Y que no sea el recurso humano el que pague los ajustes”, planteó.
Arístides dice que el municipio está trabajando en capacitación para esos trabajadores, tanto en las destrezas de cada oficio como en normas de seguridad. Pero sabe que mejorar la formación no alcanza si las producciones que los emplean no consiguen vender sus cosechas a buen precio.
En una entrevista con Bichos de Campo, que tuvo como telkónd e fondo el flamante aeropuerto con que cuenta esa localidad entrerriana, reconoció que desde una secretaría municipal no tiene una solución para los problemas de competitividad de la citricultura o la forestación. Pero él baraja algunas opciones para tratar de colaborar.
Mirá la entrevista:
Una de las salidas que explora está apenas del otro lado del río Uruguay. Concordia y Salto son ciudades vecinas, pero el comercio de productos frescos entre ambas debe atravesar trámites y controles complejos pensados para una frontera internacional. Según Arístides, los dos municipios están conversando con consulados y organismos sanitarios para facilitar el intercambio de determinadas mercaderías, con los requisitos resueltos antes de que lleguen al paso fronterizo.
En criollo, que las mandarinas de Concordia puedan venderse sin demasiado trámite ni problema en la otra orilla.
También puso como ejemplo al arándano: si un cargamento espera horas en la frontera durante octubre o noviembre, puede perder calidad. También imaginó intercambios más cotidianos, como vender la nuez pecán producida del lado argentino o abastecer a industrias locales con hortalizas de Salto. La propuesta está, aclaró, en sus primeros pasos. Todavía no hay un mecanismo aprobado ni una fecha para ponerlo en marcha.

La conversación incluye otra posibilidad: facilitar que trabajadores de una orilla puedan realizar tareas de cosecha en la otra. “Ellos (por los productores uruguayos) tienen falta de gente para cosechar”, afirmó Arístides. Para Concordia, una ciudad con una gran cantidad de trabajadores zafreros, eso podría ampliar las oportunidades de empleo estacional.
El flamante secretario de Producción vio de cerca el auge y la caída del arándano local. Recuerda que esa cosecha les permitía a muchas familias sumar ingresos durante un mes o mes y medio hacia fin de año. Hoy, con tierras e instalaciones que dejaron de aprovecharse plenamente, el municipio busca acercar inversores a esos predios. Algunos ya cuentan con riego, acceso al agua, maquinaria y personal con experiencia.
Entre las alternativas que mencionó aparecen la pitaya, el pecán, el kiwi, el aloe y la vid. Son iniciativas en distintas etapas de desarrollo, todavía lejos de reemplazar en conjunto lo que representó el arándano. Pero para Arístides muestran que Concordia conserva recursos productivos sobre los cuales volver a construir.
“Cuando a un sector le va bien, te dice que no lo moleste el Estado. En los momentos de crisis es cuando empieza a escuchar”, reflexionó. Su desafío, ahora, es que ese diálogo se traduzca en más ventas y trabajo antes de que la próxima cosecha vuelva a encontrar a Concordia con la misma contradicción.



