La hipertensión arterial se asocia con un mayor riesgo de sufrir accidentes cerebrovasculares y deterioro de las funciones cognitivas a largo plazo (Imagen Ilustrativa Infobae)

La hipertensión arterial se asocia con un mayor riesgo de accidente cerebrovascular, enfermedad cardiovascular y deterioro de las funciones cognitivas. La relación no implica que una persona con presión elevada vaya a desarrollar demencia, pero la investigación disponible identifica a este factor como uno de los elementos modificables que pueden incidir en la salud cerebral a largo plazo. El vínculo adquiere especial relevancia porque la presión arterial alta puede mantenerse sin síntomas durante años.

La presión sistólica, el número superior de una medición, expresa la fuerza que ejerce la sangre sobre las arterias cuando el corazón late. La diastólica, el número inferior, corresponde a esa presión entre latidos. De acuerdo con una revisión, disminuir la hipertensión mediante tratamientos se asoció con una menor incidencia de demencia o deterioro cognitivo durante el seguimiento de los ensayos analizados.

La evidencia reúne efectos que comprometen tanto el sistema cardiovascular como los vasos sanguíneos del cerebro. La ciencia señaló que cuando supera los valores normales puede favorecer el accidente cerebrovascular y el daño de los vasos pequeños cerebrales. Ambos procesos pueden contribuir al deterioro cognitivo y a distintos tipos de demencia.

Chequear la presión alta a menudo reduce el riesgo de demencia

Una investigación puso el foco en si alcanzar objetivos más exigentes de presión arterial puede aportar beneficios cognitivos adicionales. Según informó Harvard, un estudio publicado en febrero de 2025 en la revista Neurology analizó los datos de 9.361 participantes mayores de 50 años con hipertensión que formaron parte del ensayo SPRINT.

Un objetivo de presión sistólica inferior a 120 milímetros de mercurio demostró reducir el riesgo de deterioro cognitivo leve en el ensayo SPRINT (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las personas fueron asignadas de forma aleatoria a dos estrategias: una con una meta de presión sistólica inferior a 120 milímetros de mercurio y otra con un objetivo menor a 140 milímetros de mercurio. Tras siete años de seguimiento, el grupo con el objetivo más bajo tuvo un 11% menos de riesgo de deterioro cognitivo leve que quienes siguieron el tratamiento estándar, según explicó la entidad educativa.

El deterioro describe dificultades en la memoria, el razonamiento u otras capacidades mentales que superan las esperables para la edad, aunque todavía no interfieren de forma sustancial con las actividades diarias. La demencia, en cambio, implica alteraciones más marcadas que afectan la autonomía y el funcionamiento cotidiano, de acuerdo con la explicación de la American Heart Association.

Los resultados de SPRINT también fueron abordados por un artículo publicado en Stroke. Los autores indicaron que el subestudio centrado en memoria y cognición observó una reducción cercana al 19% en la incidencia de deterioro cognitivo leve y una disminución del 15% en el resultado combinado de deterioro cognitivo leve o demencia, al comparar una meta sistólica inferior a 120 milímetros de mercurio con otra inferior a 140.

Un programa con medicamentos de bajo costo y apoyo para el cambio de hábitos redujo en un quince por ciento el riesgo de demencia en zonas rurales (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un metaanálisis publicado en JAMA incluyó 12 ensayos y 92.135 participantes en su análisis principal. Durante un seguimiento promedio de 4,1 años, la aparición de demencia o deterioro cognitivo fue del 7,0% en los grupos con reducción de presión arterial, frente al 7,5% en los grupos de control. Los investigadores aclararon que la asociación fue estadísticamente significativa, aunque la reducción absoluta del riesgo fue de 0,39% y las definiciones de los resultados cognitivos variaron entre los ensayos.

Un ensayo posterior realizado en zonas rurales sumó datos sobre un modelo de acompañamiento más amplio. Tras cuatro años de seguimiento, quienes recibieron medicamentos de bajo costo o gratuitos, asesoramiento, instrucciones para el automonitoreo y apoyo para cambios de hábitos tuvieron un 15% menos de riesgo de demencia que el grupo que recibió atención habitual.

El seguimiento periódico y los hábitos forman parte del abordaje de la hipertensión

El control de la presión arterial depende de evaluaciones periódicas y de un plan acordado con profesionales de la salud. Una guía de la American Heart Association y el American College of Cardiology recomienda para adultos con hipertensión una presión sistólica inferior a 130 milímetros de mercurio como objetivo para prevenir deterioro cognitivo leve y demencia.

Los autores del artículo de Stroke indicaron que el manejo puede combinar intervenciones médicas con cambios en el estilo de vida. Entre las medidas contempladas por la guía figuran la reducción de sodio, un patrón de alimentación saludable para el corazón, actividad física aeróbica y de fuerza, la limitación del alcohol y estrategias para reducir el estrés. Estas acciones se presentan como componentes posibles de un abordaje individual y no como sustitutos universales de la evaluación clínica o de los tratamientos indicados.

Las guías médicas actuales recomiendan mantener la presión sistólica por debajo de los 130 milímetros de mercurio para prevenir el deterioro cognitivo (Imagen Ilustrativa Infobae)

La presión arterial puede variar según la edad, los antecedentes cardiovasculares, otras enfermedades y los medicamentos en uso. La doctora Rebecca Gottesman afirmó en declaraciones recogidas por la American Heart Association que el control intensivo mostró beneficios potenciales para la mayoría de las personas estudiadas.

El desafío también tiene una dimensión de acceso y seguimiento. El artículo de Stroke informó que cerca del 75% de las personas con hipertensión no alcanza cifras inferiores a 130 sobre 80 milímetros de mercurio. Los autores plantearon que la atención primaria, el monitoreo domiciliario y los equipos multidisciplinarios pueden contribuir al control sostenido, en especial en casos con otras afecciones o hipertensión resistente.

La investigación disponible coincide en un punto concreto: tratar y controlar la hipertensión se relaciona con beneficios cardiovasculares ya conocidos y puede sumar una reducción del riesgo de deterioro cognitivo. Esa asociación no garantiza evitar la demencia, pero refuerza el valor del seguimiento temprano y continuo de un factor que puede modificarse con atención médica y estrategias adaptadas a cada situación.