Un equipo interdisciplinario de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) reconstruyó la historia biológica del lago San Roque a partir del análisis de los sedimentos depositados en el fondo del embalse. Las conclusiones de los investigadores reportan que hay un alto nivel de contaminación en ese cuerpo de agua, que comenzó hace 80 años pero se aceleró a finales del siglo pasado. A partir de los descubrimientos, los científicos encuadraron al lago en el grado más alto de deterioro dentro de la escala de calidad para sistemas acuáticos.

Este estudio involucró al Centro de Investigaciones en Ciencias de la Tierra (Cicterra, Conicet-UNC), que analizó los sedimentos del lago, y reunió a profesionales de otras ramas como física, geografía, arte e ingeniería química para reconstruir la historia de ese cuerpo de agua y registrar información de períodos sobre los que no hay datos instrumentales ni estudios de calidad del agua.

Las primeras floraciones de cianobacterias datan de la década de 1950, luego de la construcción de un segundo paredón, que reemplazó al primer emplazamiento y posibilitó que el nivel del lago aumente. A su vez, esto estabilizó las aguas del embalse en su totalidad, condición que contribuye a la formación de cianobacterias.

De todos modos, la proliferación de esos organismos se acentuó producto del incremento de las urbanizaciones, un fenómeno que comenzó en la década de 1980 pero se profundizó hacia los 2000.

Deterioro histórico

La construcción del embalse San Roque, que se dio a finales del 1800, tuvo como finalidad abastecer de agua potable a la ciudad de Córdoba y regular las crecidas del río Suquía. En ese entonces, la zona donde hoy está emplazado el dique no tenía localidades importantes y el suelo se usaba mayormente para actividades agrícolas.

Conforme avanzaron las urbanizaciones en la zona y se incrementaron los incendios forestales, se alteraron las propiedades del agua que se iba depositando en el embalse. A partir del análisis de los sedimentos actuales por parte de los investigadores de la UNC, se determinó que la década de 1950 fue el kilómetro cero de la contaminación.

El dique San Roque se construyó hacia finales del 1800, pero tuvo una ampliación varios años después que facilitó, en conjunto con la expansión de urbanizaciones, las condiciones para el desarrollo de cianobacterias.
El dique San Roque se construyó hacia finales del 1800, pero tuvo una ampliación varios años después que facilitó, en conjunto con la expansión de urbanizaciones, las condiciones para el desarrollo de cianobacterias.

Este estudio comenzó en 2018 y consistió en la medición de indicadores que, a pesar del paso de los años, quedan depositados en los mismos sedimentos del embalse y puede decodificarse gracias a la ciencia. “En particular, se midieron pigmentos fósiles, que se encuentran asociados a las comunidades de algas que han ido cambiando a lo largo de la historia”, explicó a TN Luciana Mengo, becaria posdoctoral del Centro de Investigaciones en Ciencias de la Tierra (Cicterra, Conicet - UNC), que formó parte de la investigación a través de su tesis doctoral.

Los cambios identificados en esas muestras permitieron registrar cómo fue evolucionando la “eutrofización del embalse”, es decir, cómo el lago fue modificando sus condiciones para convertirse en un lugar apto para el crecimiento de organismos generados a partir de contaminantes.

En 2022, la sequía en el lago San Roque dejó al descubierto el paredón original, que fue dinamitado para la construcción de la estructura que perdura hasta la actualidad. (Foto: gentileza Luciana Mengo)
En 2022, la sequía en el lago San Roque dejó al descubierto el paredón original, que fue dinamitado para la construcción de la estructura que perdura hasta la actualidad. (Foto: gentileza Luciana Mengo)

Al respecto, la científica explicó que el ingreso de agentes externos, denominados nutrientes, incrementan la productividad que se desarrolla en el agua.

El ingreso de esos contaminantes al embalse deriva, principalmente, de los ríos afluentes y los aportes que llegan desde las zonas adyacentes al lago. “Son el principal forzante que provoca la aceleración de la eutrofización”, explicó Mengo.

Y continuó: “Este incremento en nutrientes puede generar floraciones de algas, en particular de cianobacterias, que son potencialmente tóxicas para las personas ya sea por consumo del agua o por uso recreativo. Se identificó que a mediados de la década de los 80 este proceso se aceleró y desde los 2000, el embalse alcanzó un estado de hipereutrofización, el grado más alto de deterioro dentro de la escala de calidad para sistemas acuáticos”. La investigadora aportó que la misma situación fue registrada en el monitoreo continuo de calidad del agua que lleva adelante el Instituto Nacional del Agua (INA) sobre el embalse.

Urbanizaciones

La investigadora señaló que la eutrofización en el embalse está asociado a las modificaciones que se produjeron en los últimos años a partir de nuevas urbanizaciones en la cuenca del lago: entre 1984 y 2019, esta variable se incrementó en un 200%, mientras que el mismo indicador, en el mismo período pero en la zona de costas del embalse creció un 166%, según se desprende de la información aportada por los investigadores.

Las algas verdes cubrieron en reiteradas oportunidades el lago San Roque en los últimos años.
Las algas verdes cubrieron en reiteradas oportunidades el lago San Roque en los últimos años.

“El ingreso de nutrientes, sobre todo fósforo y nitrógeno, ocurre principalmente por la descarga de efluentes domésticos de las comunidades que no cuentan con un tratamiento adecuado”, detalló. Esta presión derivada de actividades humanas en el embalse deriva en una alteración en la calidad del agua que, a su vez, promueve la generación de cianobacterias.

Estos organismos precisan de tres variables para prosperar: alta carga de nutrientes, agua estable y altas temperaturas. De allí, se forma un círculo que no es virtuoso, porque esas algas hacen que disminuya la presencia de oxígeno en el agua, algo que puede provocar mortandad de peces y olores nauseabundos, por lo que su potabilización es más costosa.

Planes sostenidos

A pesar de la situación, Mengo indicó que es posible pensar en una recuperación del embalse, pero que cualquier acción que se tome debe sostenerse en el tiempo y que ese mejoramiento no será inmediato ya que los sedimentos existentes siguen liberando nutrientes que provocan el desarrollo de algas.

“Todas las acciones que se implementen para disminuir la carga de nutrientes van a permitir que el proceso de eutrofización desacelere, pero es imprescindible que las políticas que se lleven a cabo sean sostenidas en el tiempo. De lo contrario, se acortará la vida útil de este sistema”, concluyó.