La creatina se consolidó como un suplemento del entrenamiento de fuerza por su relación con la masa muscular, el rendimiento físico y la recuperación (Imagen Ilustrativa Infobae)

La creatina se convirtió en uno de los suplementos más conocidos dentro del universo del entrenamiento de fuerza y del alto rendimiento. Su nombre se asocia con objetivos muy concretos, como ganar masa muscular, sostener esfuerzos intensos y acompañar la recuperación después del ejercicio. Su uso también se extendió más allá del deporte competitivo y hoy forma parte de conversaciones sobre envejecimiento, rendimiento físico y salud cerebral.

Se trata de un compuesto que el cuerpo produce de manera natural y que también se obtiene a través de alimentos de origen animal, especialmente carnes, mariscos y lácteos. La mayor parte se almacena en el músculo esquelético, donde participa en procesos vinculados a la disponibilidad rápida de energía durante contracciones intensas y breves. Después de décadas de uso deportivo, la creatina pasó a ser además uno de los suplementos más estudiados en nutrición y fisiología del ejercicio.

Esa combinación entre popularidad, acceso sencillo y abundancia de estudios explica por qué sigue despertando interés. Según publicó la Cleveland Clinic, la forma más habitual en suplementos es el monohidrato de creatina, presente en polvos, cápsulas, tabletas, líquidos y otros formatos comerciales.

Los efectos en los músculos

La creatina ayuda a ganar fuerza muscular cuando se combina con entrenamiento de resistencia o de fuerza, y no actúa como un recurso aislado (Imagen Ilustrativa Infobae)

La principal pregunta alrededor de la creatina es si realmente conviene para ganar músculo. Los expertos coinciden en un punto central: su efecto aparece sobre todo cuando se combina con entrenamiento de resistencia o de fuerza, y no como un recurso aislado. De acuerdo con un metaanálisis publicado en la revista Nutrients en 2024, la suplementación junto con el ejercicio de resistencia mejoró de forma significativa la fuerza muscular de la parte superior e inferior del cuerpo en adultos sanos menores de 50 años.

Ese trabajo detectó una diferencia media ponderada de 4,43 kilos en la fuerza del tren superior y de 11,35 kilos en el tren inferior frente a placebo, siempre en combinación con entrenamiento. El mismo análisis indicó que los beneficios fueron más claros en hombres, mientras que en mujeres los resultados no alcanzaron significación estadística en los estudios incluidos. La revisión también señaló que las dosis empleadas en los ensayos oscilaron entre 2 y 10 gramos por día o entre 0,03 y 0,22 gramos por kilo por día, con intervenciones de entre cuatro y doce semanas.

El monohidrato de creatina es la forma más habitual en suplementos y se comercializa en polvo, cápsulas, tabletas y líquidos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Otra revisión exploratoria de Nutrients llegó a una conclusión más acotada pero consistente: fue eficaz para el crecimiento muscular en población joven sana con entrenamiento adecuado, mientras que la evidencia fue menos clara en personas mayores o en pacientes con enfermedades musculares. Ese punto es relevante porque aleja una idea instalada alrededor del suplemento: no funciona igual en cualquier contexto ni garantiza el mismo resultado fuera de programas de ejercicio suficientes.

En términos fisiológicos, coinciden en que ayuda a sostener la disponibilidad de energía en el músculo. Cleveland Clinic explicó que gran parte del suplemento se convierte en fosfocreatina, un compuesto que contribuye a generar adenosín trifosfato, conocido por su sigla ATP, la molécula que las células utilizan como fuente inmediata de energía. Esa función es la que ayuda a entender por qué se la vincula con ejercicios breves, repetidos y de alta intensidad.

Las investigaciones también describen otros efectos que pueden influir en el rendimiento y en la composición corporal. Parte del aumento de masa magra observado tras la suplementación puede explicarse por retención de agua en el tejido muscular, un fenómeno que eleva el contenido hídrico intracelular. Esa aclaración importa porque el incremento del peso corporal o de ciertas mediciones no siempre equivale en forma directa a nuevo tejido muscular.

La creatina favorece la disponibilidad rápida de energía en el músculo al contribuir a la producción de ATP durante ejercicios breves y de alta intensidad (Imagen Ilustrativa Infobae)

Por otro lado, Mayo Clinic señaló que podría ayudar en esfuerzos intermitentes de alta intensidad, en prevención de algunas lesiones y en tareas cognitivas, sobre todo en adultos mayores. Harvard remarcó que puede mejorar el rendimiento deportivo y que, junto con una ingesta adecuada de calorías y proteínas, podría acelerar la recuperación muscular tras ejercicio intenso.

Qué aconsejan los expertos sobre el consumo

Los expertos indican que la creatina suele ser segura en dosis adecuadas, pero recomiendan definir su consumo con un profesional por los posibles efectos secundarios (Imagen Ilustrativa Infobae)

Si bien tiene grandes beneficios comprobados, los expertos también muestran límites importantes. La primera restricción es que los efectos no son uniformes entre edades, sexos, niveles de entrenamiento y condiciones de salud. Uno de los estudios no encontró un efecto evidente sobre fuerza, hipertrofia o rendimiento en varios ensayos con personas mayores sanas no entrenadas, salvo algunos resultados puntuales sobre densidad muscular en miembros inferiores.

Otra limitación es que la respuesta depende del contexto de uso. Según Ohio State University, algunas personas comienzan con una fase de carga de 20 gramos diarios durante cinco a siete días y luego continúan con 3 a 5 gramos por día. Harvard indicó que la recomendación general para quienes toman suplementos es de 3 a 5 gramos diarios y que consumir más no aporta ventajas claras. A su vez, Cleveland Clinic remarcó que la cantidad y la frecuencia deberían definirse con un profesional de la salud según edad, antecedentes y objetivos.

En dosis adecuadas, la creatina es generalmente segura para la mayoría de las personas sanas. Sin embargo, como efectos secundarios se puede hallar retención de líquidos, aumento de peso, molestias gastrointestinales, diarrea, náuseas, sudoración excesiva y, en algunos casos, calambres o deshidratación.

En ese marco, el consejo más consistente entre las fuentes es evitar el uso automático o basado solo en recomendaciones informales. Las entidades respaldan su uso sobre todo como complemento del entrenamiento de fuerza, no como atajo ni como garantía de aumento muscular por sí sola. También sugieren que la dosis, el tiempo de uso, la calidad del producto y el estado de salud previo son variables que no conviene pasar por alto antes de incorporarla a una rutina.