
A cinco días del cuádruple crimen que conmocionó a México, la Justicia logró reconstruir los movimientos previos y posteriores de Diego Sebastián Rosen Ferlini (51), el empresario argentino acusado de asesinar al músico Jonathan Meléndez, a su esposa embarazada, a su hija de 3 años, a la niñera y a la mascota de la familia.
Cámaras de seguridad, testimonios y distintas pericias permitieron establecer una secuencia que comenzó a gestarse un día antes de la masacre, el 31 de agosto, cuando el sospechoso encargó a su socio —identificado como Gerardo N.— la compra de precintos, guantes, cinta adhesiva y unos destornilladores.
Al día siguiente ingresó al complejo donde vivían las víctimas y, poco más de dos horas después, fue registrado cuando se retiraba del lugar. Esa misma noche, tras deshacerse del arma que habría utilizado en los crímenes, fue hasta un local con intención de comer tacos, pero lo encontró cerrado.
La reconstrucción fue expuesta este sábado durante una audiencia de más de ocho horas, en la que la Fiscalía General de Justicia del Estado de México presentó 60 datos de prueba contra Rosen Ferlini y su chofer, Gerardo N. Ambos permanecen detenidos con prisión preventiva mientras la Justicia mexicana define su situación procesal.

31 de agosto: la compra de precintos, guantes y cinta adhesiva
La reconstrucción de los investigadores comienza un día antes de los asesinatos.
Según la Fiscalía, Rosen Ferlini le pidió a Gerardo N. que consiguiera un destornillador plano y otro de cruz, artículos electrónicos, precintos grandes, guantes negros como los utilizados por tatuadores y cubrebocas. El argentino le habría dicho que después le devolvería el dinero.
A esos elementos se sumó un rollo de cinta adhesiva industrial. Parte de los objetos coincidieron luego con los utilizados para maniatar a las víctimas y con otros encontrados dentro del Kia en el que se movilizaron los sospechosos.
Para la Fiscalía, todas esas acciones forman parte de los indicios de que el ataque habría comenzado a prepararse el día anterior.
La investigación apunta a un posible móvil económico. Rosen Ferlini y Jonathan Meléndez eran socios en un emprendimiento dedicado al alquiler de propiedades turísticas en distintos puntos de México.
Durante la audiencia de este sábado surgieron otros dos datos. La Fiscalía incorporó indicios sobre una memoria que, según declaró un familiar del músico, contenía unos 3 millones de pesos mexicanos en criptomonedas y que todavía no fue encontrada. También se expuso que Rosen Ferlini le habría pedido a Meléndez un préstamo de 300 mil pesos mexicanos (NdR.: unos 18 mil dólares) que el músico se negó a darle.

La llegada al complejo
El 1° de septiembre, a las 17.23, las cámaras de seguridad del complejo residencial Grand Viure, ubicado en Atizapán de Zaragoza, registraron el ingreso de un Kia gris.
Gerardo N. conducía y Rosen Ferlini viajaba como acompañante. Un minuto después, a las 17.24, otra cámara captó al empresario argentino dentro del ascensor cuando subía hacia el departamento de Meléndez. Como se ve en la imagen que encabeza esta nota, llevaba puesta una gorra y anteojos de sol y, en un momento, dirigió la mirada hacia la cámara de seguridad.
Pudo ingresar porque la esposa del músico autorizó telefónicamente su acceso. Conocía al empresario por la relación que mantenía con su marido y no sospechó de su presencia. En ese momento, según la investigación, dentro de la propiedad se encontraba Aleyda Romero, de 21 años, quien trabajaba como niñera de la familia.
A las 17.42, dieciocho minutos después de que Rosen Ferlini fuera filmado en el ascensor, la esposa de Meléndez llegó al complejo junto con sus dos hijos en una camioneta Nissan X-Trail negra.
A las 17.54, la mujer envió un mensaje a un testigo y le contó que “Sebastián ya tenía rato esperando a Jonathan”. Meléndez, mientras tanto, estaba jugando al pádel y sabía que su socio lo esperaba en su casa.
Pasaría más de una hora y media hasta su regreso.

“Si no contesto, pedí ayuda”
A las 19.28, una cámara registró el ingreso de Meléndez al complejo en una Chevrolet Suburban blanca. No estaba solo: lo acompañaba un amigo que luego se convertiría en uno de los testigos centrales de la causa.
Antes de subir al departamento, el músico le hizo un pedido: “Espérame acá abajo, si no contesto pedí ayuda”.
De acuerdo con la declaración que posteriormente brindó ante el Ministerio Público, el hombre percibió temor en la voz de Meléndez.
El amigo permaneció esperando. Cuando el músico dejó de responder sus mensajes, se acercó a la caseta de vigilancia para pedir ayuda.
La Fiscalía no precisó la secuencia exacta de lo que sucedió dentro de la vivienda desde el momento en que Jonathan ingresó hasta la salida del empresario argentino.

Trece minutos después de la llegada de Meléndez, a las 19.41, una cámara captó a Rosen Ferlini en el estacionamiento del complejo.
Hubo un detalle que llamó la atención de los investigadores: pese a que había quedado registrado en el ascensor cuando subió al departamento, las cámaras no lo filmaron utilizándolo para bajar.
Dos minutos después, a las 19.43, el Kia gris salió del complejo con los dos sospechosos a bordo.
Según la acusación, Rosen Ferlini exhibió un arma de fuego y amenazó a la trabajadora de seguridad para que levantara la barrera y permitiera la salida del vehículo. También habría visto al amigo de Jonathan que esperaba en el lugar y lo amenazó de muerte si contaba que lo había visto. “Tú, pinche negrito, donde se te ocurra decir que me viste te voy a matar como a tus pinches amigos”, reflejó la declaración del testigo.

Los cuerpos maniatados y un hijo que sobrevivió
Pasada la medianoche, la Policía Municipal de Atizapán de Zaragoza alertó al Ministerio Público sobre el hallazgo de cuatro personas muertas dentro del departamento. Personal de la Fiscalía llegó al lugar a la 1.05 del 2 de septiembre.
En el segundo nivel encontraron a Jonathan Meléndez sobre un sofá de la habitación principal. Estaba amordazado con cinta adhesiva industrial, tenía las manos atadas y presentaba un disparo en la cabeza.
En el baño de esa misma habitación estaba su esposa, de 35 años y embarazada de cuatro meses. También había sido amordazada y maniatada y tenía una herida de bala en la cabeza. Sobre sus piernas se encontraba su hija de 3 años, que había recibido un disparo en la misma zona.
En el primer nivel hallaron a Aleyda Romero sobre una cama. Estaba atada y había recibido disparos en la parte superior de la espalda y en la base de la cabeza.
El perro de la familia también fue encontrado muerto en un baño, con el hocico envuelto en cinta adhesiva y un disparo en la cabeza.
En otra habitación, sin embargo, los policías encontraron con vida al otro hijo del matrimonio. No presentaba lesiones visibles y posteriormente fue entregado a sus abuelos.

El arma con silenciador y el intento por comer tacos
La investigación también permitió reconstruir algunos de los movimientos que Rosen Ferlini habría realizado después de abandonar el complejo.
El arma utilizada en los crímenes tenía un silenciador. Los vecinos no reportaron haber escuchado detonaciones durante las horas en las que se produjo la masacre.
El propio acusado reconoció ante las autoridades que posteriormente desarmó el arma y la arrojó a una barranca.
Pero hubo otro movimiento que llamó la atención de los investigadores. Ya entrada la noche, Rosen Ferlini se dirigió a un restaurante ubicado sobre avenida Mixcoac, en la Ciudad de México, con intención de comer tacos. Cuando llegó, el establecimiento estaba cerrado. Entonces se retiró rumbo a la colonia Del Valle.
Mientras tanto, la policía seguía el rastro del Kia utilizado para llegar y escapar del complejo. Finalmente, descubrieron que tenía las patentes sobrepuestas y lo localizaron en el fraccionamiento Héroes Tecámac, en el municipio de Tecámac.

Por esa zona, a las 7.47 del 2 de septiembre, lograron detener a Gerardo N. en la vía pública. Rosen Ferlini fue localizado menos de dos horas después. Lo detuvieron a las 9.25 sobre la carretera México-Toluca, en La Marquesa, municipio de Ocoyoacac.
Ambos fueron trasladados al Centro Penitenciario y de Reinserción Social de Tlalnepantla, conocido como penal de Barrientos. Quedaron acusados de homicidio calificado cometido en perjuicio de dos o más personas, interrupción del embarazo y crueldad contra seres sintientes.
Sus abogados cuestionaron las detenciones y solicitaron que ambos fueran liberados por supuestas irregularidades en los procedimientos, pero la jueza rechazó el planteo y dispuso que continúen bajo prisión preventiva.



