La defensa de Oscar González pidió investigar al papá de una sobreviviente, a un bombero y a un testigo. ¿Es estrategia procesal o una forma de disciplinar a quien declara?

Este lunes, en los tribunales de Villa Dolores, el juicio por la tragedia de Altas Cumbres entró en su recta final. Alegaron los abogados de Oscar González. Uno de ellos, Miguel Ortiz Pellegrini, dedicó buena parte de su exposición a algo más que las pericias: apuntó contra las personas que declararon.

Defender a un acusado es un derecho. Nadie lo discute. Tampoco que González, mientras no haya sentencia, goza de la presunción de inocencia. Pero una cosa es rebatir pruebas. Otra, muy distinta, es poner bajo sospecha a quienes vinieron a contar lo que vivieron.

El dolor, bajo lupa

El blanco más delicado fue Gustavo Álvarez, papá de Alexa, una de las sobrevivientes del choque, que quedó con secuelas graves. Según la crónica de El Doce, Ortiz Pellegrini dijo que Álvarez habla desde un «dolor ideologizado». Y pidió que se investigue si cometió falso testimonio.

Detengámonos ahí. ¿Qué es un dolor «ideologizado»? ¿Hay un dolor legítimo y otro que no lo es? ¿Quién decide cuál es cuál? La expresión no rebate un solo hecho. Solo desacredita a quien lo relata. Es una forma de decirle a una familia que su experiencia vale menos porque, además de sufrir, tiene opinión.

Todos mienten, menos el acusado

Álvarez no fue el único. El abogado también reclamó investigar al bombero Lucas Barrio Niveiros, a quien acusó de mentir en el juicio con la intención de perjudicar al imputado. La discrepancia, según la nota, gira en torno a quién tuvo prioridad en la ambulancia. Y pidió lo mismo para Nelson Fernando Cortez, un testigo que dijo haber sido sobrepasado a alta velocidad por la BMW de González. A Cortez lo llamó «aventurero», y lo vinculó con una lista opositora en una elección comunal.

Contradicciones entre testigos hay en cualquier juicio. Para eso existen las audiencias, el contrainterrogatorio y los jueces. Pero pedir que se investigue penalmente a quien declara, una y otra vez, tiene un efecto que excede el expediente. ¿Cuántas personas se animarán a testificar en un caso contra alguien con poder político si saben que la respuesta puede ser una denuncia en su contra?

Cantos afuera, sospechas adentro

En medio de su alegato se escucharon cánticos contra González desde la calle. Ortiz Pellegrini frenó y habló de conductas de «barrabravas». Fue más lejos: dijo que la defensa tuvo que verificar testigos que a la mañana declaraban y a la tarde se sumaban a los cantos.

Es cierto que las manifestaciones en la puerta de un tribunal pueden incomodar. Pero el reclamo de justicia de una comunidad que perdió a una vecina no es una barra brava. Y tratar a los testigos como parte de una hinchada es una manera de vaciar de contenido su testimonio.

Una fiscal «mutilada» y una pericia a medida

El otro eje fue la fiscal Analía Gallaratto. Según el abogado, ella «mutiló» la pericia accidentológica del perito Ramiro Ojeda y dejó afuera testimonios que la defensa considera importantes, como el de un camionero. Aclaró que critica las conclusiones y no la investigación. Ese matiz sí es un argumento jurídico, y corresponde que los jueces lo evalúen. Es el terreno legítimo de una defensa.

La pregunta es por qué ese terreno no alcanzó.

El fondo: quién puede hablar en un juicio contra un poderoso

Este juicio no es solo un choque en una ruta. Es un exfuncionario, exlegislador, frente a víctimas y sobrevivientes que llevan años esperando. Y en los procesos donde el acusado tiene poder, la desigualdad no siempre se ve en las pruebas. A veces se ve en el clima: en quién queda bajo sospecha y quién queda como parte de un «relato».

Ortiz Pellegrini puede defender a su cliente con todas las herramientas que la ley le da. Pero cuando el dolor de una familia se llama «ideologizado» y los testigos pasan a ser sospechosos, la defensa deja de discutir hechos y empieza a discutir quién tiene derecho a ser escuchado.

La entrada Cuando el dolor de las víctimas se pone en duda: los alegatos de Ortiz Pellegrini en el juicio por Altas Cumbres se publicó primero en El Resaltador.