Antonio Torres del Cerro
París, 24 sep (EFE).- En pleno ascenso de los partidos antiinmigración en Europa, León XIV hará una apuesta a contracorriente durante su visita de este fin de semana a París: acudir a la Maison Bakhita, cuyo lema es "cuidar de la persona" que llega de fuera, sin importar por qué lo hizo o de dónde viene.
Este desplazamiento, de carácter privado y programado para el sábado 26 de septiembre, refleja una de las prioridades de su pontificado. Para el papa, los migrantes no son números ni expedientes: "son seres humanos y hay que tratarlos de manera humanitaria".
Y esa es precisamente la misión de la Maison Bakhita, un centro de recursos para migrantes abierto en 2019 en el distrito XVIII de París, uno de los barrios con más población foránea de la capital.
"Fui extranjero y me acogisteis" es la frase del Evangelio de San Mateo impresa en una pared junto al pequeño despacho de la directora de Bakhita, Gwendoline Fasano. "Es Jesús quien la pronunció", aclara a EFE Fasano, mientras gestiona los últimos detalles de la visita del papa.
"Queremos mantenernos neutrales y acoger a cada persona por igual. No es nuestra labor en la Maison Bakhita opinar sobre si los inmigrantes deben quedarse o irse. Hoy están aquí y cuidamos de ellos porque son seres humanos que necesitan ayuda en este momento", resume.
La sede de la casa Bakhita, de 1.600 metros cuadrados y cuyo nombre homenajea a la religiosa sudanesa Santa Josefina Bakhita (1869-1947), presta servicio a unos 150 migrantes al día, gran parte de ellos de la África subsahariana y buena parte de ellos de religión musulmana.
Su misión principal es brindar formación en lengua francesa y en oficios como patronaje o ebanistería, pero también es un santuario para las personas que necesitan ser escuchadas.
"Contamos con una psicóloga que acude de forma gratuita dos veces por semana. Si detecta que alguien no se encuentra bien, lo remite al médico, que pasa consulta aquí cada 15 días", explica Fasano.
Cuando una persona necesita solicitar un alojamiento para no dormir en la calle, busca comida o preparar un dosier para su regularización, Bakhita la deriva a otras asociaciones humanitarias especializadas en esas áreas.
Cuando un migrante llega a Bakhita no necesita mostrar ninguna documentación ni contar su historia personal. La religión que profesa tampoco cuenta. "Acogemos a las personas tal cual llegan. No sabemos ni de dónde vienen, salvo si nos quieren decir de qué país", agrega la directora.
Bakhita cuenta con tres empleados fijos, un centenar de voluntarios (muchos de ellos antiguos beneficiarios de la casa) y dos monjas que residen en la propia instalación.
Una de ellas es la brasileña María dos Santos, de la congregación de las Misioneras Escalabrinianas, fundada en el siglo XIX por el obispo de Piacenza Juan Bautista Scalabrini.
"Soy una persona muy cálida y eso ayuda mucho a quienes llegan aquí tristes. Me dedico a escuchar, exclusivamente, porque no tenemos otra respuesta ni solución que ofrecer. Se trata de escuchar y dar consuelo. Eso es lo que hacemos constantemente", señala a EFE la hermana dos Santos.
Tras haber servido en varios países, la religiosa reconoce dos maneras en las que las sociedades acogen a los que vienen de fuera. "Hay personas que tienen empatía con los inmigrantes, hay otros que no los quieren ni ver. Estos últimos tienen miedo a lo desconocido, lo que es muy humano y comprensible", razona la monja.
Para dos Santos, a veces solo es necesario mirar a los ojos de la persona para que los prejuicios caigan.
La seguridad será uno de los desafíos de la visita de León XIV a Bakhita. Su directora explica que los servicios de seguridad franceses y del Vaticano trabajan desde inicios de septiembre para que no haya sobresaltos.
"El viernes pasado vinieron agentes de la Guardia Suiza, unos 15, todos trajeados, imponentes. Pero cuando hablabas con ellos eran muy sonrientes, muy amables. Recorrieron todas las habitaciones sacando fotos, mirando los planos de evacuación y todo. El papa va a tener hasta su propio baño", relata.
Durante la media hora que durará la visita, restringida a los medios de comunicación, todo estará cronometrado.
El saludo en la entrada del edificio y la subida al segundo piso a pie anteceden al momento álgido: un encuentro con un antiguo beneficiario de Bakhita (un refugiado afgano experto en patronaje). Junto a él, estarán una víctima nigeriana de trata de seres humanos y una persona con discapacidad, representantes de otras asociaciones. EFE
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