Un estudio sobre el emprendimiento sénior analizó las condiciones de negocios en personas mayores de 50 años en América Latina. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La cultura emprendedora y el apoyo social aumentan la probabilidad de que los mayores de 50 años creen negocios por oportunidad en América Latina, mientras que los entornos de mayor dinamismo económico y tecnológico pueden actuar como barreras para ese grupo. La conclusión surge de una investigación de José Ernesto Amorós, Marcelo Leporati, Alfonso Jesús Torres-Marín y Sergio Roses, publicada en Cogent Business & Management, que analizó las condiciones para emprender en Argentina, Brasil, Chile, Colombia y México.

El trabajo reunió 15.019 observaciones de personas de 50 años o más relevadas entre 2013 y 2017. Los cinco países concentraban cerca del 70% del producto interno bruto latinoamericano y fueron seleccionados por la continuidad de sus datos comparables.

El envejecimiento poblacional vuelve más relevante la participación económica de quienes atraviesan la segunda mitad de su vida laboral. En 2024, alrededor del 27% de la población mundial, equivalente a 2.300 millones de personas, tenía al menos 50 años, de acuerdo con Naciones Unidas.

Los autores definen el emprendimiento sénior como la creación de una empresa a partir de los 50 años. Esa actividad puede ofrecer una fuente de ingresos, retrasar el retiro laboral y reducir la dependencia de los sistemas de seguridad social, pero también enfrenta obstáculos como prejuicios por edad, problemas de salud, menor acceso a formación actualizada y costos más altos ante una eventual pérdida económica.

La cultura y el apoyo social como impulso para emprender después de los 50

El análisis combinó encuestas individuales del Global Entrepreneurship Monitor con el Índice de Emprendimiento Dinámico, una medición que evalúa diez condiciones nacionales: capital humano, cultura, educación, entorno social, estructura empresarial, demanda, ciencia y tecnología, financiamiento, capital social, políticas y regulaciones.

La variable observada fue la actividad emprendedora temprana por oportunidad: personas que iniciaban un negocio o dirigían una empresa de hasta tres años y medio de antigüedad. El modelo también consideró género, nivel educativo, ingresos, ocupación y la percepción individual de contar con habilidades para emprender.

La creación de empresas después de los 50 años retrasa el retiro laboral pero enfrenta trabas como el sesgo por edad. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio también encontró una relación entre la percepción social del emprendimiento y la creación de nuevos negocios entre las personas mayores. En los entornos donde el fracaso empresarial genera menos rechazo y existe una mayor aceptación del riesgo, los adultos mayores mostraron una mayor participación en actividades emprendedoras. Para los investigadores, esto sugiere que el contexto cultural puede influir en la decisión de iniciar un negocio después de los 50 años.

La percepción de habilidades fue el factor individual con mayor asociación positiva. Quienes consideraban que tenían los conocimientos, capacidades y experiencia necesarios para crear una empresa mostraron una mayor probabilidad de emprender, por encima de otras variables personales incluidas en el modelo.

El nivel educativo y los ingresos también mostraron una relación favorable. Frente a quienes solo habían completado la educación primaria, las personas con educación secundaria, terciaria o de posgrado registraron una mayor propensión a emprender; lo mismo ocurrió con los grupos de ingresos medios y altos frente a los de ingresos bajos.

Las mujeres, en cambio, tuvieron una menor probabilidad de desarrollar emprendimientos por oportunidad que los hombres. También se observó una asociación negativa entre tener empleo de tiempo completo o parcial y la decisión de iniciar un negocio, en comparación con quienes no estaban ocupados.

El envejecimiento poblacional incrementa la relevancia económica de las personas que superan la mitad de su vida laboral

Ecosistemas tecnológicos y políticas generales como barrera para los mayores

El capital humano de los países y el sistema educativo no mostraron un efecto estadísticamente significativo sobre el emprendimiento sénior por oportunidad. Los investigadores plantean que las personas con mayor formación pueden permanecer en empleos corporativos formales y que, para quienes superan los 50 años, la experiencia laboral previa y las redes profesionales pueden pesar más que la educación institucional.

La estructura empresarial, el financiamiento y el capital social tampoco registraron efectos significativos. El resultado sobre el crédito puede reflejar que muchos emprendedores mayores recurren a ahorros propios o recursos acumulados, en lugar de depender de capital externo, garantías o préstamos.

Las condiciones de demanda vinculadas con el tamaño y la expansión de la economía presentaron una relación negativa. En mercados más dinámicos, la competencia, los ciclos acelerados de productos y la necesidad de adaptarse a cambios tecnológicos pueden desalentar a quienes evalúan emprender en una fase tardía de su carrera.

Las plataformas de ciencia, tecnología e innovación también tuvieron una asociación negativa con la actividad emprendedora de los mayores. El estudio señala que estos sistemas pueden favorecer a quienes ya participan de redes digitales, universitarias o tecnológicas, mientras que los emprendedores sénior pueden encontrar dificultades para acceder a ellas, actualizar capacidades o competir en sectores que cambian rápidamente.

Las políticas y regulaciones orientadas al emprendimiento mostraron otro resultado negativo y significativo. La investigación advierte que los instrumentos generales pueden no estar diseñados para necesidades específicas de las personas mayores, como la complejidad administrativa, las reglas previsionales o la combinación entre ingresos de un negocio y prestaciones de jubilación.

Los autores proponen programas de formación flexibles y prácticos, centrados en competencias digitales, adaptación de modelos de negocio e identificación de oportunidades. También sugieren mecanismos de mentoría inversa que vinculen a emprendedores mayores con fundadores jóvenes orientados a la tecnología, además de un acceso más simple a incubadoras y redes de innovación.

Entre las alternativas planteadas se mencionan créditos con menores exigencias de garantías, programas de microfinanzas, incentivos tributarios para empresas lideradas por mayores y esquemas que permitan compatibilizar ingresos empresariales con beneficios de retiro. El estudio reconoce como límites su concentración en cinco países y su dependencia de los datos disponibles del Global Entrepreneurship Monitor y del Índice de Emprendimiento Dinámico.