
“Recomiendo que, al menos una vez, cualquier trabajador con esos síntomas pruebe una semana sin gluten, sin lácteos y sin azúcar”. La frase de Facundo podría aplicarse a cualquier persona con horarios rotativos y comida fuera de casa, como transportistas o petroleros. Pero detrás de esa recomendación hay algo más: una logística de distribución, seguimiento y validación internacional que sostiene todo un protocolo de salud.
¿Cuál fue el momento en el que decidiste dar el salto del consultorio a comunicar tu trabajo a gran escala?
El día que decidí empezar a comunicar y ayudar a las personas de a millones fue por una paciente que llamo la paciente número uno. Vino a mi consultorio en silla de ruedas, hinchada, deprimida y tomando varios antidepresivos y analgésicos, todo originado después de un latigazo cervical.
En ese momento estaba aprendiendo la teoría del intestino hiperpermeable, que explica cómo el intestino puede enfermar a distancia. Le propuse una dieta de prueba de diez o quince días. A los quince días volvió sin dolor, y en un año dejamos casi toda la medicación. Ese cambio fue un despertar: entendí que el alimento como herramienta terapéutica funcionaba y que no podía quedarse en un consultorio de Cipolletti.
Ese protocolo termina llegando a miles de personas al mismo tiempo. ¿Cómo es la logística para organizar y entregar eso a escala?
Todo arranca con un autotest: la persona identifica si tiene un síntoma digestivo y al menos dos síntomas asociados al intestino permeable, como dolores de cabeza, hinchazón, cansancio o inestabilidad anímica. Si se reconoce en ese cuadro, accede al protocolo y recibe por mail todo el plan de alimentación, con una fase de preparación de tres días antes de arrancar.
El programa empieza siempre el mismo día de la semana para poder coordinar el seguimiento grupal. La persona entra a un grupo moderado por una nutricionista, con acceso a un médico para consultas, recetas, meditaciones guiadas y clases de ejercicio. Ese acompañamiento colectivo es clave, porque dejar de consumir harinas y azúcar de golpe no es sencillo para nadie.
Hay además un circuito de contingencia: si alguien no mejora, un médico lo contacta al día siguiente para ajustar el tratamiento, ya sea con antibióticos locales, suplementos o un cambio puntual en la dieta. Es una logística de seguimiento personalizado corriendo en paralelo sobre un proceso pensado para funcionar en simultáneo con cientos de personas.
¿Y del lado de los insumos? ¿Qué necesita conseguir alguien para poder sostener ese esquema de alimentación?
La base es bastante simple y no requiere una cadena de abastecimiento compleja: huevo, jamón, nueces, pollo, pescado, mariscos, arroz, quinua, polenta, algunas frutas y verduras, aceitunas, tofu y té. Son alimentos que se consiguen en cualquier mercado, sin necesidad de recurrir a dietéticas ni a productos importados.
A eso se suma una parte de suplementación, que no es obligatoria pero acelera los procesos: magnesio para quienes tienen insomnio, ansiedad o dolor articular, un probiótico prebiótico para desinflamar, y omega tres en casos de autoinmunidad o depresión. Son insumos accesibles, lo que simplifica bastante la logística individual del protocolo.

Mencionás mucho a trabajadores con horarios rotativos, como transportistas o gente del sector petrolero. ¿Cómo impacta la alimentación en su rendimiento?
Atiendo mucha gente que trabaja con horarios cambiantes y come fuera de su casa, como transportistas y petroleros. Cuando una persona con síntomas digestivos o extradigestivos hace un cambio de alimentación, suele tener mejoras muy importantes en su foco, su sueño, su rendimiento y su energía para trabajar.
No le pasa a todo el mundo por igual, pero en quienes tienen sobrepeso, cansancio, dolores articulares o de cabeza, casi siempre hay un alimento generando esa cascada inflamatoria en silencio, y el principal sospechoso suele ser el trigo. Por eso recomiendo que, al menos una vez, cualquier trabajador con esos síntomas pruebe una semana sin gluten, sin lácteos y sin azúcar.
Calculo que un 30% de la población tiene síntomas de intestino permeable sin saberlo, algo que afecta el cerebro, la salud mental y la inmunológica. En sectores con turnos rotativos, jornadas largas y comida fuera de casa, ese es justamente el perfil de trabajador que más se beneficia con un ajuste puntual en su alimentación.
¿Qué peso tiene publicar en revistas internacionales para validar un enfoque que todavía se considera medicina alternativa?
Es fundamental. Como esto todavía se considera medicina alternativa, es clave validarlo en revistas internacionales, porque ahí la exigencia es mayor. Contamos con dos investigadores que hacen encuestas válidas antes y después del método, y ya publicamos cinco papers en revistas internacionales.
El último trabajo, aceptado en la revista de la Asociación Argentina de Gastroenterología, incluye a 14.000 pacientes y es el estudio más grande hasta el momento sobre síntomas digestivos y extradigestivos. La comercialización internacional del conocimiento es una de las bases fundamentales de este trabajo: sin publicar afuera, este enfoque no logra la seriedad que necesita para ser aceptado por los colegas.
El problema es el tiempo: un trabajo científico tarda en promedio catorce años desde que se valida hasta que llega a la facultad de medicina y se empieza a enseñar. Es un camino largo y a veces frustrante, pero es el único que permite que un enfoque innovador termine siendo aceptado por la comunidad médica en su conjunto.
Nunca habías pensado tu trabajo en términos de logística. ¿Qué te dejó esta mirada?
Lo de la logística me encantó, nunca me lo habían preguntado y la verdad es que es fundamental y es justamente lo que la gente quiere saber, aunque yo nunca lo cuento así. Nunca había explicado el paso a paso de cómo funciona el protocolo de esta manera, y creo que es importantísimo empezar a compartirlo.




