Era la madrugada del 20 de noviembre de 1999 y Jorge Matute Johns estaba en el boliche La Cucaracha, ubicado en Talcahuano, Chile. Tenía 23 años y había ido a bailar con un grupo de amigos. En algún momento de la noche, sin que nadie pudiera explicarlo con certeza, dejó de ser visto.
Jorge, a quien su familia llamaba “Coke”, estudiaba Ingeniería Forestal en la Universidad de Concepción y estaba cerca de terminar la carrera. Vivía con sus padres en San Pedro de la Paz y llevaba una vida que, hasta entonces, había sido tranquila.
Uno de sus amigos, Gerardo Roa, también estaba en el boliche esa misma noche. Las últimas horas de Jorge estuvieron rodeadas de versiones diferentes: algunos testimonios indicaron que había salido solo del lugar, mientras que otros mencionaron una posible pelea dentro del establecimiento.
Una desaparición misteriosa
Alrededor de las 7.30, Gerardo fue hasta la casa de la familia Matute Johns para preguntar si Jorge había vuelto. La familia comenzó a buscarlo y rápidamente entendió que algo no estaba bien.
Durante los primeros días se realizaron rastrillajes y se tomaron declaraciones a personas que habían estado aquella noche en La Cucaracha. También se produjeron llamados anónimos y pedidos de dinero a cambio de información sobre el paradero del joven.
La investigación comenzó como una “presunta desgracia”, como se denomina en Chile a los casos en los que una persona desaparece y se desconoce qué pudo haberle ocurrido.

En el avance de la causa, los agentes interrogaron al dueño del boliche, Bruno Betanzo, a su pareja, Carmen Sereño, a trabajadores y guardias de seguridad y a varios de los jóvenes que habían estado en el lugar.
También se investigó a un grupo de personas que había estado en la discoteca aquella madrugada. Siete jóvenes llegaron a ser procesados por obstrucción a la Justicia, aunque posteriormente esas acusaciones fueron descartadas.
Durante años, el expediente se caracterizó por los testimonios contradictorios y los cambios de hipótesis. La familia, mientras tanto, seguía sin saber qué había ocurrido con Jorge.
El hallazgo de los restos
El 12 de febrero de 2004, más de cuatro años después de la desaparición, restos humanos fueron encontrados a la vera del río Biobío, a la altura del kilómetro 22,6 de la Ruta de la Madera. Posteriormente, las pericias permitieron confirmar que se trataba de Jorge Matute Johns.
El hallazgo respondió una de las preguntas que durante años habían atormentado a la familia: Jorge había muerto. Pero todavía faltaba saber cómo, cuándo y, sobre todo, quién había sido el responsable.

Los primeros estudios forenses no lograron establecer con claridad la causa de muerte. La investigación continuó y se analizaron nuevamente las circunstancias de aquella madrugada en La Cucaracha.
Los restos fueron sepultados en 2005. Sin embargo, años después, la familia pidió que fueran exhumados para realizar nuevos estudios.
Una nueva hipótesis apareció años después
En 2014, la causa fue reabierta y quedó en manos de la jueza Carola Rivas. En esta ocasión, la investigación volvió a concentrarse en las circunstancias de la muerte de Jorge y se realizaron nuevos análisis de los restos, incluso en el extranjero.
Los estudios detectaron pentobarbital en los restos de Jorge. En marzo de 2018, Rivas concluyó que el joven murió por la ingesta de esa sustancia y sostuvo que se la habían suministrado terceros con la intención de dejarlo inconsciente para abusar sexualmente de él.
La conclusión marcó un nuevo giro en una causa que durante años había estado caracterizada por versiones contradictorias. La jueza descartó así la hipótesis de que Jorge hubiera muerto como consecuencia de una golpiza y centró sus conclusiones en la intoxicación con pentobarbital.

Sin embargo, la investigación no logró identificar quiénes le dieron la droga ni quiénes fueron responsables de su muerte. Tampoco pudo establecerse quiénes habrían participado del supuesto intento de abuso.
Una causa sin condenados
Después de años de investigación, la jueza Rivas decretó el sobreseimiento temporal de la causa el 31 de diciembre de 2018.
La decisión no significó que se hubiera determinado quién mató a Jorge. Por el contrario, el expediente quedó sin responsables identificados y con la posibilidad de ser reabierto si aparecían nuevos antecedentes.
Para entonces, el paso del tiempo había dejado pocas certezas y muchas preguntas. Algunas personas relacionadas con las distintas hipótesis habían muerto y la discoteca La Cucaracha ya no existía.
Más de dos décadas después de aquella noche, el caso de Jorge Matute Johns aún sigue sin responsables.




