Madrid, 24 sep (EFE).- Apagado el ruido del derbi y, tras un cruce de acusaciones que llevó al Real Madrid a pedir la salida de Javier Tebas de la presidencia de LaLiga, el fútbol espera a Jose Mourinho a la vuelta del parón. Y no será amable: Villarreal, Roma, Sevilla, Leipzig y Barcelona medirán en dieciséis días la dimensión de un proyecto que cerró septiembre con más interrogantes de los previstos.

El Real Madrid se marchó al parón en una discusión que desplazó el balón a un segundo plano. Mourinho abrió el fuego en el Metropolitano mostrando dos fotografías para denunciar las entradas de Cristian 'Cuti' Romero y Kang-in Lee que, a su juicio, merecieron la expulsión.

El Comité Técnico de Árbitros reconoció el error en la segunda acción, que acabó con el uruguayo Fede Valverde lesionado. Tebas criticó la postura madridista y el club respondió con un comunicado en el que reclamó "con urgencia un dirigente capaz" de administrar la competición. El presidente de LaLiga replicó después.

Una batalla conocida que ha apartado la mirada de los problemas del equipo sobre el césped. Más allá del arbitraje, el Real Madrid perdió ante el Atlético (2-1), sufrió para derrotar al Elche (2-3) y cerró su primer tramo de Liga en cuarta posición, con 15 puntos de 21 posibles, seis menos que el Barcelona, ganador de sus siete encuentros.

Antes del Metropolitano ya había perdido frente al Betis (1-0). El derbi añadió algo más incómodo que otra derrota: dejó a la vista varios problemas que acompañan al equipo desde el comienzo de la temporada. La pareja Tchouaméni-Valverde, elegida para el primer gran partido del curso, ofreció despliegue y músculo, pero no el gobierno que necesita el equipo; Vinícius atraviesa un inicio discreto y buena parte del peso ofensivo descansa sobre Mbappé.

El parón ofrece a Mourinho tiempo para pensar, aunque no tanto para trabajar. Buena parte de la plantilla se ha dispersado con las selecciones y solo cuenta con siete jugadores disponibles. Cuando vuelva a reunir todas las piezas, apenas tendrá margen para ensayar.

El Villarreal abrirá el 10 de octubre en el Santiago Bernabéu una secuencia que conducirá al Real Madrid hasta el primer clásico de la temporada. Cuatro días después viajará al Olímpico para medirse al Roma; recibirá al Sevilla el 18 y al Leipzig el 21, y visitará al Barcelona el 25.

Cinco partidos en dieciséis días y ningún adversario que invite al descanso. Será el primer tramo en el que Mourinho deberá administrar resultados, esfuerzos y jerarquías. La Liga de Campeones, iniciada con una victoria frente al Inter (2-1), intercala sus duelos contra Roma y Leipzig entre tres compromisos ligueros de máxima exigencia.

El calendario comprobará la profundidad real de una plantilla construida alrededor de un grupo reconocible. La acumulación de partidos dará paso a futbolistas que hasta ahora han ocupado un segundo plano.

Será también la hora de responder a las preguntas que dejó septiembre: encontrar mayor control en el centro del campo, recuperar la mejor versión de Vinícius o apostar por Diomande, repartir una producción ofensiva demasiado concentrada en Mbappé y encajar las piezas nuevas.

Todo desembocará en Barcelona. El primer clásico de Mourinho cerrará el 25 de octubre una secuencia que ofrecerá una fotografía más nítida del equipo que las dos que mostró el portugués en la sala de prensa del Metropolitano.

El estadio rojiblanco conserva un recuerdo reciente. Allí comenzó hace un año a torcerse el proyecto de Xabi Alonso. El Real Madrid llegó con seis victorias en seis jornadas y salió golpeado por una derrota (5-2) que descubrió defectos disimulados por los resultados. No acabó con Xabi, pero abrió una grieta que los meses agrandaron.

Mourinho acaba de salir del mismo estadio con las suyas a la vista. Cuando llegue al Camp Nou, habrá pasado un tercio de la primera vuelta y su proyecto habrá recorrido suficientes kilómetros para distinguir qué problemas pertenecían al rodaje y cuáles amenazan con acompañarlo durante el curso.

Después de varios días con el foco en árbitros, comunicados y despachos, octubre devolverá la discusión al único lugar donde el técnico portugués puede resolverla: el césped. EFE