Las grandes extensiones de tierra le dan paso a la siembra programada; la maquinaria pesada hoy goza de tecnología aplicada para hacer más productivo el proceso del cultivo (REUTERS/Jim Young/Archivo)

Durante muchos años, incluso décadas, el imaginario cultural sobre lo que era el campo permanecía inalterable. No hacía falta actualizar manuales escolares, ni siquiera era preciso trabajar sobre el impacto real que esta actividad tiene en nuestro día a día. Sin embargo, en poco tiempo, esa idea evolucionó, se complejizó y ganó en productividad, preparándose para un futuro en el que será una actividad cada vez más esencial.

Hoy el campo combina ciencia, tecnología, datos, conocimiento y sustentabilidad. Entonces, si queremos pensar en este futuro para nuestro país, es necesario contarles a las nuevas generaciones de qué se trata el campo en la actualidad, porque el abanico de oportunidades laborales es cada vez más amplio, y el impacto que tiene en el desarrollo económico de la Nación también.

Las grandes extensiones de tierra le dan paso a la siembra programada; la maquinaria pesada hoy goza de tecnología aplicada para hacer más productivo el proceso del cultivo; las semillas tienen una fortaleza mucho mayor, y los resultados se ven en la mesa de todos los argentinos.

Hoy el campo combina ciencia, tecnología, datos, conocimiento y sustentabilidad

Queda claro que el agro cambió. Por eso, el desafío actual es como profesionales, y como industria, estar a la altura de lo que esta actividad nos demanda. De ser exitosos no solo tendremos mejores opciones de cultivos: también habrá resultados económicos muy favorables para el país.

Hoy producir alimentos implica tomar decisiones cada vez más sofisticadas. Conocer el suelo, interpretar el clima, anticipar la aparición de malezas y enfermedades, seleccionar la genética adecuada para cada ambiente, administrar recursos y utilizar información para decidir cuándo y cómo intervenir. La tecnología, la biotecnología, la inteligencia artificial y las herramientas digitales son una parte vital de este proceso.

¿Cómo podemos resumirlo? El campo es la tierra, su gente, los cultivos y el ganado, y también ahora un laboratorio de innovación.

Pensar hoy mirando al mañana

Hablar sobre el futuro de la agricultura nos obliga a preguntarnos cómo vamos a producir, con qué conocimiento y quiénes tendrán las capacidades necesarias para hacerlo.

Es una conversación que no se puede postergar, porque el desafío es enorme. Según la FAO, el mundo necesitará producir cerca de un 70% más de alimentos hacia 2050. En un contexto de crecimiento poblacional, cambio climático, presión sobre los recursos naturales y necesidad de mejorar la eficiencia productiva, la agricultura tendrá que hacer mucho más con los recursos disponibles.

Producir alimentos implica tomar decisiones cada vez más sofisticadas

Eso obliga a pensar en una agricultura cada vez más inteligente: con tecnología aplicada adecuadamente, convirtiendo los datos en información y en una estrategia que empieza en la semilla y termina alimentando a los argentinos (y, por qué no, a gran parte del mundo).

El manejo temprano de malezas, enfermedades y plagas, la elección de semillas adaptadas a cada ambiente, el monitoreo de los cultivos y la planificación de aplicaciones son ejemplos de cómo las buenas prácticas agrícolas pueden apoyarse en nuevas tecnologías para mejorar la productividad y, al mismo tiempo, cuidar los recursos.

Esta mirada integral estuvo muy presente en el último Congreso de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid), donde distintas soluciones tecnológicas fueron planteadas como herramientas estratégicas que combinan genética, protección de cultivos, digitalización y conocimiento agronómico.

Ellos y ellas, la clave

En este nuevo campo, el talento también evoluciona. Nacen oportunidades de la mano de la tecnología aplicada a la industria: biotecnólogos, agrónomos, analistas de datos, programadores, ingenieros industriales, expertos en sustentabilidad y hasta especialistas en inteligencia artificial. Todos son hoy necesarios, y juntos construyen una flamante e innovadora manera de trabajar.

Por eso, acercar a los jóvenes a esta actividad se vuelve esencial para cuidar una de las industrias que será cada día más importante para el desarrollo del país, pero también para resguardar uno de los recursos más necesarios para todas las personas: el alimento.

Si queremos una agricultura capaz de responder a los desafíos que vienen, necesitamos personas dispuestas a aprender, investigar, innovar y tomar decisiones con una mirada de largo plazo. El agro argentino tiene una enorme capacidad para hacerlo. Tiene conocimiento, experiencia, recursos naturales, emprendedores y una cadena de valor con fuerte presencia internacional.

Ahora también necesita construir un puente con las nuevas generaciones.

El autor es gerente senior de Marketing para Argentina, Paraguay, Uruguay y Bolivia de BASF