El mundo mira, América lo vive. Brasil elige presidente y marca mucho más que un clima en la región. Hacemos un breve repaso de datos e indicadores socioeconómicos que resumen parte de los 4 años de Lula.

Las estadísticas oficiales del gobierno federal en los últimos años marcan un rebote relativo frente a la tierra arrasada que dejó el bolsonarismo.
Si vamos a los datos duros, podemos decir que el salario mínimo real -tras la restitución de la ley de valorización permanente de los ingresos (Ley 14.663)- registró una mejora acumulada cercana al 8% por encima de la inflación en el ciclo actual…mientras que la desocupación nacional -según la Encuesta Nacional por Muestreo de Hogares (PNAD/IBGE)- perforó el piso histórico de la serie registrada desde 2012, reduciéndose al 6,6% en 2024 y consolidándose en la zona del 5,4% al 5,8% hacia mediados del ciclo 2025/2026.
Según los registros del Ministerio de Trabajo (Novo Caged), la gestión acumula más de 4,4 millones de nuevos puestos de trabajo formales netos (con libreta firmada).
Por su parte, el gobierno federal suele ampliar esa cifra a 10 millones de personas incorporadas al mercado de trabajo, al incluir la reducción del desempleo general y la formalización de trabajadores autónomos relevados por la PNAD/IBGE.
Por otra parte, en lo que respecta a batalla contra el hambre, el retorno del programa Bolsa Família fortalecido (con pisos garantizados de R$ 600 por familia e incentivos por escolaridad) y la recuperación del poder de compra de los alimentos recortaron significativamente la indigencia.

Esto último permitió que la FAO y la ONU confirmaran la salida de Brasil del Mapa Mundial del Hambre, un indicador crítico donde el país había reingresado tras alcanzar a más de 33 millones de personas con inseguridad alimentaria grave al final del mandato de Jair Bolsonaro.
En lo que respecta a la pobreza y a la pobreza extrema, las estadísticas oficiales del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) registran una contracción histórica de los indicadores de privación monetaria.
Impulsada por la expansión -como dijimos- del programa Bolsa Família y la recuperación del salario mínimo real, la pobreza retrocedió del 31,6% al 23,1%, permitiendo que más de 8,6 millones de personas salieran de la pobreza en el ciclo actual.
En paralelo, la extrema pobreza descendió al 3,5% (alrededor de 7,4 millones de brasileños), alcanzando el piso más bajo de toda la serie histórica de la PNAD Contínua.
Sin embargo, el propio IBGE advierte que la vulnerabilidad social continúa territorializada y racializada. Mientras la pobreza golpea al 15,1% de la población blanca, asciende al 25,8% entre la población negra y roza el 39,4% en la región Nordeste.
En materia habitacional, el reflote del programa Minha Casa, Minha Vida superó su proyección inicial al alcanzar de forma anticipada la contratación de 2 millones de soluciones habitacionales, elevando la meta oficial a 3 millones para el cierre del mandato.
Desde el Palacio del Planalto y del Ministerio de las Ciudades, afirman que el programa ya concretó la entrega de más de 1,5 millones de casas y departamentos en todo el país, buscando reducir un déficit estructural que supera las 6 millones de viviendas.

En educación superior, el sistema federal de universidades e institutos (IFs) y la actualización de la Ley de Cuotas (Ley 14.723/2023, que reserva al menos el 50% de las vacantes para alumnos de escuelas públicas, afrodescendientes, indígenas, quilombolas y personas con discapacidad) sostienen un flujo de ingreso masivo.
En educación superior, el sistema federal de universidades e institutos (IFs) y la actualización de la Ley de Cuotas (Ley 14.723/2023) sostienen un flujo de ingreso masivo.
Los datos del Censo da Educação Superior del INEP confirman que más del 52% de los nuevos ingresantes accede a través de políticas de reserva de vacantes y acciones afirmativas.
Asimismo, las investigaciones históricas del perfil estudiantil de la ANDIFES
señalan que cerca del 70% de la matrícula total de la red federal pertenece a sectores populares con ingresos familiares per cápita de hasta 1,5 salarios mínimos.
Hasta aquí, un repaso de indicadores socioeconómicos que demuestran cuantitativamente una mejora indiscutible en las condiciones de vida de las grandes mayorías brasileras.
Esto no quiere decir que Brasil necesariamente haya acabado con las desigualdades históricas que también lo han caracterizado. Para conocer más sobre este último punto, en una próxima nota hablaremos con Ceres Hadich, referente de la Coordinación Nacional del Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (MST), para conocer cómo vivió el campo brasileño estos cuatro años del regreso de Lula; las promesas incumplidas y la violencia latente del latifundio.
La entrada El Brasil del tercer Lula se publicó primero en El Resaltador.




