Durante cuatro horas, Antonio Gasalla se sentaba frente a un espejo para que un equipo modificara su rostro. Otras cinco horas podían pasar hasta retirar cada pieza con cuidado, sin dañar la piel. Al final de ese proceso aparecía Mamá Cora: frágil, perdida, inolvidable. Detrás de una de las imágenes más recordadas del cine argentino estaba Alex Mathews, el especialista que convirtió al actor en el personaje central de Esperando la carroza. Hoy, décadas después de aquella transformación, el maquillador contó que atravesó 15 días a la intemperie y que todavía vive una situación delicada.
“No dejo de estar en una situación complicada”, expresó Mathews en una charla exclusiva con Teleshow. El profesional, que trabajó en más de 600 comerciales y cerca de 20 largometrajes, explicó que su situación se hizo pública a partir de un video que grabaron médicas y trabajadoras sociales de la Municipalidad de Vicente López.
La difusión de esas imágenes abrió una red de ayuda. Según relató, comenzaron a escribirle colegas de la industria audiovisual y exalumnos. Desde el viernes, se hospeda en la casa de uno de ellos junto a su familia, con el objetivo de recuperarse tras las consecuencias físicas de haber dormido en la calle.
“Gracias a un video que grabaron las médicas y trabajadoras sociales de la Municipalidad de Vicente López, mi situación se hizo pública. A partir de ese momento comenzó a escribirme un montón de gente, la mayoría de ellos colegas de la industria y exalumnos míos”, contó.

El pedido inicial había sido directo. En un mensaje publicado en su perfil de Facebook, Mathews escribió: “Estoy en situación de calle. Necesito ayuda para dormir seguro y protegido por unos días hasta que consiga un geriátrico por PAMI. Avísenme, por favor ayuda”.
La colaboración inmediata llegó, aunque Mathews aclaró que su emergencia no terminó. “Desde el viernes me estoy quedando en lo de un exalumno y su familia para intentar levantar el peligroso deterioro de salud que trajeron 15 días de intemperie”, explicó.
El especialista aguarda una solución habitacional estable a través del PAMI. Hasta entonces, depende de la contención que recibió de personas que fueron parte de su recorrido laboral y formativo.
La publicación en la red social generó mensajes de solidaridad y ofrecimientos concretos. En los comentarios, usuarios compartieron un alias para recibir transferencias, teléfonos de contacto y distintas alternativas para acompañarlo en este momento.
En su testimonio, Mathews también dejó al descubierto el dolor que le provocó la ausencia de respuesta de personas a las que considera cercanas desde hace años. “He tratado de comunicarme con amigos y colegas de toda la vida, pero ni me contestan. Supongo que eso ocurre cuando los bolsillos están gordos y la exposición mediática nutre todo narcisismo, aun conociéndonos desde la adolescencia”, lamentó.
La historia de Alex está unida a una escena que se volvió parte de la memoria colectiva argentina. Mamá Cora, la anciana que Antonio Gasalla interpretó en Esperando la carroza, no habría tenido la misma apariencia sin el trabajo de prótesis que diseñó el maquillador.
Gasalla contó alguna vez que la preparación del personaje requería unas cuatro horas. Retirar el material, en cambio, podía llevar unas cinco. Cada parte debía desprenderse de manera lenta con un líquido especial, para no lastimar la piel del actor.
Mathews recordó que, en una de las primeras veces que aplicó la caracterización, Gasalla se quedó dormido. Cuando despertó y se miró al espejo, quedó paralizado frente a su propia imagen. Por unos instantes, no terminaba de entender si estaba frente a sí mismo o ante otra persona.

La prótesis de Mamá Cora representó uno de los primeros trabajos de ese tipo sobre el rostro de un hombre en la Argentina. No se trataba solo de sumar arrugas, modificar facciones o colocar una peluca. El trabajo exigía construir un rostro que permitiera al actor habitar un cuerpo distinto.
“El inicio de mi trabajo está en la caracterización de Mamá Cora, en Esperando la carroza, que hizo Antonio Gasalla, dirigido por Alejandro Doria. Nunca se había intentado ese tipo de trabajo sobre el rostro de un varón”, explicó Mathews al recordar aquella experiencia.
El maquillador siempre sostuvo que el resultado final dependía de una relación entre la técnica, la mirada del director y la entrega del intérprete. “En esta profesión hay dos cosas que te llevan de la mano: el guion, la historia, es lo primero, y luego la mirada que el director le impone a esa historia. Pero hay algo más, y es muy importante: el actor con el que trabajás”, señaló.
Y agregó: “Es cierto que lo que ve el espectador es la imagen que vos creaste, pero si el actor no le pone un interior potente, no le encuentra la corporalidad que necesita, esa imagen no llegará a tener la trascendencia que merece”.

Alex nació el 20 de enero de 1957 en Buenos Aires. Su vínculo con las artes plásticas comenzó temprano. Durante su adolescencia, encontró en el cine la posibilidad de unir ese interés con la creación de personajes, rostros y universos visuales.
Antes de entrar a la industria, filmaba sus propias películas en Súper 8 y aprendía de manera autodidacta. El encuentro con Horacio Pisani, entonces jefe de maquillaje de Canal 9, fue decisivo. Pisani se convirtió en su maestro y le dio una primera oportunidad profesional.
Mathews tenía 17 años cuando trabajó en La cocina, una obra teatral ganadora del Premio Molière en 1974. El desafío consistió en caracterizar a Julio García Alemán, entonces de 40 años, para que interpretara a un linyera. El trabajo incluyó un juego de claroscuros en el rostro, además de una peluca, barba y bigote.
“Mi primer trabajo profesional, en 1974, fue La cocina. El reto me lo confió mi queridísimo maestro, Horacio Pisani, aún a mis muy tiernos 17 años”, recordó en una publicación sobre aquel momento.

En 1982 viajó a Nueva York para profundizar su formación junto a Dick Smith, uno de los nombres fundamentales del maquillaje prostético internacional. Smith fue responsable de caracterizaciones y efectos especiales en películas como El exorcista, Amadeus, Estados alterados y El ansia.
A lo largo de su trayectoria, Mathews participó en más de 600 comerciales publicitarios. Trabajó para campañas de Ceras Johnson, Bagley, Terrabusi, Nabisco, Crush, Coca-Cola, Clarín, Pantene, Lee Jeans, Cinzano, Pañuelos Elite y Ford, entre otras marcas.
Su recorrido también incluyó cerca de 20 largometrajes. Entre ellos aparecen Misteriosa Buenos Aires, Tiempo de revancha, Últimos días de la víctima, En retirada, Camila, Esperando la carroza, Highlander II, Tetro y El secreto de sus ojos.
Participó en Camila, dirigida por María Luisa Bemberg, que fue nominada al Oscar como mejor película extranjera. Años más tarde, integró el equipo de El secreto de sus ojos, dirigida y producida por Juan José Campanella, que obtuvo la estatuilla en 2010 como mejor película extranjera.
También formó parte de Highlander II, una producción británica protagonizada por Sean Connery y Christopher Lambert. En el teatro, recordó con orgullo el trabajo de maquillaje prostético para una obra dirigida por Agustín Alezzo, con Leo Sbaraglia y Pepe Soriano, y con iluminación de Carlos “Chango” Monti.

“Leo Sbaraglia como El Inspector, con Pepe Soriano, dirigidos por Agustín Alezzo, con iluminación del Chango Monti. El primer maquillaje prostético aplicado a una obra teatral”, escribió sobre aquella experiencia.
Entre los proyectos internacionales de Mathews figura Tetro, la película que Francis Ford Coppola filmó en Buenos Aires. El maquillador recordó que era el único integrante angloparlante del equipo técnico y que esa particularidad derivó en un encuentro que todavía conserva con emoción.
Según relató, Coppola estaba cansado de comunicarse por señas con él y decidió invitarlo a almorzar. “Hablamos de todo”, contó Mathews. En sus recuerdos, definió al director de El padrino como “un niño adulto”, de “corazón de hierro” y con una “sencillez inviolable”.
“Es el día de hoy que aún me sigo pellizcando para despertar de un sueño que no fue sueño. Eso es estar vivo”, escribió al evocar aquel rodaje.
La imagen de Mamá Cora, los rostros envejecidos y los personajes construidos para el cine, la televisión y el teatro forman parte de una carrera dedicada a modificar apariencias para contar historias. Ahora, Mathews espera que la ayuda recibida en los últimos días le permita dejar atrás la urgencia que lo llevó a pedir un lugar seguro donde dormir.




