
Valter Longo prevé que las personas que adopten hábitos de salud desde jóvenes podrían alcanzar una esperanza de vida de entre 100 y 110 años, mientras que quienes ignoren las recomendaciones científicas sobre longevidad vivirán menos. El investigador dirige el Instituto de Longevidad de la Universidad del Sur de California, en Estados Unidos.
El especialista describió dos trayectorias opuestas: una población que desatiende el ejercicio, la alimentación, el sueño y otros factores asociados con la salud, y otra que incorpora estas prácticas de forma preventiva. “El mundo va en dos direcciones opuestas. Hay gente que no hace caso a nada y hace lo que le da la gana”, afirmó.
Longo estimó que el primer grupo podría concentrar entre el 90% y el 92% de las personas, con un 32% enfermo, bajo medicación y con una vida relativamente corta o incluso más corta que la actual. En cambio, señaló que los jóvenes muestran una mayor disposición a ejercitarse y cuidar su salud.
Una cena ligera y un ayuno nocturno de 12 horas
La última comida del día ocupa un lugar central en el enfoque de Longo. El investigador aconseja que sea ligera y contenga carbohidratos complejos, presentes en cereales integrales, legumbres, verduras y tubérculos, porque se digieren lentamente y ayudan a mantener estable el nivel de azúcar en sangre.

“Tu última comida del día, ligera y con carbohidratos complejos, puede sumarte años de vida”, sostuvo el autor de La dieta de la longevidad: Comer bien para vivir sano hasta los 110 años, citado por Trendencias, sitio de estilo y tendencias. En su planteamiento, esa elección alimentaria influye sobre el metabolismo, el descanso y la reparación del organismo durante la noche.
Longo propone dejar al menos 12 horas entre la cena y el desayuno siguiente, terminar de comer tres horas antes de ir a dormir y concentrar las comidas en una ventana de 12 horas. Cenar demasiado tarde puede alterar los ritmos circadianos, dificultar el sueño y reducir los procesos de regeneración nocturna.
El modelo alimentario centrado en vegetales
La llamada dieta de la longevidad propone una alimentación mayoritariamente vegetal, rica en carbohidratos complejos y grasas saludables, con una cantidad adecuada de proteínas. El objetivo no es imponer restricciones drásticas, sino adoptar hábitos compatibles con la fisiología humana.

Longo es profesor Edna M. Jones de Gerontología y Ciencias Biológicas en la Escuela Leonard Davis de Gerontología de la Universidad del Sur de California, en Los Ángeles. Se formó en bioquímica en la Universidad del Norte de Texas, obtuvo un doctorado en Bioquímica en la Universidad de California en Los Ángeles y completó estudios posdoctorales en neurobiología.
Su laboratorio investiga los mecanismos fundamentales del envejecimiento en organismos simples y ratones, y busca trasladar esos hallazgos a las personas. También desarrolló intervenciones dietarias y genéticas que protegen células normales y vuelven más sensibles a las células cancerosas frente a la quimioterapia, procedimientos que se prueban en hospitales de Estados Unidos y Europa.
Entre sus investigaciones figura una intervención dietaria periódica de cinco días que imita el ayuno. Ensayos clínicos aleatorizados mostraron que ese modelo reduce factores de riesgo y marcadores asociados al envejecimiento y a distintas enfermedades.




