
Según un estudio publicado este mes en Journal of Vertebrate Paleontology, los restos hallados en Colorado identifican a Mandrasuchus milleri como el integrante confirmado más antiguo de la rama que incluye a los aligátores actuales.
Sus fósiles sitúan a ese grupo pocos cientos de miles de años después de la extinción de los dinosaurios no avianos y ofrecen una referencia temprana para reconstruir la evolución de estos reptiles.
La novedad responde a una pregunta que el registro fósil no había podido fechar con precisión: cuándo comenzaron a aparecer los primeros miembros de la rama de los aligátores.

Aunque algunos grupos emparentados con los cocodrilos sobrevivieron a la extinción del final del Cretácico, faltaban restos que permitieran ubicar los inicios de ese linaje poco después de ese episodio.
El estudio, publicado en Journal of Vertebrate Paleontology, ubica a la especie en América del Norte durante la reorganización de los ecosistemas posterior a la extinción.
También describe un cráneo y una dentadura que sugieren una alimentación variada, una característica útil para entender qué lugar pudo ocupar el animal en ese ambiente.
Los fósiles ubican al linaje de los aligátores poco después de la extinción
Los autores analizaron más de 15 ejemplares hallados en Corral Bluffs, un área con restos fósiles de la cuenca de Denver. El material incluye cráneos, dientes, placas óseas que cubrían la piel y fragmentos de otras partes del esqueleto. En conjunto, permitió reconocer una especie hasta ahora desconocida, llamada Mandrasuchus milleri.

Los restos pertenecen al Paleoceno temprano, el período geológico que comenzó después de la extinción del final del Cretácico. Para calcular su antigüedad, los investigadores combinaron el análisis de polen fósil con el fechado de cenizas volcánicas. Este método permite estimar la edad de una roca a partir de cambios naturales en determinados elementos químicos.
Los cráneos que identifican con seguridad a la especie tienen cerca de 350.000 años más que la extinción masiva. El estudio también relaciona con Mandrasuchus milleri dientes encontrados en capas de unos 200.000 años posteriores a ese evento.
La diferencia entre ambos registros refleja el grado de certeza de cada hallazgo: los cráneos permiten una identificación más completa que los dientes aislados.
El trabajo define a la especie como el miembro confirmado más antiguo de la rama de los aligátores desde el punto de vista de las capas de roca donde apareció.

El estudio de esas capas permite ordenar los fósiles en el tiempo y establecer cuáles son anteriores o posteriores dentro de una región. En este caso, los hallazgos fijan una fecha temprana para la presencia de ese grupo en América del Norte.
Los aligatoridos tienen dos ramas principales. Una reúne a los aligátores, como las especies americana y china. La otra incluye a los caimanes. Mandrasuchus milleri no es presentado como antepasado directo de los aligátores actuales, pero forma parte de una rama temprana de su historia evolutiva.
Los dientes indican que podía alimentarse de presas diferentes
El cráneo de Mandrasuchus milleri tenía un hocico corto y ancho. Sus dientes delanteros eran puntiagudos, mientras que los posteriores eran redondeados y tenían una forma parecida a la de un botón. Esa combinación permite inferir cómo podía capturar y procesar alimentos.

Los dientes posteriores reciben el nombre de globidontos por su forma redondeada. Según se detalla en el estudio, este rasgo y la forma del hocico sugieren que el animal no dependía de un único tipo de alimento.
Podía consumir presas blandas y animales de cuerpo duro, como moluscos y artrópodos, que incluyen insectos, arañas y crustáceos.
El estudio también plantea que la especie pudo aprovechar restos de animales de mayor tamaño. No sostiene que fuera especialista en quebrar caparazones ni que su alimentación explique por sí sola la supervivencia de sus parientes.
La anatomía solo es compatible con una dieta amplia, capaz de incluir recursos distintos en un ambiente que atravesaba cambios profundos.
La especie convivió con otro pariente de los cocodrilos
El estudio identifica en la misma formación a Borealosuchus sternbergii, otro reptil emparentado con los cocodrilos que vivió en la cuenca de Denver.

La presencia de ambas especies muestra que los ecosistemas del Paleoceno temprano albergaban más de un tipo de estos animales, aunque los fósiles no permiten establecer de forma directa cómo se repartían los alimentos o el espacio.
Los autores proponen que pudieron aprovechar recursos diferentes a partir de sus diferencias anatómicas y alimentarias. Esta posibilidad se conoce como reparto de recursos: ocurre cuando especies que viven en un mismo ambiente consumen alimentos distintos o usan sectores diferentes del lugar donde habitan.
En Mandrasuchus milleri, la dentadura es el principal indicio de una alimentación diversa. El análisis de su convivencia con Borealosuchus sternbergii todavía no resuelve cómo funcionaba aquel ambiente.
Sin embargo, el nuevo fósil aporta una fecha temprana y datos anatómicos para investigar la recuperación de estos reptiles en América del Norte después de la desaparición de los dinosaurios no avianos.




