Mijes es alcalde del Municipio de General Escobedo, en Nuevo León (México)

En las últimas semanas me ha ocurrido algo curioso mientras recorro Nuevo León: llego a un lugar donde los vecinos llevan meses o años esperando una solución, escucho el problema, lo hacemos visible y, poco después, el gobierno estatal aparece.

No me quejo. Al contrario: ojalá siga sucediendo.

En el ejido Las Palomas, en Mier y Noriega, conocí familias que seguían batallando para tener agua potable. El caso tiene historia. En 2021, el Gobierno de Nuevo León anunció una inversión cercana a 11 millones de pesos para ampliar la red de agua y beneficiar a más de 800 habitantes. Cinco años después, el problema seguía ahí.

Fuimos, escuchamos y gestionamos con empresarios una planta potabilizadora. Y solo después, apareció el Gobierno estatal, tarde a la cita, pero por fin haciendo algo.

En la Zona Metropolitana ocurrió algo parecido. Visitamos una fuga en la colonia Tijerina que, según los vecinos, llevaba meses sin atenderse. La hicimos visible y poco después llegaron a trabajar las cuadrillas de Agua y Drenaje.

No pretendo adivinar las motivaciones de nadie. Me quedo con los hechos: un problema olvidado, ciudadanía que habla, visita territorial, atención pública y autoridad que reacciona forzada. Y eso, aunque parezca una anécdota política, tiene bastante ciencia detrás.

John Kingdon explicó que muchos problemas pueden existir durante años sin entrar verdaderamente en la agenda gubernamental. El cambio ocurre cuando alguien logra convertir una condición cotidiana en un problema público imposible de ignorar. Dicho en norteño: hay problemas que el gobierno decide “no ver” hasta que alguien se los pone enfrente.

Sara Hobolt y Robert Klemmensen encontraron algo complementario al estudiar distintas democracias: la competencia política puede aumentar la capacidad de respuesta de los gobiernos, especialmente de los malos gobiernos en turno. Cuando existe escrutinio, territorio y presión pública, las prioridades de quien tiene el poder pueden cambiar.

Eso es bueno para la democracia. Y, sobre todo, es bueno para la gente. Porque señalar un problema sirve de poco si todo termina en un video. Lo importante es que después llegue la solución.

No me interesa ganar la carrera para llegar primero a una fuga de agua o drenaje, de las que por cierto hay miles por el abandono administrativo. Me interesa que deje de salir agua sucia que arriesga la salud de los niños o que se deje de desperdiciar el agua potable que pronto puede escasear.

Ese es precisamente el sentido del “Antitur” que inicie hace unos días. Recorrer Nuevo León no para coleccionar problemas, sino para empujar soluciones. Escuchar, documentar, hacer visibles las problemáticas sociales y conseguir que las cosas se muevan.

Es una forma de empujar la Transformación desde el territorio y sacar a los gobernantes comodinos del escritorio o la red social; es algo que, además, coincide con una idea central de la Presidenta de México, la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo: el gobierno cercano se construye escuchando directamente a la gente. Esa lógica aparece expresamente en el Plan Nacional de Desarrollo.

Así que, si después de cada visita de Andrés Mijes o del “Antitur” aparecen cuadrillas, funcionarios o maquinaria para tratar de minimizar el efecto en la opinión pública, bienvenidos. No importa que el gobierno de Samuel haga lo correcto por las razones incorrectas, mientras lo haga.

Al final, y lo digo con ironía, quizá el “Antitur” terminó descubriendo una nueva modalidad de coordinación institucional en Nuevo León: nosotros encontramos el problema y el Gobierno estatal viene detrás a tratar de cambiar la narrativa.

Que nos sigan. Todavía hay mucho Nuevo León por recorrer.

*El autor es Alcalde, con licencia, del Municipio de General Escobedo y aspirante a Coordinador de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en Nuevo León, México.