Ted Kaczynski llamado Unabomber envió 16 artefactos entre 1978 y 1995, mató a tres personas e hirió a 23. Fue la investigación más costosa del FBI hasta ese momento

El 19 de septiembre de 1995, The Washington Post distribuyó entre sus lectores un suplemento de ocho páginas que no formaba parte de su edición habitual. Lo había impreso solo porque sus rotativas eran las únicas capaces de producirlo en día de semana. The New York Times recibió los ejemplares que les correspondían y los insertó en su propia edición. Así, el manifiesto del terrorista más buscado de Estados Unidos llegó a los kioscos de todo el país. Hace 31 años.

Nadie en las redacciones estaba contento con la decisión. “Ninguno de los dos periódicos tiene motivos periodísticos para publicar esto”, declaró Donald E. Graham, editor de The Washington Post, por entonces. Arthur Sulzberger Jr., editor de The New York Times, se lamentó por estar “entregando nuestras páginas a un hombre que ha asesinado gente”, aunque reconoció que se había tomado “la decisión correcta entre malas opciones”.

La publicación no fue un gesto voluntario. Fue el resultado de meses de presión, deliberación y, finalmente, una recomendación formal del FBI y de la fiscal general de Estados Unidos Janet Reno “por razones de seguridad pública”.

Todo había comenzado en junio de 1995, cuando las redacciones del Times y del Post recibieron un manuscrito de más de 35.000 palabras. Lo firmaba alguien que se identificaba como “F.C.” y que llevaba casi dos décadas enviando paquetes bomba a universidades y aerolíneas de Estados Unidos. El remitente ponía una condición: si los diarios publicaban el texto en un plazo de 90 días, dejaría de matar.

La publicación del manifiesto de Ted Kaczynski agotó ejemplares, multiplicó las llamadas a los diarios y al FBI y reactivó las pistas sobre el Unabomber

El escrito se titulaba “La sociedad industrial y su futuro” y estaba dividido en 232 puntos. Argumentaba que la Revolución Industrial había sido una catástrofe para la humanidad porque “obliga a la gente a comportarse de un modo cada vez más alejado de los patrones naturales de la conducta humana”. De allí derivaban, según el autor, trastornos psicológicos masivos y la necesidad urgente de una revolución mundial contra la tecnología.

Los diarios dudaron durante semanas. En los días posteriores a recibir el manuscrito, los diarios publicaron algunos fragmentos, pero se resistían a ceder al chantaje completo. El dilema era evidente: ¿darle una plataforma a un asesino o arriesgarse a que los atentados continuaran?

El agente especial del FBI Terry Turchie reconoció que inicialmente pensaron que publicar el manifiesto sería una mala idea “porque era demasiado descabellado”. Pero luego cambiaron de postura: si se publicaba, alguien casi con seguridad reconocería la voz detrás de él, “porque esas palabras eran tan apasionadas”, explicó Turchie años después de los hechos.

Tras tres meses de deliberación, los editores de ambos diarios siguieron el consejo del FBI y avanzaron. El problema logístico que surgió fue inesperado: si aguardaban al domingo, la tirada sería mucho mayor de lo que cualquiera de los dos quería. La solución fue publicar un martes, con las rotativas del Post haciendo el trabajo y dividiendo costos con el Times.

Ted Kaczynski se declaró culpable en 1998 para evitar la pena de muerte y murió en 2023 en una celda tras pasar décadas preso. En la foto el manifiesto escrito por Unabomber

El texto salió el martes 19 de septiembre como un suplemento independiente de la sección de noticias. Se agotó en los kioscos en cuestión de días. Hubo lectores que llamaban desesperados al Washington Post preguntando dónde conseguir un ejemplar. Editoriales anarquistas comenzaron a imprimir versiones en formato de bolsillo.

El FBI había calculado mal. Algunos dentro del organismo suponían que el texto sería demasiado denso e idiosincrático para encontrar eco en el público. Sean Fleming, investigador de la Universidad de Nottingham que llevaba años estudiando la ideología de Kaczynski, explicó que “lo que fue más llamativo que la cantidad fue la calidad de la cobertura”. Los columnistas publicaron debates entre Kaczynski y algunas de sus víctimas, presentando las ideas del terrorista junto a las de profesores universitarios a los que había enviado cartas bomba.

A las redacciones llegaron miles de llamadas de personas que creían reconocer al autor. La línea gratuita del FBI, el 1-800-701-BOMB, que desde 1993 había recibido más de 50.000 avisos, se llenó de nuevas pistas. Entre toda esa marea de llamadas, una en particular cambió el curso de la investigación para siempre.

Linda Patrik, profesora de filosofía y esposa de David Kaczynski, estaba de vacaciones en Francia cuando empezó a leer artículos sobre el Unabomber en el International Herald Tribune. “Casi a diario leía estos artículos y me rascaba la cabeza pensando: ‘Vaya, esto suena como el hermano de Dave’”, declaró en 2016.

Ted Kaczynski cuando era profesor en la Universidad de Berkeley en 1967. El FBI detuvo a Ted Kaczynski en abril de 1996 en su cabaña de Lincoln, Montana

Un informe mencionaba las habilidades de carpintería del sospechoso. Otro describía su aversión a la tecnología. Otros enumeraban ciudades donde habían estallado bombas, lugares donde ella sabía que el hermano de David había vivido o trabajado. El patrón se volvió imposible de ignorar y tuvo que hacerle la pregunta incómoda a su marido: “¿Es posible que tu hermano sea el Unabomber?”.

David Kaczynski leyó el manifiesto y reconoció el estilo, las ideas y, sobre todo, una expresión que su hermano Ted usaba con frecuencia: “No puedes comerte la torta y seguir teniéndola”. Fue esa frase la que lo dejó sin margen de duda.

“Fue una situación de pesadilla”, dijo David en una entrevista de 2015 con la BBC. “Literalmente consideré la posibilidad de que mi hermano fuera un asesino en serie, la persona más buscada de Estados Unidos, quizás del mundo entero”. El dilema era brutal: si guardaban silencio, podían producirse más muertes. Si hablaban, Ted podía enfrentar la pena de muerte.

En 1996, abrumado por las coincidencias, David contactó al FBI. El FBI desplazó agentes a Montana para vigilar una cabaña remota en el bosque de Lincoln. Durante casi tres semanas fue imposible confirmar si Kaczynski estaba adentro. Al decimoctavo día, lo detuvieron.

Fotografía de archivo del 6 de abril de 1996 de la cabaña de Ted Kaczynski en los bosques de Lincoln, Montana (AP)

El 3 de abril de 1996, agentes federales rodearon la construcción de madera que Ted Kaczynski había levantado con sus propias manos, sin electricidad ni agua corriente, en las afueras de Lincoln, Montana. Lo que encontraron adentro fue, en palabras de la agente especial del FBI Kathleen Puckett “una mina de oro”.

Había componentes de bombas, una bomba lista para ser enviada por correo y más de 40.000 páginas de diarios manuscritos que detallaban experimentos con explosivos y describían cada uno de los crímenes. También encontraron una copia en carbónico del manifiesto y, en la casa familiar de Chicago, la versión manuscrita original que Kaczynski había escrito en 1971, con las mismas ideas centrales.

David Kaczynski vio el arresto en las noticias. “Lo sacaron de su cabaña entre dos alguaciles federales y tenía un aspecto terrible. Estaba completamente desaliñado. Su ropa no era más que harapos y llevaba meses sin bañarse”, declaró en 2006. Y agregó: “¿Y encima oír que lo describían como un asesino en serie, un terrorista? La información que tenían no se correspondía con los recuerdos que yo tenía de Ted, el niño bueno que fue mi hermano mayor”.

Theodore John Kaczynski nació el 22 de mayo de 1942 en Chicago. Desde chico fue un caso aparte: en la escuela primaria le midieron un coeficiente intelectual de 167,3 puntos. Saltó de quinto a séptimo grado de un tirón, lo que lo dejó rodeado de compañeros mayores que alternaban el acoso con la indiferencia. A los 16 años entró a Harvard con una beca. A los 20 se graduó. Hizo el doctorado en matemáticas en Michigan y en 1967 obtuvo un puesto como profesor ayudante en la Universidad de California en Berkeley, donde estaba encaminado a una carrera brillante.

Material hallado en la cabaña de Unabomber. El manifiesto de Ted Kaczynski, titulado

En 1969 renunció de golpe. Dos años después se instaló en una cabaña que construyó él mismo en el bosque de Lincoln, Montana. Cazaba, pescaba, cultivaba. No tenía luz ni agua corriente. Y en 1978 envió su primera bomba.

El primer artefacto estalló en la Universidad Northwestern, en Illinois. Iba dirigido al profesor Buckley Crist, pero lo abrió un guardia de seguridad llamado Terry Marker, que sufrió heridas y quemaduras. Era una bomba artesanal: un tubo de metal de 2,5 centímetros de diámetro y 23 de largo, con pólvora, caja de madera tallada a mano y detonador activado por clavos y cabezas de fósforo.

Durante los años siguientes, Kaczynski perfeccionó sus métodos. En 1979 colocó una bomba en el vuelo 444 de American Airlines, un Boeing 727 con ruta Chicago-Washington. El detonador falló antes de activar la carga completa, pero generó suficiente humo como para forzar un aterrizaje de emergencia. Los forenses concluyeron que, de haber funcionado, la explosión habría tenido fuerza “para destrozar el avión”. A bordo viajaban 72 pasajeros.

En total, entre 1978 y 1995, Kaczynski envió 16 artefactos. Mató a tres personas: Hugh Scrutton, dueño de un comercio de alquiler de computadoras; Thomas Mosser, ejecutivo publicitario; y Gilbert Murray, lobista de la industria maderera. Hirió a 23 más. Durante años, el FBI no supo si estaba persiguiendo a uno o a varios responsables. La falta de ADN, la ausencia de un patrón temporal fijo y el uso de materiales cotidianos hicieron que la investigación, la más costosa en la historia del FBI hasta ese momento, no diera resultados concretos durante casi dos décadas.

The Washington Post y The New York Times publicaron en septiembre de 1995 el manifiesto del Unabomber por recomendación del FBI y de Janet Reno (Reuters)

El proceso judicial que siguió al arresto fue, según The New Yorker, tan desconcertante como todo lo anterior. Kaczynski peleó contra sus propios abogados, que querían presentarlo como esquizofrénico paranoico para evitar la pena de muerte. Él se negó con firmeza. Consideraba que esa estrategia era una forma de silenciar sus ideas, de convertir una posición política en un síntoma clínico.

El juez federal Garland Burrell le negó el derecho a elegir su propio abogado y también el de representarse a sí mismo, a pesar de que la psiquiatra designada por el tribunal Sally Johnson lo había declarado competente para hacerlo. Acorralado, Kaczynski aceptó declararse culpable en enero de 1998 a cambio de varias cadenas perpetuas consecutivas en régimen de aislamiento.

Pasó el resto de su vida en la prisión federal de máxima seguridad de ADX Florence, en Colorado, desde donde continuó escribiendo cartas y ensayos. El 10 de junio de 2023, a los 81 años, se suicidó en una celda de la cárcel de Carolina del Norte, adonde había sido trasladado por problemas de salud.

El hombre que había obligado a dos de los diarios más poderosos del mundo a publicar su manifiesto murió solo, en una celda, sin haber logrado que nadie desmantelara la sociedad industrial. Pero el manifiesto es uno de los libros más vendidos de Amazon en la categoría de pensamiento político radical. Eso no estaba en sus planes. Tampoco en los del FBI.