Leandro es actor, profesor de teatro y de expresión corporal. Diseñó una rutina para los adultos mayores en el centro de día, completamente diferente al de una institución tradicional. Allí, los concurrentes no duermen: asisten a pasar la jornada, comparten las comidas y eligen entre distintos talleres recreativos. Es justamente en ese espacio de libertad donde lleva adelante una propuesta artística y de movimiento que rompe de lleno con cualquier preconcepto sobre la vejez.

Para el profesor, la actuación y el movimiento son la base de su trabajo pedagógico, una pasión que cultiva desde chico y que lo llevó a desarrollar su labor con distintas poblaciones, desde adolescentes y niños de barrios populares hasta personas con discapacidad. Sin embargo, al encarar por primera vez el taller con personas de tercera edad, tuvo que enfrentar sus propios miedos: temía encontrarse con un entorno triste o deprimente. La realidad lo sorprendió de inmediato al descubrir a un grupo con ganas de jugar, reír y divertirse, con una falta de vergüenza comparable a la de las infancias y muy alejada de las inhibiciones típicas de la adolescencia.

La dinámica de la clase combina el lenguaje teatral con el ejercicio físico, estructurándose a partir de la confianza y el conocimiento mutuo. Cada encuentro comienza con una charla para saber cómo están y sigue con una entrada en calor articular que abarca desde el cuello hasta los tobillos, siempre bajo la premisa de que nadie está obligado a hacer lo que no quiere o no puede. Luego, la jornada suma ejercicios de coordinación al ritmo de la música y continúa con el ensayo de la coreografía que estén aprendiendo.

Michael Jackson y perreo

El verdadero sello del taller es el choque generacional. Lejos de encasillarse en géneros tradicionales como el tango o el folclore, Leandro propone desafíos que van desde interpretar a los zombies de Thriller de Michael Jackson hasta bailar Rompe de Daddy Yankee. Aunque el reggaetón generó dudas iniciales y rechazo hacia palabras como “perreo”, el entusiasmo del docente y la complicidad del espacio terminaron por convencerlos a todos de darle una oportunidad al género urbano.

La propuesta trasciende la pista de baile e involucra a todos los integrantes de la institución. Desde quienes aportan sugiriendo canciones o grabando a sus compañeros en video, hasta el personal de enfermería y asistencia gerontológica que participa activamente de las ideas. Al finalizar cada clase con una ronda de palabras y respiraciones conscientes, la transformación es evidente: los adultos mayores activan su cuerpo y su derecho al disfrute pleno a cualquier edad.

Leandro en el centro de día Palabras Mayores. (Foto: Gastón Taylor)

- ¿Cómo comenzó tu amor por el arte?

- Bueno, empezó desde muy chico, porque siempre fue mi forma de jugar y de alguna manera lo que hacía con mis amigos, que era que todos bailemos o que todos actuemos y nos metamos en una historia. Es lo que reproduzco acá, en este caso con adultos mayores. Pero bueno, en general en mi vida con distintos tipos de poblaciones: personas con discapacidad, adolescentes, laburo en barrios populares y demás.

- ¿Qué es Palabras Mayores y hace cuánto trabajás acá?

- A diferencia de un residencial o un geriátrico, no duermen acá. O sea, son adultos mayores que vienen y pasan su día, tienen sus talleres y eligen sus talleres. Algunos no vienen todos los días de la semana y es un lugar en el que almuerzan, desayunan y meriendan.

- ¿La primera vez que viniste, que diste tu primera clase, tenías algún prejuicio?

- Totalmente. Nunca había trabajado con adultos mayores y pensaba que no sé, que me iba a deprimir, que eran personas tristes y que no me iba a divertir, porque algo que busco siempre en lo que hago es divertirme. Y todo lo contrario, me sorprendí. Son personas que quieren divertirse, jugar y reír.

- ¿Cuál es el mayor desafío de trabajar con gente de la tercera edad?

- A veces la unión puede ser un desafío. Ya sea porque cada uno tiene sus días y porque algunos no escuchan muy bien, a veces puede ser difícil la unión, pero en general sucede. La unión en el sentido de estar todos en la actividad, estar todos a su manera, cada uno, pero compartiendo la clase.

- La gente mayor, ¿tiene más o menos vergüenza que un niño o un adolescente a la hora de bailar?

- Creo que el adolescente es alguien especial, en ese caso puede ser la franja etaria que más vergüenza puede tener por el momento de conocerse a uno mismo y conocerse con los demás. Los adultos mayores, en ese caso, creo que son como las infancias: como los niños y las niñas, son más desvergonzados.

Alumnos, durante la clase de expresión corporal

- ¿Cómo es el momento de planificar una clase acá en el centro de día?

- Siempre digo que lo más importante es conocer al grupo y establecer un vínculo. Que me conozcan y yo conocerlos, saber qué les gusta y saber qué no les gusta. Entonces, si bien yo siempre tengo una estructura en la cual me baso, eso va cambiando dependiendo de las necesidades y aquello que voy conociendo del grupo. Así que sí, empezó de una manera y hoy es otra, y creo que va a seguir cambiando. Primero siempre les pregunto qué onda, cómo están, si tienen alguna novedad. A veces me comparten, a veces no tienen nada. Después tenemos movimientos articulares para empezar una entrada en calor y lo hacemos por todo el cuerpo, tren superior y tren inferior, empezando de arriba para abajo: cuello, hombros, muñecas, brazos, cintura, rodillas y tobillos. También otra cosa importante es que quien no quiere, quien no puede o quien no tiene ganas, no lo hace. Es decir, nadie está exigido a hacer tal o cual cosa. Después de la entrada en calor hacemos coordinación y vamos con movimientos al ritmo de la música. Y finalmente empezamos con los pasos de la coreografía por separado. Van pasando de a tríos o de a dúos, primero para yo poder verlos y ver cómo están haciendo los pasos, o para que me puedan preguntar.

- ¿Qué temas hicieron?

- Empezamos con Thriller de Michael Jackson. Un desafío, porque además tenía mucha actuación, porque éramos zombies. Yo soy actor y profesor de teatro, no soy bailarín profesional, así que todo lo que hago siempre tiene como base la actuación. Después hicimos Rompe de Daddy Yankee. Me interesaba mucho el choque generacional de ver a adultos mayores bailando reggaetón, me parecía muy interesante. Al principio hubo resistencia. Fue polémico. Decían “no, perreo, ¿qué es eso? No me gusta esa palabra”. Pero lo logré. De hecho Carlos, que es alguien a quien le gusta grabar, no participa bailando pero le gusta grabar a sus compañeros y siempre me propone un montón de canciones porque le encanta la música. Eso para mí es lo más importante o interesante del encuentro: que cada uno aporta desde su lugar. No hay una sola manera de hacer las cosas. Ahora vamos por el disco. Me interesa también que podamos hacer algo de Lali, por ejemplo, obviamente adaptado. No porque sean adultos mayores tenemos que hacer tango o folclore; me interesa el choque cultural.

- ¿Cómo lograste que el que no quería perrear termine perreando?

- No lo sé, tal vez por mandarme y porque como a mí me entusiasma, puedo hacer que los demás también se entusiasmen. Pero se empezó a dar porque ya nos conocemos, tenemos cierta confianza y complicidad. Eso habilita a decir “bueno, el reggaetón no me gusta, pero en este espacio me lo puedo permitir”. Un día me puse a perrear en el piso, tipo rodilla al piso, y Cacho se tiró al piso conmigo sin ningún problema. Cacho va a hacer todo lo que haya que hacer porque le gusta divertirse.

- ¿Notás un cambio de actitud de ellos antes y después de la clase?

- Sí, de hecho siempre les pregunto. Iniciamos con tres respiraciones en conjunto durante los movimientos articulares. Me interesa que tengan conciencia sobre la respiración y sobre su cuerpo. Hay personas que tal vez en su vida no tuvieron mucho contacto o conciencia sobre su cuerpo, tal vez son personas más mentales que trabajaron en una oficina toda su vida. Me interesa hacer hincapié ahí y siempre les pregunto cómo se sienten luego de los movimientos articulares para que tomen conciencia de eso.

- ¿Hay algún alumno que sea rebelde?

- Sí, hay varios rebeldes. Salvador es uno de los más grandes y puede ser bastante rebelde. Está en un momento en el que hace lo que quiere y me parece bien. Le digo: “bueno, Salvador, ponete atrás mío” y de repente se sienta, o se pone al lado, o se pone adelante. Pepe es otro rebelde, es muy estructurado. Al principio, cuando nos conocíamos, una vez dijo “uy, grita mucho”. Ahí entendí que tenía que gritar menos, porque yo estaba en la entrada en calor diciendo “dale, vamos arriba” y Pepe pensaba “este pesado me viene a gritar”. O si Pepe va al baño y Felipe se sienta en su lugar, cuando vuelve lo saca porque su lugar, es su lugar. Se respeta. Al principio tampoco se sabían todos los nombres entre ellos porque no vienen todos los días, pero para mí era importante que se conozcan más, así que al principio siempre charlamos un poco.

- ¿Quién es el personaje de la clase?

- El personaje de la clase es Cacho Garúa. Él es cantante, poeta, actor, es un capo y le encanta protagonizar. Si hay días donde la energía está medio baja, Cacho siempre la va a subir. A mí me gusta cantar también y una vez, terminando mi clase, lo veo a Cacho con su parlantito y su micrófono cantándole un tango a sus compañeros antes de almorzar. Es algo que propuso él y que se habilita en el espacio: que cada uno pueda ser quien quiera ser.

- ¿Qué es lo que más disfrutás vos como profesor de estas clases?

- Lo que más disfruto es cuando puedo encontrar la diversión. Disfruto mucho de bailar, me da mucha risa el conjunto y me parece divertido. Lo que más disfruto es que todos estemos en una, que podamos compartir y disfrutar de una misma cosa, ya sea porque nos estamos escuchando o porque están concentrados con los movimientos porque les interesa genuinamente.

- También participan de la coreografía mucha gente que trabaja en el centro de día. ¿Qué comentarios te hacen?

- Sí, Thriller sucedió porque Inés, la enfermera del espacio, me dijo: “Che, ¿no te gustaría que hagan Thriller de Michael Jackson?”. Y dije que sí, de una. Todos participamos: auxiliares, enfermeras y concurrentes. Para mí, cualquier persona que esté en el espacio es parte del encuentro.

- ¿Qué comentarios hacen ellos sobre tus clases?

- Siempre al final de cada encuentro les pido que digan una palabra sobre cómo se sintieron o qué percibieron. A veces es más de una palabra. Ese ida y vuelta me sirve para saber qué necesitan y pensar cómo seguir.

- Haceme un ranking de los mejores bailarines.

- Por su impronta, ganas y disponibilidad, Cacho se lleva el puesto número uno. Después Aidé, que siempre está muy predispuesta para bailar. En general, todos tienen mucha actitud. Bety también, que empezó diciendo que no iba a hacer ciertas cosas y terminó haciendo su propio proceso. Y por último, aunque no baila, Carlos me parece un gran bailarín y personaje por su manera de compartir la clase, proponer canciones y grabar a sus compañeros.